Portal viviente. Vallehermoso año 1969.

Vallehermoso, Gomera, navidades del año 1969.

El escenario del portal viviente de las Navidades del año 1969 se distribuyó de forma que facilitara la representación, para que, según se narraba el contenido, un foco de luz iluminara la escena, mientras los otros espacios permanecían a oscuras hasta que el guión conllevaba la iluminación de todo el escenario.

Algo que ahora parecería muy sencillo, no lo era tanto en aquella época, dada la falta de recursos tecnológicos; recordemos que todavía existían muchos hogares sin luz eléctrica.

A este respecto, fue muy importante la colaboración de personas que en el pueblo realizaban un curso del PPO (formación ocupacional) de la rama de electricidad.

En las imágenes que aquí se comparten, además de niñas y niños en sus papeles de angelitos, figuran en el escenario Ramón Luis Méndez, Mabel Mora, Pablo González (padre), Doly Carrillo y Julio Goya.

Navidades del año 1969 en Vallehermoso.

En Vallehermoso (Gomera), para los actos de Navidad del año 1969 el cura Pablo Fermín Batista Quintero organizó un Portal Viviente.

Para ello, se montó un gran escenario abierto situado en los inmuebles adyacentes a la Plaza de la Iglesia de Vallehermoso; especialmente, se utilizó el balcón y frente de la casa de doña Catalina, que aceptó de buen agrado que su domicilio se convirtiera por momentos en un trasiego de “actores” y niños ilusionados.En el libro “Memorias de Vallehermoso” se relatan detalles de esta actividad, en la que

Participaron muchas personas del pueblo representando diversos papeles de personajes bíblicos, y los actos causaron gran expectación (incluida noticia en periódico). Esa iniciativa y metodología fue posteriormente aplicada en otros lugares por impulso de otros párrocos que le solicitaban a Pablo Fermín el contenido del formato.

En las imágenes, detalles del escenario, personajes de los profetas y otras personas interviniendo durante la actuación.

Playa de Santiago (Gomera), realidades y memorias.

Unos 50 años separan las imágenes obtenidas en estas dos fotos. Una capturada a finales de la década de los sesenta (en blanco y negro); la otra (color) obtenida a finales de la pasada década.

Con el artefacto de una cámara de fotos, en un instante del tiempo, se puede capturar el corte transversal de la realidad observada en el espacio.

Ahora bien, la imagen obtenida es también interpretable, previo análisis del contexto y los detalles observados en la foto, y esto hace de estos objetos una herramienta muy importante para comparar las realidades sociales y cambios acontecidos en el espacio.

Inauguración campo de fútbol de Vallehermoso, Gomera.

Parece que fue ayer, sin embargo, han transcurrido más de treinta años.

El nuevo espacio deportivo se construyó dónde antes existían unas huertas de cultivo de plataneras, y un paredón de altura considerable (se observa a la izquierda en la foto) que los adolescentes y jóvenes se retaban a saltar, cual rito de paso para socialmente demostrar valentía y considerarse mayor.

En la imagen adjunta, deportistas de Vallehermoso el día de la inauguración (año 1989) de este “Campo de Fútbol La Mancha”:

Primera fila: Jorge Suárez, Rodrigo Morales, Pepe Moreno, Pepito Raya, Olegario Marichal, Toño Palmero, Juan Emilio Martín, Pedro Rodríguez, Francisco Fagundo; Domingo Padrón, Miguel Ángel Amaya, Francisco García, Salvador Palmero y Antonio Darias.

De pie: Luis Hernández, Tanagua Hernández, Pepe Darias, Carmelo Chinea, Jesús Armas, Cheico Rodríguez, Manuel Luis León, Antonio Ramis, José Ramón Herrera, Emilio Palmero, Tito Morales, Tito Coello, José Manuel Marichal, Andrés Raya y Antonio Morales.

Denominaciones Taso y Tazo.

En manuscritos antiguos consta la forma “Taso”, vocablo que estaría relacionado con otros de la lengua del pueblo Amazigh, en el norte de África. Posteriormente, aparece la forma “Tazo” y fue convertida en la denominación oficial de este pago, situado en la zona de “las Bandas” (Chijeré, Arguamul, Tazo y Alojera), en el  Municipio de Vallehermoso.

A este respecto, también hay que considerar que el lenguaje hablado fue antes que la escritura y, en este sentido, la población de la zona pronuncia “Taso” en vez de “Tazo”.

Por otra parte, existen referencias históricas (modo hipótesis) recordando que: por Taso desembarcaron en el S. XIV los primeros europeos llegados a Gomera; la ermita de Santa Lucía es considerada la construcción religiosa más antigua en la isla, y en la que se hizo la primera misa; fue lugar de penetración evangelizadora; y la existencia de ruinas de una casa llamada Obispal, que había sido habitada por un prelado.     

A su vez, datos recopilados en el S. XVII (1680), reflejan que en Taso existían tres casas y vivían veinte personas, que disponían de algunas manadas de cabras y ovejas, de unas treinta y quince cabezas respectivamente.

En el S. XVIII (1774), en Taso vivían siete vecinos; y más hacia la costa, en Cubaba, vivían otros tres vecinos. Si tomamos como media 4`6 personas por “vecino”, resultaría una población total de unas 46 personas.

En esa época, se cultivaban hortalizas, y existían cuatro manadas de cabras y dos de ovejas, de unas veinte cabezas cada una; también doce reses vacunas, dos o tres asnos y varias colmenas. Se criaba seda y se recogía “garapo” (guarapo) de las muchas palmeras que pueblan este espacio, y que, asimismo, eran fuente de otros recursos naturales muy utilizados en la vida cotidiana (artesanía, alimentación de animales, etc.).

En la “Cueva Encantada” a veces entraban cabras para resguardarse de temporales, y después se perdían en su interior.

En el S. XX, en el pago de Tazo persisten las actividades agropecuarias de subsistencia, mientras, en algunas parcelas se producían cultivos de tomates para la exportación. La tenencia de la tierra ha estado caracterizada por la concentración en pocos titulares y, a su vez, por la dependencia de la mayoría de la población a un sistema de medianería y relaciones socioeconómicas semifeudales, sujetas al capricho e intereses de los más pudientes.

Actualmente, la festividad religiosa de Santa Lucía (13 de diciembre) continúa teniendo mucha devoción entre la población, y a su ermita acuden muchas personas a rendirle culto y en busca de cumplir sus promesas, acompañadas del sonido ancestral de tambores y chácaras.

FUENTE DE LA FOTO:

La imagen adjunta ha sido un regalo personal del fotógrafo aficionado Carlos Hernández, “Nani”.

Desmadre, piratería y saqueo de San Sebastián de la Gomera en el S. XVI.

En la segunda mitad del Quinientos, la Villa de San Sebastián (Gomera) tenía el mejor “puerto» natural de Canarias, y acogía a barcos que hacían la ruta de las “Indias Occidentales y Orientales».

En esa época, no existían fortificaciones para la defensa, la población era escasa para ejercer resistencia, y piratas, corsarios y flotas enemigas acudían y tenían las puertas abiertas para refugiarse, avituallar, descansar y solazarse antes de continuar con sus rapiñas en la mar.

En estas prácticas de acogida al bandidaje y sus desmadres, el Conde Diego de Ayala y Rojas, esplendido anfitrión con su política permisiva, además de evitar “disgustos» y violencia, hacía buen negocio y obtenía beneficios con el tráfico de productos de avituallamiento y artículos de importación intercambiados con los “pacíficos” personajes que visitaban la isla.

Para ello, el Conde Diego “organizaba banquetes, conciertos, bailes y mascaradas» (Bethencourt Massieu, 1968), de tal forma que La Villa destacaba en cuanto «el ambiente social y festivo en que se movía la sociedad isleña del siglo XVI, que sabía vencer el estrecho recinto apropiado para un tedio prolongado y secular, para adaptarse a una vida alegre, fastuosa, de bailes y mascaradas, que nunca pudimos imaginar en el San Sebastián de la Gomera de aquella época” (Rumeu de Armas, 1947- 1950).

Asimismo, en esas visitas, además de la presencia de luteranos y calvinistas, destacó el arribo de Jacques Sores y su jolgorio con los dirigentes locales, pocos días después de capturar y asesinar a los “cuarenta mártires de Tazacorte”; escándalo que produjo la consiguiente reacción y clamor de autoridades políticas y el clero de Canarias, quejándose ante el monarca y la Inquisición, que conllevó la apertura de un proceso informativo y procedimientos contra el Conde y otras personas.

A su vez, añadiendo otro eslabón en la cadena de hechos truculentos, el corsario Jacques de Capdeville, conocedor de La Villa por anteriores visitas, en el año 1571 la asaltó con su escuadra; saqueándola, quemándola y matando muchas personas.

Estos acontecimientos, y otras situaciones que tenían en vilo a la desdichada población de la isla, fueron motivos para que en la Corte de Felipe II y el Consejo de Castilla impulsaran un proyecto de incorporación de La Gomera a la Corona. Aunque, este será tema que, para recordar, reseñaré en otra ocasión.

En la Gomera, llegada de soldados repatriados de Cuba.

En este post comparto una referencia a dos hechos interrelacionados; especialmente, en sus contradicciones y diferencias en cuanto al trato a las personas.

Primero, veamos la noticia publicada en el “Diario de Tenerife”, de fecha 25 de julio del año 1889:

“Un soldado de la Gomera, que llegó hace algún tiempo repatriado de la Isla de Cuba y que accidentalmente se halla ahora en esta capital, nos ha manifestado deseos de que hagamos público su agradecimiento y el de sus compañeros á la Asociación de La Cruz Roja en general y particularmente al Sr. D. Vicente Cabrera Lemus, subdelegado de la Asociación en la Gomera, por las atenciones y auxilios que de una y otro han recibido.

Dicenos que habían llegado de aquella isla Domingo Hernández Mendez (sargento), Enrique Díaz Hernández, Eliseo Santos y Policarpo Barrera García, de Vallehermoso; Rosendo Sánchez Mesa, Antonio Martín y Gregorio Rodríguez García, de Agulo; y Francisco Medina Díaz, de Hermigua. A todos les proporcionó el Sr. Cabrera Lemus, alojamiento y comida, y abonó de su peculio particular todos estos gastos y los que ocasionó la traslación de cada uno de ellos á sus respectivos pueblos”.

A este respecto, la noticia reseña la llegada de soldados que regresaban de la guerra de Cuba, a la que fueron para defender los intereses de “la patria”; mejor dicho, para intentar preservar los intereses específicos de una minoría elitista y clasista de la metrópolis, y sus negocios instalados en una isla caribeña situada a miles de kilómetros de distancia.

Soldados que, a su llegada a Gomera, fueron recibidos por una persona representante de una institución social altruista como es la “Cruz Roja”. Porque, del contenido de la noticia se puede interpretar que las Instituciones Administrativas Gubernamentales, que los enviaron a la guerra, se olvidaron de sus necesidades vitales y esenciales cuando regresaron a la isla.

Por otra parte, observada la imagen adjunta, refleja el recibimiento dispensado en Agulo al ministro Galo Ponte, acogido y arropado por personas de la elite dirigente local e insular, y sus acompañantes, en la segunda década del siglo veinte durante la Dictadura de Primo de Rivera.

Por lo tanto, observado los datos, aún en sus respectivos contextos, considero que contenido del texto e imagen expresan aspectos que forman parte del mismo “campo social” de aquellos tiempos de finales del S. XIX y primeras dos décadas del S. XX: las desigualdades e injusticias sociales.

Fuente de la imagen: Archivo General Insular de La Gomera.

El ámbar y la codicia del Conde.

Ámbar

El “ámbar gris” es una sustancia que procede de los intestinos del cachalote y dada la presencia de estos grandes animales marinos, era frecuente, mucho más que en la actualidad, encontrarla en las playas de Canarias.

Esta materia orgánica fue muy valorada en el pasado, y se utilizaba para elaborar productos de farmacología y cosmética; de tal forma que, quién la encontrara, disponía de un valioso tesoro.

Antonio Viana la cito en sus versos, por ejemplo: “Sus riberas y margines marítimas, enriquezían por diversas partes, hermoseando en la dorada arena, las pellas finas de preciosos ámbares”[1].

A este respecto, Alejandro Cioranescu  recuerda que:

“Uno de los productos canarios más preciados en la época que siguió a la conquista, fue el ámbar que se encontraba alguna vez en las playas de las islas, y sobre todo en la de Tenerife. Se trata del ámbar gris, secreción orgánica de los cetáceos”[2].

Ante estas cualidades, el ámbar era un botín muy valorado por los europeos en sus razias esclavistas y expoliadores por las costas del continente africano, como refleja el siguiente texto en Marín de Cubas: “…onde Diego de Herrera los esperaba, y a pocos días fueron a tierra firme de Africa onde hisieron presa de muchos Arabes, ganados, oro plata, ambar, que rovaron ciertos pueblos de Moros y Judios que vivian descuidados,…”[3].

Acerca de estas prácticas de rapiña, también Rumeu de Armas apunta que: “Las presas que en las correrías se hiciesen, ansi moros e moras como otras cualesquier cosas, ansi ganados e alimañas, como oro, plata, ámbar, alcatifes e otras cosas que se ovieren e tomaren, habían de conducirse a Las Palmas, en cuya ciudad se haría la conveniente división y entrega”[4].

Este historiador, también relata que, en su visita del año 1617 para aprovisionarse en Gomera, el pirata inglés Walter Raleigh la utilizó para, en su galantería interesada, obsequiar a  doña María van Dalle, van de Werbe, Coquiel y Schets, que así se llamaba la esposa de Diego de Guzmán, condesa (provisional) de la isla, y admiradora del personaje inglés: “…despidiéndose el 30 de septiembre con un nuevo obsequio para la «condesa», consistente en dos onzas de ámbar gris, una onza de extracto de ámbar, un gran frasco de agua de rosas de su propia elaboración…”[5].

El ámbar también fue utilizado como dote en bodas (al menos en la de referencia): “…y fiestas á Diego de Silva, y le fué entregada su esposa doña Maria de Ayala Sarmiento con mucho oro, esclavos moros, y moras esclavas con mucho ambar para su servicio,…»[6].

Por otra parte, la toponimia en algunos lugares de la costa de Canarias hace referencia a este material. Por ejemplo, Puerta Canseco en su “Descripción geográfica de las Islas Canarias” (1897) menciona el “Roque del ámbar” en Lanzarote; y en la cartografía actual se localiza la existencia de la “Playa del ámbar” en la citada isla así como  en Gran Canaria. Incluso, actualmente, existe algún hotel que en su nombre también hace mención al ámbar.

Para completar esta breve exposición sobre el ámbar, en el siguiente contenido  expuesto por Gaspar Fructuoso se refleja un típico comportamiento “señorial”, ejemplo de la codicia y desvergüenza con que los condes de la Gomera se apropiaban de toda clase de productos de la isla, engañando y expoliando a sus habitantes:

“La costa es toda de una roca rojiza, pelada y desprovista de árboles por el N NO y el E NE; en estas partes se da mucho pan, aunque no tenga agua, si no es una fuente en S. José y un gran arenal a la entrada de la punta, donde un isleño halló una vez un tan grande [ 77 ] montón de ámbar, que pudiera hacer ricos a todos los de la isla, si para esto fuese.

Parece que conoció mal lo que era, aun creyendo que era cosa buena; descubrióse a quien lo dijo al conde D. Alfonso de Ayala, padre del que ahora es, el cual, en cuanto lo supo, fue con gente de su casa a donde había escondido el ámbar el ‘sieño medio portugués, diciéndole que era suyo, y casi por fuerza lo tomó, que dicen que era más de un gran cuarto.

Cuando el conde lo tuvo en mano, trató de contentar al isleño con halagos y alguna cosa que le dio, diciéndole que si aquello fuese cosa buena, le haría hombre, con tal que se callase y que nadie lo supiese. Y el isleño le descubrió que todavía tenía un saco lleno en’ su casa, que llevaría yendo con él a España, y lo obtuvo el conde so color de ir todo en una pipa, que declararía ser de azúcar.

 Con todo se fue a España, dejando al isleño, y allá se aprovechó del ámbar, que vendió por millares de cruzados, con los que pagó grandes deudas que tenía en la isla, pues era amisto de la corte y tenía muchos hijos, de ellos algunos bastardos. Cuando supo esto el isleño, fue a dar con él y le requirió que le pagase, pues de lo contrario se lo haría saber al Emperador, y por esto satisfizo el conde al pobre isleño, que se contentó con lo que le dio, si es así, como en La Gomera se cuenta” [7].


[1] Antonio de Viana, “La Conquista de Tenerife”, edición 1968

[2] Viana, idem, en nota de Alejandro Cioranescu.

[3] Tomás Arias Marín de Cubas, “Historia de las siete islas de Canaria” (1694), edición de 1986.

[4] Antonio Rumeu de Armas, “Piraterías y ataques navales contra las Islas Canarias”, Tomo II, 1ª parte.

[5] Rumeu de Armas, idem, Tomo III, 1ª parte.

[6] Abreu Galindo, “Historia de la conquista de las siete islas de Gran Canaria” (1632), edición de 1848.

[7] Gaspar Fructuoso, “Las Islas Canarias”. Instituto de Estudios Canarios, 1964.

Año 1901, la miseria reina en Gomera y Lanzarote.

Ante esta espantosa situación de miseria, para recaudar fondos de ayuda, senadores y diputados canarios en Madrid promueven una fiesta benéfica en el Parque El Retiro.

En aquélla época, bajo el dominio del caciquismo explotador y sus representantes políticos, brillaban por su ausencia las políticas económicas y sociales que conllevaran iniciativas de justicia social e igualdad. Es más, hasta debían adularle a sus majestades y su corte de señorías apesebradas para que asistieran a la gala benéfica.

Alegoría de la «Leyenda de Gara y Jonay».

La “Leyenda de Gara y Jonay” fue representada la noche del 23 de junio del año 1969 en Vallehermoso (Gomera).

En la escenificación de aquella actividad, entre otras alegorías, escenas y actores, destacó la interpretación realizada por Pedro Eloy Trujillo y Gloria Carrillo dando vida a la leyenda, mientras el locutor Paco Álvarez narraba el contenido, y el público asistente contemplaba, disfrutaba y participaba de la emoción y sentimientos que impregnaba y transmitía aquel acto cultural.

A este respecto, aunque no se hayan encontrado referencias escritas antiguas ni vestigios arqueológicos sobre realidades tangibles, sin embargo, lo que cuenta esta leyenda constituye un hecho social histórico, en cuanto ha sido transmitida de generación en generación por la tradición oral y forma parte de la realidad compartida en el imaginario social de muchas personas.

A su vez, la leyenda se ha convertido en una realidad tangible, porque ha dado nombre a la montaña emblemática del Garajonay, y la denominación del Parque Nacional, que incluye el espacio natural que la circunda.