El Lagar de Los Orovales.

Anaga. Tenerife.

Este histórico lagar tradicional de viga de madera, situado en una preciosa y espectacular zona dónde los «Roques de Anaga» ofrecen su belleza y referencia natural y simbólica, está actualmente inutilizado, abandonado y en proceso de deterioro, aunque mantiene la edificación complementaria con muros de piedra, así como el revestimiento de cal en las paredes de “la gareta” y “la tina”, espacios excavados en la tosca dónde se pisaba, prensaba la uva y se recogía el mosto.

Junto a la entrada se encuentra «la piedra” de cientos de kilos y aún se mantiene «la viga”, otras maderas que la sostenían y herrajes para sujetarlas.

La uva “forastera gomera” y de otras variedades que se pisaban en este lagar producían excelentes mostos.

Agatha Christie en el Puerto de La Cruz.

En esta localidad del norte de Tenerife existe una escultura que recuerda la estancia de esta famosa escritora inglesa; autora que más libros ha vendido a lo largo de la historia, según registro del libro Guinness de los Récords.

El texto de la placa reseña que, en el año 1927, esta famosa maestra de la intriga se inspiró en este lugar para escribir su novela “El enigmático míster Quinn” (1930).

La Gomera, año 1605. Contrato para aprender el oficio de zapatero.

A la profesora e investigadora gomera señora Gloria Díaz Padilla debemos la recuperación de muchos antecedentes e información sobre la historia de esta isla.

El texto abajo entrecomillado consta en un documento notarial que, realizado en la Villa de San Sebastián de La Gomera en abril de 1605, contiene un “contrato de aprendizaje” en el que, además de los datos sobre el compromiso de condiciones y obligaciones mutuas, a su vez se pueden extraer algunas curiosidades.

Por ejemplo:

En aquella época existía la categoría laboral “oficial de pedrero”.

La hija de Antonio Hernández no llevaba el apellido de su padre, sino, Antúnez, quizás el apellido de su marido.

La necesidad de aprender un oficio; posiblemente, no sólo para sustentarse, sino, también como medio de movilidad ascendente en la estructura y jerarquía social, dado que, como consta, el alguacil mayor de la isla, Julio César Romano, era zapatero.

Existían tiendas de zapateros, y se realizaba trabajo a jornal.

La importancia del juramento.

Observado estos detalles, a continuación el texto del documento:

1605, abril, 5. Villa de San Sebastián de La Gomera.

4. Antonio Hernández, oficial de pedrero, vº de La Gomera, dice que por fallecimiento de su hija –María Antúnez- y del marido quedó como administrador de Pedro, Antonio y Matías, y aunque aquéllos no dejaron bienes, para que aprendan un oficio y puedan sustentarse, entrega a Pedro, uno de sus nietos, a Julio César Romano, alguacil mayor de la isla, por espacio de cinco años desde la fecha de esta carta, para que le enseñe el oficio de zapatero de la forma que él lo sabe hacer. De manera que finalizado el tiempo pueda trabajar en cualquier tienda de zapatero y ganar un jornal.

Acabado el aprendizaje, Julio Cesar se obliga a darle una esportilla con lo necesario para usar el oficio, excepto las formas, y un vestido que valga 100 rs. o esta cantidad en contado; asimismo le dará de comer, beber, vestir, calzar, y todo lo que buenamente le sea menester como tal aprendiz; a cambio éste le ha de servir como tal.

Si durante el plazo estipulado el aprendiz cayese enfermo o se ausentase de su compañía, los días que deje de servir los ha de cumplir sólo con el juramento, sin que sea menester otra prueba, y si se fuese lo puede mandar a buscar a su costa, descontándoselos de los 100 rs. El otorgante se obliga a no aprovecharse de cosa alguna, y Romano se compromete a que si cumplido el tiempo el referido Pedro no fuese aún hábil en el oficio, le pagará el jornal que pudiese ganar en cualquier tienda sabiendo el oficio. Ts. Hernandianes, Francisco Espíndola y Juan de Jerez, vs. De la isla.- Julio César Romano.- Antonio Fernández. Leg. 71, fº 4 vto.

FUENTES

– Del texto: Gloria Díaz Padilla, en “Strenae Emmanvelae Marrero Oblatae” (1993).

– De la imagen: San Sebastián, en Archivo General Insular de La Gomera.

Suceso relevante en la Playa de Hermigua.

En este lugar ocurrió un hecho que tuvo especial trascendencia para La Gomera, su población nativa y el devenir histórico de la isla.

En su traslado hacia La Palma, al objeto de conquistarla, el militar castellano Juan Rejón desembarcó con su familia en la «Playa de Santa Catalina», Hermigua.

Hernán Peraza “el joven”, heredero de los invasores europeos “Señores” de la isla, enemistado con Rejón, cuando fue informado de la presencia de éste conquistador en la citada playa ordenó fueran a prenderle,…o asesinarle; porque, aunque el joven e imprudente Peraza después alegara que no era su intención que lo mataran, para ese entonces ya había demostrado tener mucha ruindad y comportarse de forma muy cruel.

La realidad constatada es que, aunque se defendió de quienes lo fueron a prender, Juan Rejón fue muerto por sus atacantes en Hermigua; su mujer denunció este hecho en la Corte de los Reyes de Castilla-Aragón dónde Hernán Peraza fue llamado para rendir cuentas; allí fue absuelto a cambio de cumplir algunos compromisos, que incluían casarse con Beatriz de Bobadilla y, a su regreso a las islas, acudir con indígenas gomeros a ayudar en la conquista de Gran Canaria.

Caldera de Ocadila.

Anaga. Tenerife.

Desde el “Mirador de Aguaide”, sobre el vertiginoso acantilado de la costa noreste del Municipio de San Cristóbal de La Laguna.

Disfrutar de la naturaleza salvaje de este precioso lugar, en unos veinte minutos bien vale darse un paseo desde el caserío de Chinamada por el sendero que lleva hasta el citado mirador.

Abajo, la “Caldera de Ocadila”, de construcción volcánica en un macizo montañoso modelado por las erupciones de hace millones de años y afectado por la erosión.

En la costa, la mar bravía choca y rebosa de forma violenta sobre los riscos de La “Playa de Ocadila” y contra la baja y “Punta de Adar”.

Sugiero, en éste lugar, no se salga fuera del lugar acotado por el muro de piedras y la valla de protección del mirador; no corra riesgos innecesarios para retratarse o hacer una foto, porque puede resultar muy peligroso.

Molinos de agua en La Gomera.

Los molinos de agua eran infraestructuras dónde “la molienda” de granos tostados se convertía en “gofio”, hasta no hace mucho el principal producto de alimentación de la sociedad gomera, desde la época que los aborígenes lo utilizaban como base del sustento cotidiano.

El último de los molinos de agua que funcionó en esta isla fue el “Molino de los Vera”, ubicado en Pastrana (Barranco de Santiago), que paró su actividad el año 1998.

A continuación, el número de molinos por municipios y zonas.

AGULO: 12 molinos.

Meriga: 1

Cerpa: 3

La Palmita: 5

El Molino: 2

Las Rosas: 1

ALAJERÓ: 2 molinos.

Guarimiar: 1

El Frenito: 1

HERMIGUA: 35 molinos.

Barranco Monforte: 12

Lomo de San Pedro: 2

El Estanquillo: 1

Barranco de Lo Machado: 1

Hermigua: 2

Hacienda el Molino: 1

El Castaño: 1

Los Gomeros: 1

El Molino: 1

Las Monjas: 1

El Cedro: 8

Barranco de Liria: 4

SAN SEBASTIÁN: 11 molinos.

La Laja: 7

Benchijigua: 2

Lo del Gato: 1

Pastrana: 1

VALLE GRAN REY: 21 molinos.

Taguluche: 2

Arure: 3

Guadá: 4

Los Pedreros: 1

Los Rodaderos: 1

Los Paredones: 2

Lomo del Guindo: 1

La Calera: 6

Borbalán: 1

VALLEHERMOSO: 38 molinos.

El Carmen: 3

Banda de las Rosas: 3

El Lomito: 6

Pérez: 1

La Rosa de las Piedras: 4

Los Chapines: 5

La Asomada del Tanque: 2

Triana: 1

La Vegueta: 1

La Calzada: 1

Macayo: 2

Tazo: 2

Alojera: 2

Erque: 3

Erquito: 2

TOTAL MOLINOS EN LA GOMERA: 119.

La mayoría de estos molinos han desaparecidos por diversas causas; de otros sólo quedan sus ruinas, en algunos se ha transformado su estructura para otros usos y varios se han conservado, como se apunta en el croquis adjunto.

A este respecto, hacemos especial referencia al famoso y trágico temporal de la noche del 30 al 31 de octubre de 1941, suceso en el que fallecieron 12 personas en la isla, y desaparecieron muchos de estos molinos arrastrados por el agua; al menos 10 en Vallehermoso y 7 en Hermigua.

José Hernández Negrín (1886-1955) poeta popular de Valle Gran Rey, compuso unas décimas sobre “el temporal del 41”, con versos dónde hace referencia a los molinos:

Desaparecieron tiendas,

talleres y los molinos,

altares, santos divinos

y ricos campos de hacienda.

Muchas casas de vivienda

fueron desaparecidas,

y hasta las huellas perdidas

de donde fueron fundadas;

otras fueron derrumbadas

y en escombros convertidas.

FUENTE DE DATOS

– De los datos y croquis: libro “Molinos de agua en La Gomera” (2003), del investigador Francisco Aguilar Ferraz.

– De la imagen: “Piedra de molino en Guadá”. FEDAC, 1983.

Molinos de agua en Guimar.

El “Molino de La Menora”, del que sólo se conserva el “cubo”, se encuentra ubicado en el barrio de “La Hoya”, también conocido como de “La Raya”, situado a la derecha del “Barranco del Luchón”.

En este sitio también se observan algunas cuevas en las paredes rocosas del margen derecho del cauce; cavidades ahora con desplomes que, posiblemente, fueron utilizadas por los guanches, y en esa perspectiva apunta la denominación del lugar (auchon).

Por otra parte, a la izquierda del citado “Barranco del Luchón” se encuentra la “Cuesta de Chacaica”, barrio edificado a ambos lados del antiguo camino de “Las Vistas”, vía que después de subir la montaña y transcurrir a través de la “Caldera de Pedro Gil”, llega a la cumbre por “Las Crucitas” para después bajar hacia el “Valle de La Orotava”.

En el entorno de este enclave poblacional de “Chacaica” se encuentran el “Molino de Arriba” o de “Trasmuros”, el “Molino del Medio” y el “Molino de Abajo”.

Este último molino ha sido restaurado recientemente y se observa el uso y abuso del cemento en su estructura; quizás, distando mucho de los materiales e imagen original, si tomamos como referencia los otros dos molinos cercanos.

Además de las referencias “oficiales” sobre los molinos, obtenidas en la página web del Ayuntamiento de Güimar, agradezco la información trasladada por personas vecinas de esta zona.

Especialmente, las conversaciones mantenidas con D. Emiliano y D. Miguel, vecinos de edades avanzadas con quienes hemos hablado de estas infraestructuras tan importantes en tiempos antiguos y, a su vez, de este entorno y el mundo rural de ahora y de antes.

En dialogo abierto y afable tratamos sobre la agricultura, los tipos de cultivo en esta zona y los de otro lugar en Agache, de dónde procede uno de los vecinos; acerca de las prácticas de antes sobre cultivos de papas y tomates para la exportación, así como de las viñas, vinos y un antiguo lagar de viga de un familiar.

En específico, destacamos los problemas para disponer de agua y su alto precio, situaciones que han sido una constante histórica que influye mucho en la agricultura. También, hemos comentado acerca de la realidad actual de la zona alta, con terrenos en los que antes se cultivaba y ahora están abandonados, mientras son visitados por personas foráneas para disfrutar los días festivos en casas, cuevas y cuartos que se utilizan para esos fines de ocio.

Estos cuatro molinos están declarados Bien de Interés Cultural (BIC), con categoría de “Sitio Etnológico”.

Lavanderas de Chacaica.

En los barrancos del El Río y Badajoz brotaban de forma espontánea las aguas de Güimar hasta principios del S. XVIII.

En la década de 1790, cerca de estos barrancos se han datado los primeros lavaderos.

Sin embargo, debido a la lejanía y esforzado desplazamiento, en el año 1826 se construyó una canalización hasta una fuente pública en el barrio de Chacaica, dónde varias infraestructuras hidráulicas (que incluía varios molinos) convirtieron a este lugar en un importante punto de socialización de la población hasta el último cuarto del S. XX.

Fuente de la imagen en blanco y negro: “Lavanderas de Chacaica”, 1910-1915. Colección José A. Pérez Cruz. FEDAC.

Chinamada.

Anaga. Tenerife.

Este caserío está situado a 600 metros de altitud, entre los barrancos de la Angostura y el del Tomadero, y los caseríos de Las Carboneras, El Batán y Punta del Hidalgo.

Su nombre se asocia a los usos del pastoreo, y significa mi tierra pequeña o las tierras del pastor.

Asentamiento rural dónde destaca el tradicional hábitat de “casas- cuevas”, pertenece a la comarca de “Las Montañas”, Anaga, en el Municipio de San Cristóbal de La Laguna.

Su denominación original aparece en las “datas” de Tenerife en una inscripción por la cual Alonso Fernández de Lugo, conquistador y Gobernador de Tenerife, hace reparto de tierra de sequero en “Chinamada” a favor de Francisco Haro vecino de la Gomera.

Las citadas “datas” también han dejado constancia de repartos a favor de indígenas gomeros; solares, cuevas, fuentes y tierras (las de peor calidad) en Teno, La Laguna, Tegueste y, especialmente, en Punta del Hidalgo y otros lugares de Anaga, dónde fueron a convivir con los guanches que aún se mantenían en esta zona.

A este respecto, desde finales del S. XV se conoce la existencia de personas indígenas gomeras en Tenerife. Posiblemente, habían llegado a esta isla regresando de la Península Ibérica, dónde habían sido vendidas en diversos mercados de esclavos y posteriormente liberadas por mandato real, previa denuncia de obispo de Canarias.

A su vez, la toponimia y otras denominaciones en Anaga recuerda su presencia en este territorio, por ejemplo: “Pico de los gomeros”, “Charco de la gomera”, “…la fuente de los gomeros” y “…la tierra de los gomeros”.

LA ERMITA.

Comenzó a construirse en el año 1988 y la emplazaron dentro de una “era” para trillar propiedad de la familia herederos de D. Ramón Ramos.

Este vecino, D. Ramón Ramos, vivía en una “casa-cueva” situada junto al comienzo del camino que baja desde Chinamada a La Punta del Hidalgo. Según cuentan quienes lo conocieron bien, este señor era una persona generosa, y todo vecino o caminante que pasaba junto a su casa era invitado a reponer fuerzas antes de continuar el camino.

Un día, en casa de D. Ramón Ramos, se juega una partida de envite; entre los jugadores se encontraba el Sr. Interventor del Ayuntamiento de La Laguna, al que le gustaba visitar Las Montañas; este funcionario, le sugirió a D. Ramón Ramos hacer una ermita para poner en ella una imagen de San Ramón, y se ofreció a gestionar ayudas para los materiales. Desde ese momento, D. Ramón Ramos se compromete a promover la construcción de la ermita.

Pasado algún tiempo, la asociación de vecinos del lugar asume la iniciativa de la construcción de la ermita; la obra se comienza en julio de 1988, para lo cual se cargaron los materiales a hombros por el camino desde Las Carboneras.

La nueva edificación religiosa se inauguró en julio de 1990, y el santo allí asignado fue “San Ramón Nonato”, dada la coincidencia de la fecha de nacimiento del citado santo y el de D. Ramón Ramos.

La imagen y la campana de la ermita fueron donadas por el matrimonio formado entre la Sra. Clemencia Ramos Rodríguez, hija de D. Ramón Ramos, y D. Julián Fernández Ramos, que por esa época regentaban el Restaurante de La Cruz del Carmen.

LA PISTA DE ACCESO.

Desde su enlace con la carretera en el pueblo de Las Carboneras, la pista que lleva a este caserío se comenzó a construir en abril de 1990, llegó a Chinamada en diciembre de 1991 y se inauguró en abril de 1992.

La construcción de esta pista produjo mucha polémica y manifestaciones expresadas entre, de una parte, personas y asociaciones conservacionistas; por otra, vecinos y promotores institucionales de gobierno. Los medios de comunicación dejaron constancia en sus noticias sobre los contenidos de este conflicto.

Además, entre las personas partidarios de hacer la pista surgieron discrepancias por la elección del recorrido, dado que, ante  los diversos intereses respecto al acceso a los terrenos de cultivo y propiedades rurales, también se barajó la alternativa de ejecutar el proyecto siguiendo la “Pista de la Cordillera” en el valle de Los Batanes, aunque al final se decidió la trayectoria actual.

El presupuesto de la pista fue de 12.500.000 pesetas; el 25% lo aportó el Ayuntamiento de S. Cristóbal de La Laguna; el 35% lo aportó el Cabildo de Tenerife; y los vecinos, a través de su asociación, aportaron el 40%.

En la imagen adjunta, realizada con el montaje de dos fotos que tomé personalmente en sus respectivos momentos, se puede observar los cambios acontecidos en este emblemático y bonito caserío de “Las Montañas”, que forma parte de la «Reserva de la Biosfera de Anaga».

La leyenda de la guancha en La Gomera.

La Gomera desde Los Cristianos.

Un supuesto que encontramos en diversas referencias trata de personas de los pueblos indígenas de Canarias que navegaron entre islas.

Este es el caso de la reseña realizada por el insigne médico e investigador Juan Bethencourt Alfonso (San Miguel de Abona, 1847- 1913) expuesta en el texto literal (1) que a continuación compartimos:

Cuentan que una joven de la nobleza del tagoro de Archaha, reino de Adeje, llamada Guilda, en vísperas de casarse murió repentinamente su prometido y pasado algún tiempo descubrió con horror que era madre.

Desesperada, porque según la ley la arrojarían viva al mar, confióse a un ´siervo pescador`, y convinieron en que la única probabilidad de salvación era ganar la isla de La Gomera sobre una balsa de foles o zurrones.

Todo preparado, una noche de tiempo favorable embarcó con gran sigilo por la playa de Troya, no sin ofrecer a su cómplice de que haría una gran hoguera si lograba escapar, pues creían que la Gomera, Palma y Hierro estaban deshabitadas desde la catástrofe, porque nunca vieron fuego en ellas.

Por primera vez se vio a la siguiente noche brillar una luz en La Gomera, dando testimonio de que la fugitiva había abordado la isla.

Al año, acompañada de su esposo, retornó Guilga a Tenerife en otra balsa de foles para ver a su familia. Fue muy festejada y perdonada porque se salvó del mar.

Pero lo más curioso de dicha tradición tinerfeña es que se completa con otra que hemos recogido en La Gomera.

Existe en esta isla, cerca de San Sebastián, la aún llamada Playa de la guancha, porque en tiempos muy remotos apareció por allí una joven de Tenerife embarcada en zurrones.

El acontecimiento conmovió la isla, y llevada ante el rey contó sus desventuras y la causa que le obligó a huir de su tierra: añadiendo que no esperaba encontrar gente porque nunca habían visto fuego. Como los indígenas ignoraban el modo de obtenerlo, les enseñó frotando dos trozos de madera; y fue tal el entusiasmo que el príncipe la tomó por esposa prohijando el ser que llevaba en las entrañas.

Pasado algún tiempo los esposos fueron a Tenerife, saltando por la Aguja de Teno.

(1): Juan Bethencourt Alfonso, “Historia del pueblo guanche”, 1991.