La Gomera, año 1605. Contrato para aprender el oficio de zapatero.

A la profesora e investigadora gomera señora Gloria Díaz Padilla debemos la recuperación de muchos antecedentes e información sobre la historia de esta isla.

El texto abajo entrecomillado consta en un documento notarial que, realizado en la Villa de San Sebastián de La Gomera en abril de 1605, contiene un “contrato de aprendizaje” en el que, además de los datos sobre el compromiso de condiciones y obligaciones mutuas, a su vez se pueden extraer algunas curiosidades.

Por ejemplo:

En aquella época existía la categoría laboral “oficial de pedrero”.

La hija de Antonio Hernández no llevaba el apellido de su padre, sino, Antúnez, quizás el apellido de su marido.

La necesidad de aprender un oficio; posiblemente, no sólo para sustentarse, sino, también como medio de movilidad ascendente en la estructura y jerarquía social, dado que, como consta, el alguacil mayor de la isla, Julio César Romano, era zapatero.

Existían tiendas de zapateros, y se realizaba trabajo a jornal.

La importancia del juramento.

Observado estos detalles, a continuación el texto del documento:

1605, abril, 5. Villa de San Sebastián de La Gomera.

4. Antonio Hernández, oficial de pedrero, vº de La Gomera, dice que por fallecimiento de su hija –María Antúnez- y del marido quedó como administrador de Pedro, Antonio y Matías, y aunque aquéllos no dejaron bienes, para que aprendan un oficio y puedan sustentarse, entrega a Pedro, uno de sus nietos, a Julio César Romano, alguacil mayor de la isla, por espacio de cinco años desde la fecha de esta carta, para que le enseñe el oficio de zapatero de la forma que él lo sabe hacer. De manera que finalizado el tiempo pueda trabajar en cualquier tienda de zapatero y ganar un jornal.

Acabado el aprendizaje, Julio Cesar se obliga a darle una esportilla con lo necesario para usar el oficio, excepto las formas, y un vestido que valga 100 rs. o esta cantidad en contado; asimismo le dará de comer, beber, vestir, calzar, y todo lo que buenamente le sea menester como tal aprendiz; a cambio éste le ha de servir como tal.

Si durante el plazo estipulado el aprendiz cayese enfermo o se ausentase de su compañía, los días que deje de servir los ha de cumplir sólo con el juramento, sin que sea menester otra prueba, y si se fuese lo puede mandar a buscar a su costa, descontándoselos de los 100 rs. El otorgante se obliga a no aprovecharse de cosa alguna, y Romano se compromete a que si cumplido el tiempo el referido Pedro no fuese aún hábil en el oficio, le pagará el jornal que pudiese ganar en cualquier tienda sabiendo el oficio. Ts. Hernandianes, Francisco Espíndola y Juan de Jerez, vs. De la isla.- Julio César Romano.- Antonio Fernández. Leg. 71, fº 4 vto.

FUENTES

– Del texto: Gloria Díaz Padilla, en “Strenae Emmanvelae Marrero Oblatae” (1993).

– De la imagen: San Sebastián, en Archivo General Insular de La Gomera.

Suceso relevante en la Playa de Hermigua.

En este lugar ocurrió un hecho que tuvo especial trascendencia para La Gomera, su población nativa y el devenir histórico de la isla.

En su traslado hacia La Palma, al objeto de conquistarla, el militar castellano Juan Rejón desembarcó con su familia en la «Playa de Santa Catalina», Hermigua.

Hernán Peraza “el joven”, heredero de los invasores europeos “Señores” de la isla, enemistado con Rejón, cuando fue informado de la presencia de éste conquistador en la citada playa ordenó fueran a prenderle,…o asesinarle; porque, aunque el joven e imprudente Peraza después alegara que no era su intención que lo mataran, para ese entonces ya había demostrado tener mucha ruindad y comportarse de forma muy cruel.

La realidad constatada es que, aunque se defendió de quienes lo fueron a prender, Juan Rejón fue muerto por sus atacantes en Hermigua; su mujer denunció este hecho en la Corte de los Reyes de Castilla-Aragón dónde Hernán Peraza fue llamado para rendir cuentas; allí fue absuelto a cambio de cumplir algunos compromisos, que incluían casarse con Beatriz de Bobadilla y, a su regreso a las islas, acudir con indígenas gomeros a ayudar en la conquista de Gran Canaria.

Molinos de agua en La Gomera.

Los molinos de agua eran infraestructuras dónde “la molienda” de granos tostados se convertía en “gofio”, hasta no hace mucho el principal producto de alimentación de la sociedad gomera, desde la época que los aborígenes lo utilizaban como base del sustento cotidiano.

El último de los molinos de agua que funcionó en esta isla fue el “Molino de los Vera”, ubicado en Pastrana (Barranco de Santiago), que paró su actividad el año 1998.

A continuación, el número de molinos por municipios y zonas.

AGULO: 12 molinos.

Meriga: 1

Cerpa: 3

La Palmita: 5

El Molino: 2

Las Rosas: 1

ALAJERÓ: 2 molinos.

Guarimiar: 1

El Frenito: 1

HERMIGUA: 35 molinos.

Barranco Monforte: 12

Lomo de San Pedro: 2

El Estanquillo: 1

Barranco de Lo Machado: 1

Hermigua: 2

Hacienda el Molino: 1

El Castaño: 1

Los Gomeros: 1

El Molino: 1

Las Monjas: 1

El Cedro: 8

Barranco de Liria: 4

SAN SEBASTIÁN: 11 molinos.

La Laja: 7

Benchijigua: 2

Lo del Gato: 1

Pastrana: 1

VALLE GRAN REY: 21 molinos.

Taguluche: 2

Arure: 3

Guadá: 4

Los Pedreros: 1

Los Rodaderos: 1

Los Paredones: 2

Lomo del Guindo: 1

La Calera: 6

Borbalán: 1

VALLEHERMOSO: 38 molinos.

El Carmen: 3

Banda de las Rosas: 3

El Lomito: 6

Pérez: 1

La Rosa de las Piedras: 4

Los Chapines: 5

La Asomada del Tanque: 2

Triana: 1

La Vegueta: 1

La Calzada: 1

Macayo: 2

Tazo: 2

Alojera: 2

Erque: 3

Erquito: 2

TOTAL MOLINOS EN LA GOMERA: 119.

La mayoría de estos molinos han desaparecidos por diversas causas; de otros sólo quedan sus ruinas, en algunos se ha transformado su estructura para otros usos y varios se han conservado, como se apunta en el croquis adjunto.

A este respecto, hacemos especial referencia al famoso y trágico temporal de la noche del 30 al 31 de octubre de 1941, suceso en el que fallecieron 12 personas en la isla, y desaparecieron muchos de estos molinos arrastrados por el agua; al menos 10 en Vallehermoso y 7 en Hermigua.

José Hernández Negrín (1886-1955) poeta popular de Valle Gran Rey, compuso unas décimas sobre “el temporal del 41”, con versos dónde hace referencia a los molinos:

Desaparecieron tiendas,

talleres y los molinos,

altares, santos divinos

y ricos campos de hacienda.

Muchas casas de vivienda

fueron desaparecidas,

y hasta las huellas perdidas

de donde fueron fundadas;

otras fueron derrumbadas

y en escombros convertidas.

FUENTE DE DATOS

– De los datos y croquis: libro “Molinos de agua en La Gomera” (2003), del investigador Francisco Aguilar Ferraz.

– De la imagen: “Piedra de molino en Guadá”. FEDAC, 1983.

Lavanderas de Chacaica.

En los barrancos del El Río y Badajoz brotaban de forma espontánea las aguas de Güimar hasta principios del S. XVIII.

En la década de 1790, cerca de estos barrancos se han datado los primeros lavaderos.

Sin embargo, debido a la lejanía y esforzado desplazamiento, en el año 1826 se construyó una canalización hasta una fuente pública en el barrio de Chacaica, dónde varias infraestructuras hidráulicas (que incluía varios molinos) convirtieron a este lugar en un importante punto de socialización de la población hasta el último cuarto del S. XX.

Fuente de la imagen en blanco y negro: “Lavanderas de Chacaica”, 1910-1915. Colección José A. Pérez Cruz. FEDAC.

La leyenda de la guancha en La Gomera.

La Gomera desde Los Cristianos.

Un supuesto que encontramos en diversas referencias trata de personas de los pueblos indígenas de Canarias que navegaron entre islas.

Este es el caso de la reseña realizada por el insigne médico e investigador Juan Bethencourt Alfonso (San Miguel de Abona, 1847- 1913) expuesta en el texto literal (1) que a continuación compartimos:

Cuentan que una joven de la nobleza del tagoro de Archaha, reino de Adeje, llamada Guilda, en vísperas de casarse murió repentinamente su prometido y pasado algún tiempo descubrió con horror que era madre.

Desesperada, porque según la ley la arrojarían viva al mar, confióse a un ´siervo pescador`, y convinieron en que la única probabilidad de salvación era ganar la isla de La Gomera sobre una balsa de foles o zurrones.

Todo preparado, una noche de tiempo favorable embarcó con gran sigilo por la playa de Troya, no sin ofrecer a su cómplice de que haría una gran hoguera si lograba escapar, pues creían que la Gomera, Palma y Hierro estaban deshabitadas desde la catástrofe, porque nunca vieron fuego en ellas.

Por primera vez se vio a la siguiente noche brillar una luz en La Gomera, dando testimonio de que la fugitiva había abordado la isla.

Al año, acompañada de su esposo, retornó Guilga a Tenerife en otra balsa de foles para ver a su familia. Fue muy festejada y perdonada porque se salvó del mar.

Pero lo más curioso de dicha tradición tinerfeña es que se completa con otra que hemos recogido en La Gomera.

Existe en esta isla, cerca de San Sebastián, la aún llamada Playa de la guancha, porque en tiempos muy remotos apareció por allí una joven de Tenerife embarcada en zurrones.

El acontecimiento conmovió la isla, y llevada ante el rey contó sus desventuras y la causa que le obligó a huir de su tierra: añadiendo que no esperaba encontrar gente porque nunca habían visto fuego. Como los indígenas ignoraban el modo de obtenerlo, les enseñó frotando dos trozos de madera; y fue tal el entusiasmo que el príncipe la tomó por esposa prohijando el ser que llevaba en las entrañas.

Pasado algún tiempo los esposos fueron a Tenerife, saltando por la Aguja de Teno.

(1): Juan Bethencourt Alfonso, “Historia del pueblo guanche”, 1991.

La Montaña del Adivino.

La Montaña del Adivino vista desde Jerián.

Situada en un lugar de especial visibilidad y visualidad, desde allí se puede observar un amplio espacio de la isla; entre otras zonas, buena parte del gran valle que está a sus piés, las montañas de La Mérica, La Fortaleza, Alto de Garajonay, la mar y el horizonte.

Esta montaña es simbólica y significativa en la historia y la arqueología de la Gomera. Localizada en una cresta de la cumbre que flanquea Valle Gran Rey por el sur, en el límite de este municipio y el de Vallehermoso, ocupa una posición central entre Ajojar y Teguerguenche, constituyendo una unidad territorial muy importante en el patrimonio arqueológico insular; por sus necrópolis, aras y sitios de manifestaciones mágico-religiosas aborígenes.

Las referencias mencionan que en unas cuevas de este lugar habitaba el indígena Aguamuje, “el adivino” que predijo la llegada por mar de gente extraña,  en “pájaros negros con alas blancas” (barcos) portando enemigos a los que era mejor evitar, huyendo de la costa para en las montañas esconderse en cuevas.

Vista desde el barranco de Valle Gran Rey.

Sin embargo, otras versiones dicen que Aguamuje predijo la llegada por mar de gente pacífica y buena, aconsejando a los gomeros hacerles un buen recibimiento.

De una u otra forma, las referencias sobre Aguamuje aluden a un personaje especial muy respetado, por sus facultades para intermediar con la voluntad divina e interpretar el porvenir, cualidades y reconocimiento que, a su vez, le facultaba para ejercer de consejero o mediador en conflictos sociales.   

La Gomera Rural Tradicional.

Paredones de piedra seca y antigua zona de cultivos en las cercanías del pago de Jerián, Chipude.

Actualmente, existe una perspectiva que observa “La Gomera vaciada”, para analizar y describir situaciones rurales actuales de esta isla.

Sin embargo, tiempo atrás, el contexto, las actividades y ocupaciones en “La Gomera rural tradicional” conllevaban situaciones y especificidades muy cuestionables desde una perspectiva sociológica, que es la que utilizo para observar este y otros temas.

Por ejemplo, en el devenir histórico y socioeconómico de la isla, después de la entrada de europeos y la colonización en el S. XV, la tiranía de los Señores y Condes fue dejando paso al caciquismo de otros propietarios que, en diversas etapas y procesos, se fueron adueñando de espacios, poderes y “fuerza de trabajo” de la población campesina y asalariada que laboraba de sol a sol para sobrevivir.

Las características del territorio gomero han condicionado y determinado las situaciones de vida de la población.

Espacios en laderas y barrancos fueron “sorribados” para abrir “bardos” y levantar paredones de “bancales” dónde practicar agricultura de cultivos para obtener productos de autoconsumo así como de exportación.

También, los recursos de los montes y el agua han sido factores de esencial influencia.

En estos procesos, las élites de la clase social más pudiente se adueñaron de los mejores terrenos de cultivo; mientras la gran mayoría de la población campesina vivía de lo que obtenían de sus cultivos situados en zonas marginales, o del producto obtenido por las medianerías y los salarios recibidos por su duro y esforzado trabajo en propiedades de los terratenientes o “amos”.

Sin embargo, la población era mucha y los recursos pocos, y los que existían muy mal distribuidos, con el resultado de extremas y crónicas desigualdades sociales entre “ricos” y “pobres”.

En este contexto, e intervención de otros muchos factores, la emigración fue una válvula de escape para muchas personas que buscaron mejores formas de vida; para con ello disponer de más oportunidades, recursos y mejores condiciones de igualdad y libertad.

En el S. XX, en 1940 la Gomera tenía una población de 29.788 habitantes; 29.899 en 1950; para 1960 había 30.747 y en 1970 bajó a 22.938 (Istac). Si en la década de los cuarenta emigraron unas 5.000 personas, esta cifra fue muy superada en la década de los sesenta, con unas 12.000 personas que salieron de la isla en busca de nuevos horizontes y objetivos.

Posteriormente, demográficamente la isla tocó fondo el año 1991 con una población de 15.963 habitantes; para ascender a 18.273 en el año 2001 y a 21.680 en el año 2011, en la nueva etapa y contexto de las “Sociedades del capitalismo avanzado” y la progresiva concentración de personas en determinados núcleos urbanizados.

Sucesos de Hermigua.

El 22 de marzo del año 1933, es una fecha de referencia para la historia de la Gomera, dado que, ese día, se produjeron los denominados “Sucesos de Hermigua”.

Grosso modo, comparto aquí algunas notas y percepciones personales para recordar aquellos hechos de tanta relevancia y significado social, para con ello ayudar a mantener la memoria de unos lamentables y dramáticos acontecimientos que tuvieron lugar en este precioso valle del norte de la isla.

En la citada fecha, se había convocado huelga general por la Federación Obrera; acción colectiva que se realizaba en todo el valle motivada por la indiferencia, incomprensión y dejadez del Gobernador Civil y dirigentes políticos, así como por los incumplimientos del acuerdo previo negociado entre representación de trabajadores, Gobierno Civil y empresa contratista para que se ampliara hasta 100 el número de trabajadores en las obras de la carretera del norte.

Hacia el medio día de esa fecha, el cabo de la Guardia Civil de Hermigua se desplaza en una camioneta a buscar refuerzos a Agulo y, al regreso, son interceptados en el Palmarejo por un numeroso grupo de personas que impiden el paso al vehículo con los guardias, para evitar que estos ejerzan acciones de represión contra las personas en huelga.

Hay un tenso diálogo, acciones, se desata la violencia. Cuando los guardias civiles y el agregado multitudinario de la “muchedumbre en tumulto” perpetran los hechos, resultan muertos dos guardias civiles y un trabajador, mientras otras personas también son heridas.

Observados estos datos, más allá de extenderme en el relato de los hechos y profundizar en sus detalles, aquí pretendo hacer un esbozo del caso con unas breves observaciones sobre el contexto y algunos factores que posiblemente influyeron en las actitudes, comportamientos y acciones de las personas que participaron y se vieron envueltas en aquellos sucesos.

En Hermigua, de forma similar a otros pueblos (por ejemplo Vallehermoso), desde principios de siglo había prosperado una economía basada en cultivos de plataneras para la exportación; sin embargo, la gran parte de los rendimientos se la quedaba la élite dominante formada en compadreo por propietarios agrarios, titulares y gestores de empresas y determinados dirigentes políticos; y para hacer cumplir sus deseos y objetivos específicos utilizaban la Guardia Civil para controlar y reprimir a otras personas cuando lo consideraban necesario para proteger sus intereses.

Con la llegada de la II República, en sectores de población extenuada por los abusos de poder, explotación y muy deficientes condiciones de vida se crearon esperanzas de cambio, que no se produjeron con la celeridad esperada; especialmente, dificultados y entorpecidos por las fuerzas reaccionarias conservadoras que pretendían continuar con su poder tradicional y privilegios elitistas.

Mientras los señores y señoritos se enriquecían, vivían con comodidad y disfrutaban sus privilegios a costa del sudor y fuerza de trabajo de otras personas, la gran mayoría de la población malvivía y la clase trabajadora ganaba sueldos de miseria, si es que lograban tener un puesto de trabajo.

Por ejemplo, en las fechas de los sucesos, en las obras de la carretera del norte de la Gomera un trabajador ganaba 3’50 pesetas; mientras en una carretera en Guía de Isora (Tenerife), el 22 de abril del mismo año los trabajadores ganaban 4’50, y promovieron huelga para ganar 5 pesetas.

Por lo tanto, en Hermigua, un municipio con unos 5.700 habitantes (5.664 en el censo del año 1930), en aquella época había muchas personas en desempleo, y las obras de la carretera del norte eran una esperanza para obtenerlo.

Sin embargo, estas expectativas no se cumplieron y se produjo el conflicto colectivo, los sucesos y sus consecuencias.

En el Tribunal militar formado para el juicio de los sucesos, iniciado el 30 de junio de 1934 con gran expectación y trascendencia jurídica y política, entre las 32 personas encausadas se encontraban varias mujeres, a las que especialmente se acusó de promover e incitar a la violencia.

A este respecto, en el contenido del proceso constan como ejemplo determinadas expresiones que mujeres dijeron para motivar a los hombres en huelga mientras impedían el paso a la guardia civil en el Palmarejo; por ejemplo, “si ustedes no saben llevar los pantalones, los llevaremos nosotras”; y, asimismo, hicieron alusiones a que sólo querían tener pan para sus hijos.

En este sentido, percibo que las necesidades y desesperación tendría que ser tan intensa, especialmente en madres que observan y sienten el lloro de un niño de forma incesante por falta de alimentos, o se le muere un hijo por desnutrición, que resulta razonable y humano que las personas se movilicen y actúen con las fuerzas y vías de acción disponibles, para intentar buscar alternativas y cambiar las situaciones y estado de las cosas.

Ahora bien, aunque lo deseable sería que no se produjeran acciones violentas, sin embargo, hay motivaciones y situaciones en que las tensiones y pasiones se desbordan, como en el caso de los sucesos de referencia; especialmente, porque surgieron detonantes que las incendiaron (uso de las armas por los guardias civiles) y, previamente, otros medios pacíficos de acción y negociación colectiva habían sido despreciados y no tomados en cuenta por individuos con poder (Gobernador, políticos y empresario constructor) a los que, según los hechos, poco importaban las situaciones de vida de otras personas necesitadas.

Después del juicio, 5 personas fueron sentenciadas a muerte (sentencias que no se ejecutaron), otras a diversas penas de prisión y varias fueron absueltas.

Cuando en el año 1936, después de celebradas elecciones democráticas, se forma un gobierno de izquierdas, hay una amnistía y estas personas fueron excarceladas. Sin embargo, cuando en julio de ese año se produce el golpe de estado contra la democracia del Estado Republicano, las fuerzas golpistas y falangistas hacen “desaparecer” a personas de Hermigua, entre ellas varias que habían sido encausadas y condenadas por los citados sucesos.  

Hasta aquí, el contenido previsto para compartir en este post, dado que, el modesto objetivo que me propuse no ha sido otro que recordar aquellos muy lamentables “Sucesos de Hermigua” que, como otros en la isla, y en otros lugares, han removido conciencias y ocasionado sufrimiento, tristeza y lágrimas derramadas, y considero conviene tenerlo presente, porque, su memoria puede servirnos para intentar prevenir y evitar sucesos de similar  naturaleza.

IMAGEN: Pescante de Hermigua. FUENTE: Archivo General Insular de la Gomera

Equipo infantil y directiva del C.F. Vallehermoso.

En el campo de fútbol “La Mancha”, integrantes de la directiva y jugadores infantiles del C. F. Vallehermoso, en una foto realizada al menos veinticinco años atrás.

Directiva: Toño Palmero, Luis Negrín, Manolito Ventura, Tito Ramos, Chani Amaro y Pedro Rodríguez.

Entre los jugadores, observo la presencia de Maikel Vera, Aníbal Carmona, Ricardo Coello, Abraham Barroso, Adán Ramos, Jorgito Suárez, Abraham Mesa, Froilán Carmona, Juani Hernández,…