Año 1910, Hermigua. Reacciones y ayudas ante la catástrofe.

Hermigua

En los últimos días del año 1910, los periódicos ofrecen diversas noticias que hacen referencia al temporal que asoló Canarias por las fechas de Navidades, sus consecuencias y daños ocasionados.

En Hermigua, la catástrofe, así la denominó la prensa, además de las numerosas víctimas mortales y heridas, también  produjo muchos daños; casas afectadas o caídas, cultivos arrasados y huertas, caminos y puentes destruidos; pérdidas materiales que un informe técnico realizado por un ingeniero agrónomo  valoró en 700.000 pesetas.

En esta situación desastrosa de aquél ámbito local, desde que se tuvo conocimiento de la tragedia, y aquí el silbo cumplió su función tradicional de transmisor de noticias, destacar la intervención del Alcalde junto a otros vecinos en los primeros auxilios a las personas afectadas por el derrumbe del inmueble dónde se habían refugiado.

El Alcalde también informó y solicitó socorro al Gobernador de la Provincia, el General Eulate, y aunque la actuación de este cargo público y otros ámbitos del Gobierno fue cuestionable, sin embargo, al conocerse la tragedia, si actuaron con más diligencia y solidaridad otras instituciones, entidades y asociaciones de Tenerife, organizando y enviando ayuda.

De esta forma, en estos primeros momentos, contribuyeron con sus donaciones:

Diputación Provincial: 500 pesetas.

Cruz Roja: 100 pesetas.

El Círculo de Amistad XII de Enero: 100 pesetas.

D. Adolfo Cabrera Pinto, Director del Instituto General y Técnico de La Laguna, en nombre del colegio: 100 pesetas.

A  su vez, en la sesión de Pleno del Ayuntamiento de Santa Cruz, día 28 de diciembre, se acuerda que, en su viaje para ayudar en Hermigua, el Concejal Sr. Mandillo entregue 2000 pesetas en nombre del Ayuntamiento, y que dé cuenta de los socorros que prepara el pueblo de la ciudad (“El Progreso”, 29- 12- 1910).

En cumplimiento de esta decisión, en la noche del 28, al concejal teniente alcalde Esteban Mandillo le acompaña una comisión del citado Ayuntamiento, y en el vapor “Tenerife” también viajó el médico D. José Naveiras y el practicante D. Juan Benítez, llevando recursos para los damnificados.

Mientras tanto, el Gobernador Civil ha dispuesto que marche a la Gomera su delegado, el Sr. Ripoll, y también el ingeniero jefe agronómico de la región, el Sr. Francisco Menéndez. Asimismo, “ha autorizado al Alcalde de esta capital para que organice y celebre todos los actos públicos que estime conveniente, en beneficio de aquellos damnificados” (“La Opinión”, 28-12-1910).

El periódico “La Prensa” (31-12-1910) destaca el recibimiento y acogida que se hace en Hermigua a la comisión del Ayuntamiento capitalino:

“Acudieron á recibirles las autoridades y numeroso público.

Esta visita ha producido gratísima impresión en todo el pueblo, reanimando el decaído espíritu de estos habitantes consternados por la terrible y pavorosa desgracia. (…). La comisión trasladóse inmediatamente á los lugares dónde ocurrió la catástrofe, visitando á todos los heridos.

Estos lloraban, besando las manos del médico Sr. Naveiras y del practicante Sr. Benítez.

Desarrolláronse escenas desgarradoras, que conmovieron á todos los presentes. El vecindario daba vivas á Santa Cruz de Tenerife.

Las aclamaciones del pueblo eran incesantes. Todos lloraban de emoción.

Estos habitantes no saben cómo agradecer la filantropía de la capital de la provincia y encárganme transmita su gratitud á ese benéfico pueblo, al Ayuntamiento, Diputación, Círculo de Amistad XII de Enero y Sras. De la Cruz Rojas por sus valiosos y espontáneos donativos.

Estos han sido entregados á las autoridades locales, las cuales han constituido una junta de defensa”.

Por su parte, el Alcalde de Hermigua también envió diversos telegramas para agradecer las ayudas y donativos recibidos.

En las noticias ofrecidas por los periódicos, en el caso de esta catástrofe, para hacer referencia a las ayudas se utiliza la expresión “caridad”; y es que, en esa época, todavía se estaba muy lejos de disponibilidad de presupuestos y normas y leyes democráticas que se implantarían muchas décadas después para “intervenciones” del Estado, por el interés general y, especialmente, las que se realizan para proteger y mejorar la vida de las personas más necesitadas.

En este sentido, las muy deficientes intervenciones de las Instituciones y Administraciones Públicas del Estado para este tipo de situaciones, quedan reflejadas en el contenido de un telegrama del Gobernador al Ministro, según noticia publicada en “La Opinión” (30-12-1910):

“El General Eulate, además de trasladar al Gobierno de S. M. los anteriores telegramas, ha dicho respectuosamente (sic.) al Ministro de la Gobernación, que aunque cuenta espléndidamente con la caridad pública, ésta, ante la magnitud de la catástrofe, es insuficiente para aliviar tan grandes desastres, y suplica, muy encarecidamente, el auxilio material de los altos poderes públicos”.

Por otra parte, el siguiente texto de un artículo en “El Progreso” (28- 12-1910) es relevante en esta perspectiva de cuestionar la falta de intervención del Gobernador y el Gobierno del Estado: 

“Según nuestros informes, que consideramos absolutamente fidedignos, las nobles gestiones del General Eulate cerca del Gobierno para que acudiera, como era su deber, en socorro de los damnificados de la Gomera han caído en el indiferentismo plutócrata como era natural que cayeran: fríamente. El Gobierno – nos referimos siempre á nuestras noticias-  no dará nada para los desgraciados que han perdido sus cosechas y su derecho á la vida, para las familias que hoy lloran muertes trágicas… Dicese que está agotado el presupuesto de calamidades. (…). Todas estas cosas que pasan son naturales, lógicas consecuencias del régimen y del clericalismo, que pregonan una caridad de altar muy poco en armonia con aquella otra que predicara Jesús de Nazaret…

Si el Gobierno no acude en socorro de los damnificados, si oficialmente no puede hacerse mas que encogerse de hombros y telegrafiar dando el pésame, es necesario que nosotros, caritativos, altruistas, hagamos algo en favor de los hermanos heridos por la fatalidad”.

Sin embargo, mientras estos hechos luctuosos acontecían en Hermigua,  el periódico  “La Gaceta de Tenerife” (29-12-1910), en la misma página que ofrece datos sobre esta tragedia gomera, se hace eco de una actividad  real de divertimento palaciego, en la por entonces muy alejada capital del reino:

“Baile de  Palacio. (…). Hermoso y brillante resultó el baile celebrado anoche en Palacio.

Acudieron  á él cinco mil invitados.

Los salones de baile del regio Alcázar presentaban un deslumbrante aspecto.

Las damas lucían lujosísimos atavíos. A la una de la madrugada terminó la fiesta bailándose el rigodón de honor.

D. Alfonso bailó con la esposa del embajador de Inglaterra haciendo bis con la reina Doña Victoria el embajador de Austria.

El Infante D. Fernando hacia pareja con la esposa del presidente del Consejo de ministros, la infanta doña Isabel con el embajador de Inglaterra y la infanta María Teresa con el señor Canalejas.

Un inmenso gentío acudió á la plaza de Oriente á presenciar la entrada y la salida de los invitados”.

Para concluir, observando esta última referencia y, especialmente, esta última frase sobre determinados comportamientos irrazonables de la gente del pueblo, dado que, nada de responsabilidad, empatía y compromiso social se podría esperar de aquellas elites de gobierno y realezas de la Restauración borbónica, resalto aquí la coherencia humanista y solidaridad de personas, instituciones y entes sociales que intervinieron para ayudar a las personas víctimas de aquella catástrofe sucedida en Hermigua.

Año 1910, Hermigua. Tragedia en la Navidad.

La noticia que vamos a recordar no es ninguna inocentada, sino, la gran tragedia ocurrida la noche del sábado 24 de diciembre del año 1910.

Hermigua.

Mientras un fuerte temporal descargaba viento y lluvia torrencial sobre la isla, un grupo de unas cuarenta personas de la zona del “Lomo de San Pedro”, en el “Valle de Arriba”, ante el pánico que producía la tormenta y las debilidades de sus viviendas, se fueron a refugiar en una casa propiedad del comerciante Domingo Herrera; en un inmueble que a priori consideraron más seguro.

Sin embargo, con el impacto de la tormenta, la casa se derrumbó, matando a veintiuna personas y dejando gravemente heridas a otras seis.

En días posteriores, periódicos de Tenerife ofrecieron noticias sobre esta catástrofe. Entre estas, a continuación comparto contenido publicado el día 28 de diciembre en “La Prensa”:

 “Uno de los sitios más castigados por la tormenta fué el llamado “Valle de Arriba”, donde tenía instalado su establecimiento el honrado industrial D. Domingo Herrera.

La casa hallábase situada en la vertiente de una ladera, en el sitio conocido por “Alameda de los Alamos”. La vivienda, que parecía de sólida construcción, había sido edificada hace unos doce años; era de un solo piso y en sus inmediaciones, en lo alto de la ladera, hállanse unas pequeñas casas.

Los moradores de éstas, en vista de las alarmantes proporcionas del temporal, refugiáronse en la casa del Sr. Herrera.

En pocos momentos congregáronse allí unas cuarenta personas, en su mayoría mujeres y niños.

Cuando todas las familias comarcanas hallábanse reunidas en la casa, prodújose la terrible hecatombe que sembró el espanto y la muerte entre aquellos infelices.

La casa hundióse momentáneamente, sepultando entre los escombros á 27 personas.

De ellas salváronse únicamente seis, que se hallan gravemente heridas.

Imposible describir el horroroso cuadro que se ofreció á la vista de los primeros que acudieron al lugar de la desgracia.

Los ayes de los moribundos y los gritos de los supervivientes oíanse á larga distancia.

Inmediatamente, de un lado á otro del Valle los campesinos con su silbo, apagado por el ruido del vendabal, comunicábanse la noticia de tan horrorosa y espeluznante tragedia.

Desde los primeros momentos el Alcalde y el Juzgado, auxiliados por algunos vecinos, trabajaron sin descanso, haciendo excavaciones entre el montón de escombros para extraer los cadáveres, los cuales fueron identificados.

En estos instantes desarrolláronse escenas tremendamente horrorosas, que nos resistimos á relatar porque el terror sigue apoderado de nuestro espíritu y perdura en nuestra mente la visión de tan inmensa é increíble calamidad.

Perecieron en la catástrofe las siguientes personas:

Francisca García, de 40 años, casada, y sus 5 hijos María, José, Francisca, Siverio y Vicente Medina, todos menores de 20 años. El padre de estos desgraciados, Gabriel Medina, hállase ausente en Cuba.

Afligida Perdomo Morales, de 42 años, y sus 4 hijos Eugenia, Antonia, Gabriel y Domingo Piñero, también menores de 20 años, y cuyo padre se halla igualmente ausente en América.

Juana García, hermana de Francisca, de 45 años, y sus hijos Hildebrando, de 12 años, Feliciana, de 10 y Juan, de 5.

Antonia, Quiteria, José y Concepción Cabrera Paz, de 10 á 20 años, hijos de Agustín Cabrera y Manuela Paz.

Francisco Plasencia Navarro, de 15 años.

Quiteria González García, de 5, y Catalina Paz García, de 10 años.

Además, hállanse gravemente heridas Encarnación Perdomo Morales, de 50 años, su hija Dolores, de 20; Josefa Trujillo López, de 55 años, cuñada del dueño de la venta Domingo Herrera; Tomasa Morales, de 70 años, María Paz, de 50, y María Navarro, madre del muerto Francisco Plasencia.

Todos vivían en elLomo de San Pedro.

Desconócense las demás personas que han sufrido lesiones”.

PIDIENDO SOCORRO.

Ante este desgraciado suceso, el Alcalde del pueblo, D. Alberto Trujillo, telegrafió al Gobernador para informarle de la catástrofe y  pedirle socorro.

Desde el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, se enviaron medios y personas para prestar ayuda; entre ellas un médico municipal, un practicante y un ingeniero agrónomo.

A su vez, se ofrecieron muestras de apoyo desde otras instituciones de Tenerife, y se enviaron donativos y comenzaron a promover actos benéficos para ayudar a las víctimas.

En este contexto, fue muy significativa la intervención y comportamiento del Gobernador; eso sí, ¡brillando por su ausencia! En este sentido, leemos en el citado periódico que:

“…El Ayuntamiento enviará un importante donativo. Además se están organizando actos benéficos. El gobierno, en cambio, no ha dicho todavía una sola palabra. Creerá, acaso, que lo más urgente es cobrar las contribuciones. ¡Delicioso país!”.

Porque, además de la falta de ayuda del Gobernador de la Provincia, el General Eulate, mientras el pueblo de Hermigua sufría las horribles consecuencias de la tragedia y atendía a las víctimas, el Recaudador de contribuciones, un tal Pereira, seguía ejecutando la cobranza de los débitos; hecho que produjo mucha indignación en la vecindad.

Es más, en días posteriores, mientras en Tenerife se organizaban actos solidarios para ayudar a Hermigua y su gente, no hay noticias que demuestren que el Gobernador dispusiera ayuda directamente, ni viajara a la isla; salvo solicitar y recibir informes y  remitirlos al Gobierno del Estado.

Por lo tanto, el Gobernador, General Eulate, se desentendió de la situación.

Posiblemente, estaba muy ocupado en otros asuntos de su interés en aquella época de la Restauración y  sistema político caciquil, infravalorando con ello los informes y solicitud de ayuda del Alcalde de Hermigua, que también requirió su presencia en La Gomera, como consta la reseña de un telegrama publicada en “La Gaceta de Tenerife” (31-12-1910):

“Asi mismo á última hora telegrafía el Alcalde de Hermigua al Sr. Gobernador, pidiéndole asista personalmente á aquel pueblo para que pueda apreciar mejor los daños causados. (Nosotros creemos lo mismo)”.

A su vez, el siguiente texto publicado en “El Tiempo” (31-12-1910) refleja la ausencia del Gobernador y la opinión del corresponsal al respecto:

“¿Por qué no viene Eulate?

Los gomeros todos, unanimemente, se lamentan de que el Gobernador civil Sr Eulate no haya venido á ver los pueblos dagnificados, conforme á lo que en telegrama de ayer comuniqué á ese diario.

Se confía en que el Sr, Enlate llegue aquí de un momento a otro, pues no pueden convencerse de que el representante en estas peñas del poder gubernamental, abandone á los desgraciados en momentos tan calamitosos y mande solo á un inspector de policía.

Urge que persona de tan buenos sentimientos y tan digna como la actual primera autoridad civil de la provincia, se convenza por si propia de la magnitud de tan horrible catástrofe. Corresponsal”.

Como adelantábamos al principio, aunque los inocentes son tantos que hasta se ha dispuesto un día en el santoral para homenajearlos, la noticia aquí recordada no ha sido ninguna inocentada, sino una gran tragedia, poco recordada en las MEMORIAS DE LA GOMERA, a diferencia de otros hechos que se tienen más presente.

Portal viviente. Vallehermoso año 1969.

Vallehermoso, Gomera, navidades del año 1969.

El escenario del portal viviente de las Navidades del año 1969 se distribuyó de forma que facilitara la representación, para que, según se narraba el contenido, un foco de luz iluminara la escena, mientras los otros espacios permanecían a oscuras hasta que el guión conllevaba la iluminación de todo el escenario.

Algo que ahora parecería muy sencillo, no lo era tanto en aquella época, dada la falta de recursos tecnológicos; recordemos que todavía existían muchos hogares sin luz eléctrica.

A este respecto, fue muy importante la colaboración de personas que en el pueblo realizaban un curso del PPO (formación ocupacional) de la rama de electricidad.

En las imágenes que aquí se comparten, además de niñas y niños en sus papeles de angelitos, figuran en el escenario Ramón Luis Méndez, Mabel Mora, Pablo González (padre), Doly Carrillo y Julio Goya.

Navidades del año 1969 en Vallehermoso.

En Vallehermoso (Gomera), para los actos de Navidad del año 1969 el cura Pablo Fermín Batista Quintero organizó un Portal Viviente.

Para ello, se montó un gran escenario abierto situado en los inmuebles adyacentes a la Plaza de la Iglesia de Vallehermoso; especialmente, se utilizó el balcón y frente de la casa de doña Catalina, que aceptó de buen agrado que su domicilio se convirtiera por momentos en un trasiego de “actores” y niños ilusionados.En el libro “Memorias de Vallehermoso” se relatan detalles de esta actividad, en la que

Participaron muchas personas del pueblo representando diversos papeles de personajes bíblicos, y los actos causaron gran expectación (incluida noticia en periódico). Esa iniciativa y metodología fue posteriormente aplicada en otros lugares por impulso de otros párrocos que le solicitaban a Pablo Fermín el contenido del formato.

En las imágenes, detalles del escenario, personajes de los profetas y otras personas interviniendo durante la actuación.

Playa de Santiago (Gomera), realidades y memorias.

Unos 50 años separan las imágenes obtenidas en estas dos fotos. Una capturada a finales de la década de los sesenta (en blanco y negro); la otra (color) obtenida a finales de la pasada década.

Con el artefacto de una cámara de fotos, en un instante del tiempo, se puede capturar el corte transversal de la realidad observada en el espacio.

Ahora bien, la imagen obtenida es también interpretable, previo análisis del contexto y los detalles observados en la foto, y esto hace de estos objetos una herramienta muy importante para comparar las realidades sociales y cambios acontecidos en el espacio.

Inauguración campo de fútbol de Vallehermoso, Gomera.

Parece que fue ayer, sin embargo, han transcurrido más de treinta años.

El nuevo espacio deportivo se construyó dónde antes existían unas huertas de cultivo de plataneras, y un paredón de altura considerable (se observa a la izquierda en la foto) que los adolescentes y jóvenes se retaban a saltar, cual rito de paso para socialmente demostrar valentía y considerarse mayor.

En la imagen adjunta, deportistas de Vallehermoso el día de la inauguración (año 1989) de este “Campo de Fútbol La Mancha”:

Primera fila: Jorge Suárez, Rodrigo Morales, Pepe Moreno, Pepito Raya, Olegario Marichal, Toño Palmero, Juan Emilio Martín, Pedro Rodríguez, Francisco Fagundo; Domingo Padrón, Miguel Ángel Amaya, Francisco García, Salvador Palmero y Antonio Darias.

De pie: Luis Hernández, Tanagua Hernández, Pepe Darias, Carmelo Chinea, Jesús Armas, Cheico Rodríguez, Manuel Luis León, Antonio Ramis, José Ramón Herrera, Emilio Palmero, Tito Morales, Tito Coello, José Manuel Marichal, Andrés Raya y Antonio Morales.

Beatriz de Bobadilla gobernó el Cabildo de Tenerife.

Salvo algún caso de sustitución puntual en algún Pleno, o nuevo dato que aparezca y se contraste, esta mujer es la única que ha ejercido de Gobernadora o Presidenta del Cabildo de Tenerife; el de tiempos antiguos o el de épocas más recientes.

Este hecho esta demostrado en documentos y contenidos de «Acuerdos del Cabildo de Tenerife» (Serra Ráfols, 1949). Por ejemplo, el 28 de julio de 1502 preside el citado Cabildo:

“Este dicho día entraron en Cabildo la señora doña Beatris de Bovadilla, en nonbre del señor Governador e Pedro de Vergara, alcalde mayor, e Fernando de Llerena e Cristóbal d’ Espyno e Guillén Castellano e Mexía, regidores, e Jayme Joven e Alonso d’ Alcaraz e Francisco de Medina, vecinos de la dicha ysla, que ende se fallaron. (…)”.

A su vez, existen otras referencias que confirman la presencia de Beatriz de Bobadilla en ese cargo, entre julio de 1502 y junio de 1503, hasta el regreso de su esposo, Alonso Fernández de Lugo, de la costa del continente africano.

Beatriz, viuda de Hernán Peraza y Señora de La Gomera, y Alonso, conquistador y Gobernador de Tenerife, se habían casado un día de mayo o junio del año 1498, y cuando Alonso se ausentó para realizar tareas de conquista en “Berbería”, traspasó a su mujer la jurisdicción de su cargo en Tenerife, aún con el desagrado de Regidores del Cabildo.

En Beatriz y Alonso habían coincidido intereses personales sobre situaciones respectivas en el ejercicio del poder, para que, además de supuestas relaciones emocionales y sentimentales, acordaran su matrimonio que beneficiaba a ambos personajes.

Dada esta situación, y la influencia de otras circunstancias, acontece que, en aquél contexto histórico de principios del S. XVI, la Señora de La Gomera, Beatriz de Bobadilla, ejerce durante aproximadamente un año como Gobernadora de Tenerife y preside su Cabildo.

Denominaciones Taso y Tazo.

En manuscritos antiguos consta la forma “Taso”, vocablo que estaría relacionado con otros de la lengua del pueblo Amazigh, en el norte de África. Posteriormente, aparece la forma “Tazo” y fue convertida en la denominación oficial de este pago, situado en la zona de “las Bandas” (Chijeré, Arguamul, Tazo y Alojera), en el  Municipio de Vallehermoso.

A este respecto, también hay que considerar que el lenguaje hablado fue antes que la escritura y, en este sentido, la población de la zona pronuncia “Taso” en vez de “Tazo”.

Por otra parte, existen referencias históricas (modo hipótesis) recordando que: por Taso desembarcaron en el S. XIV los primeros europeos llegados a Gomera; la ermita de Santa Lucía es considerada la construcción religiosa más antigua en la isla, y en la que se hizo la primera misa; fue lugar de penetración evangelizadora; y la existencia de ruinas de una casa llamada Obispal, que había sido habitada por un prelado.     

A su vez, datos recopilados en el S. XVII (1680), reflejan que en Taso existían tres casas y vivían veinte personas, que disponían de algunas manadas de cabras y ovejas, de unas treinta y quince cabezas respectivamente.

En el S. XVIII (1774), en Taso vivían siete vecinos; y más hacia la costa, en Cubaba, vivían otros tres vecinos. Si tomamos como media 4`6 personas por “vecino”, resultaría una población total de unas 46 personas.

En esa época, se cultivaban hortalizas, y existían cuatro manadas de cabras y dos de ovejas, de unas veinte cabezas cada una; también doce reses vacunas, dos o tres asnos y varias colmenas. Se criaba seda y se recogía “garapo” (guarapo) de las muchas palmeras que pueblan este espacio, y que, asimismo, eran fuente de otros recursos naturales muy utilizados en la vida cotidiana (artesanía, alimentación de animales, etc.).

En la “Cueva Encantada” a veces entraban cabras para resguardarse de temporales, y después se perdían en su interior.

En el S. XX, en el pago de Tazo persisten las actividades agropecuarias de subsistencia, mientras, en algunas parcelas se producían cultivos de tomates para la exportación. La tenencia de la tierra ha estado caracterizada por la concentración en pocos titulares y, a su vez, por la dependencia de la mayoría de la población a un sistema de medianería y relaciones socioeconómicas semifeudales, sujetas al capricho e intereses de los más pudientes.

Actualmente, la festividad religiosa de Santa Lucía (13 de diciembre) continúa teniendo mucha devoción entre la población, y a su ermita acuden muchas personas a rendirle culto y en busca de cumplir sus promesas, acompañadas del sonido ancestral de tambores y chácaras.

FUENTE DE LA FOTO:

La imagen adjunta ha sido un regalo personal del fotógrafo aficionado Carlos Hernández, “Nani”.

Desmadre, piratería y saqueo de San Sebastián de la Gomera en el S. XVI.

En la segunda mitad del Quinientos, la Villa de San Sebastián (Gomera) tenía el mejor “puerto» natural de Canarias, y acogía a barcos que hacían la ruta de las “Indias Occidentales y Orientales».

En esa época, no existían fortificaciones para la defensa, la población era escasa para ejercer resistencia, y piratas, corsarios y flotas enemigas acudían y tenían las puertas abiertas para refugiarse, avituallar, descansar y solazarse antes de continuar con sus rapiñas en la mar.

En estas prácticas de acogida al bandidaje y sus desmadres, el Conde Diego de Ayala y Rojas, esplendido anfitrión con su política permisiva, además de evitar “disgustos» y violencia, hacía buen negocio y obtenía beneficios con el tráfico de productos de avituallamiento y artículos de importación intercambiados con los “pacíficos” personajes que visitaban la isla.

Para ello, el Conde Diego “organizaba banquetes, conciertos, bailes y mascaradas» (Bethencourt Massieu, 1968), de tal forma que La Villa destacaba en cuanto «el ambiente social y festivo en que se movía la sociedad isleña del siglo XVI, que sabía vencer el estrecho recinto apropiado para un tedio prolongado y secular, para adaptarse a una vida alegre, fastuosa, de bailes y mascaradas, que nunca pudimos imaginar en el San Sebastián de la Gomera de aquella época” (Rumeu de Armas, 1947- 1950).

Asimismo, en esas visitas, además de la presencia de luteranos y calvinistas, destacó el arribo de Jacques Sores y su jolgorio con los dirigentes locales, pocos días después de capturar y asesinar a los “cuarenta mártires de Tazacorte”; escándalo que produjo la consiguiente reacción y clamor de autoridades políticas y el clero de Canarias, quejándose ante el monarca y la Inquisición, que conllevó la apertura de un proceso informativo y procedimientos contra el Conde y otras personas.

A su vez, añadiendo otro eslabón en la cadena de hechos truculentos, el corsario Jacques de Capdeville, conocedor de La Villa por anteriores visitas, en el año 1571 la asaltó con su escuadra; saqueándola, quemándola y matando muchas personas.

Estos acontecimientos, y otras situaciones que tenían en vilo a la desdichada población de la isla, fueron motivos para que en la Corte de Felipe II y el Consejo de Castilla impulsaran un proyecto de incorporación de La Gomera a la Corona. Aunque, este será tema que, para recordar, reseñaré en otra ocasión.

En la Gomera, llegada de soldados repatriados de Cuba.

En este post comparto una referencia a dos hechos interrelacionados; especialmente, en sus contradicciones y diferencias en cuanto al trato a las personas.

Primero, veamos la noticia publicada en el “Diario de Tenerife”, de fecha 25 de julio del año 1889:

“Un soldado de la Gomera, que llegó hace algún tiempo repatriado de la Isla de Cuba y que accidentalmente se halla ahora en esta capital, nos ha manifestado deseos de que hagamos público su agradecimiento y el de sus compañeros á la Asociación de La Cruz Roja en general y particularmente al Sr. D. Vicente Cabrera Lemus, subdelegado de la Asociación en la Gomera, por las atenciones y auxilios que de una y otro han recibido.

Dicenos que habían llegado de aquella isla Domingo Hernández Mendez (sargento), Enrique Díaz Hernández, Eliseo Santos y Policarpo Barrera García, de Vallehermoso; Rosendo Sánchez Mesa, Antonio Martín y Gregorio Rodríguez García, de Agulo; y Francisco Medina Díaz, de Hermigua. A todos les proporcionó el Sr. Cabrera Lemus, alojamiento y comida, y abonó de su peculio particular todos estos gastos y los que ocasionó la traslación de cada uno de ellos á sus respectivos pueblos”.

A este respecto, la noticia reseña la llegada de soldados que regresaban de la guerra de Cuba, a la que fueron para defender los intereses de “la patria”; mejor dicho, para intentar preservar los intereses específicos de una minoría elitista y clasista de la metrópolis, y sus negocios instalados en una isla caribeña situada a miles de kilómetros de distancia.

Soldados que, a su llegada a Gomera, fueron recibidos por una persona representante de una institución social altruista como es la “Cruz Roja”. Porque, del contenido de la noticia se puede interpretar que las Instituciones Administrativas Gubernamentales, que los enviaron a la guerra, se olvidaron de sus necesidades vitales y esenciales cuando regresaron a la isla.

Por otra parte, observada la imagen adjunta, refleja el recibimiento dispensado en Agulo al ministro Galo Ponte, acogido y arropado por personas de la elite dirigente local e insular, y sus acompañantes, en la segunda década del siglo veinte durante la Dictadura de Primo de Rivera.

Por lo tanto, observado los datos, aún en sus respectivos contextos, considero que contenido del texto e imagen expresan aspectos que forman parte del mismo “campo social” de aquellos tiempos de finales del S. XIX y primeras dos décadas del S. XX: las desigualdades e injusticias sociales.

Fuente de la imagen: Archivo General Insular de La Gomera.