Desmadre, piratería y saqueo de San Sebastián de la Gomera en el S. XVI.

En la segunda mitad del Quinientos, la Villa de San Sebastián (Gomera) tenía el mejor “puerto» natural de Canarias, y acogía a barcos que hacían la ruta de las “Indias Occidentales y Orientales».

En esa época, no existían fortificaciones para la defensa, la población era escasa para ejercer resistencia, y piratas, corsarios y flotas enemigas acudían y tenían las puertas abiertas para refugiarse, avituallar, descansar y solazarse antes de continuar con sus rapiñas en la mar.

En estas prácticas de acogida al bandidaje y sus desmadres, el Conde Diego de Ayala y Rojas, esplendido anfitrión con su política permisiva, además de evitar “disgustos» y violencia, hacía buen negocio y obtenía beneficios con el tráfico de productos de avituallamiento y artículos de importación intercambiados con los “pacíficos” personajes que visitaban la isla.

Para ello, el Conde Diego “organizaba banquetes, conciertos, bailes y mascaradas» (Bethencourt Massieu, 1968), de tal forma que La Villa destacaba en cuanto «el ambiente social y festivo en que se movía la sociedad isleña del siglo XVI, que sabía vencer el estrecho recinto apropiado para un tedio prolongado y secular, para adaptarse a una vida alegre, fastuosa, de bailes y mascaradas, que nunca pudimos imaginar en el San Sebastián de la Gomera de aquella época” (Rumeu de Armas, 1947- 1950).

Asimismo, en esas visitas, además de la presencia de luteranos y calvinistas, destacó el arribo de Jacques Sores y su jolgorio con los dirigentes locales, pocos días después de capturar y asesinar a los “cuarenta mártires de Tazacorte”; escándalo que produjo la consiguiente reacción y clamor de autoridades políticas y el clero de Canarias, quejándose ante el monarca y la Inquisición, que conllevó la apertura de un proceso informativo y procedimientos contra el Conde y otras personas.

A su vez, añadiendo otro eslabón en la cadena de hechos truculentos, el corsario Jacques de Capdeville, conocedor de La Villa por anteriores visitas, en el año 1571 la asaltó con su escuadra; saqueándola, quemándola y matando muchas personas.

Estos acontecimientos, y otras situaciones que tenían en vilo a la desdichada población de la isla, fueron motivos para que en la Corte de Felipe II y el Consejo de Castilla impulsaran un proyecto de incorporación de La Gomera a la Corona. Aunque, este será tema que, para recordar, reseñaré en otra ocasión.

En la Gomera, llegada de soldados repatriados de Cuba.

En este post comparto una referencia a dos hechos interrelacionados; especialmente, en sus contradicciones y diferencias en cuanto al trato a las personas.

Primero, veamos la noticia publicada en el “Diario de Tenerife”, de fecha 25 de julio del año 1889:

“Un soldado de la Gomera, que llegó hace algún tiempo repatriado de la Isla de Cuba y que accidentalmente se halla ahora en esta capital, nos ha manifestado deseos de que hagamos público su agradecimiento y el de sus compañeros á la Asociación de La Cruz Roja en general y particularmente al Sr. D. Vicente Cabrera Lemus, subdelegado de la Asociación en la Gomera, por las atenciones y auxilios que de una y otro han recibido.

Dicenos que habían llegado de aquella isla Domingo Hernández Mendez (sargento), Enrique Díaz Hernández, Eliseo Santos y Policarpo Barrera García, de Vallehermoso; Rosendo Sánchez Mesa, Antonio Martín y Gregorio Rodríguez García, de Agulo; y Francisco Medina Díaz, de Hermigua. A todos les proporcionó el Sr. Cabrera Lemus, alojamiento y comida, y abonó de su peculio particular todos estos gastos y los que ocasionó la traslación de cada uno de ellos á sus respectivos pueblos”.

A este respecto, la noticia reseña la llegada de soldados que regresaban de la guerra de Cuba, a la que fueron para defender los intereses de “la patria”; mejor dicho, para intentar preservar los intereses específicos de una minoría elitista y clasista de la metrópolis, y sus negocios instalados en una isla caribeña situada a miles de kilómetros de distancia.

Soldados que, a su llegada a Gomera, fueron recibidos por una persona representante de una institución social altruista como es la “Cruz Roja”. Porque, del contenido de la noticia se puede interpretar que las Instituciones Administrativas Gubernamentales, que los enviaron a la guerra, se olvidaron de sus necesidades vitales y esenciales cuando regresaron a la isla.

Por otra parte, observada la imagen adjunta, refleja el recibimiento dispensado en Agulo al ministro Galo Ponte, acogido y arropado por personas de la elite dirigente local e insular, y sus acompañantes, en la segunda década del siglo veinte durante la Dictadura de Primo de Rivera.

Por lo tanto, observado los datos, aún en sus respectivos contextos, considero que contenido del texto e imagen expresan aspectos que forman parte del mismo “campo social” de aquellos tiempos de finales del S. XIX y primeras dos décadas del S. XX: las desigualdades e injusticias sociales.

Fuente de la imagen: Archivo General Insular de La Gomera.

El ámbar y la codicia del Conde.

Ámbar

El “ámbar gris” es una sustancia que procede de los intestinos del cachalote y dada la presencia de estos grandes animales marinos, era frecuente, mucho más que en la actualidad, encontrarla en las playas de Canarias.

Esta materia orgánica fue muy valorada en el pasado, y se utilizaba para elaborar productos de farmacología y cosmética; de tal forma que, quién la encontrara, disponía de un valioso tesoro.

Antonio Viana la cito en sus versos, por ejemplo: “Sus riberas y margines marítimas, enriquezían por diversas partes, hermoseando en la dorada arena, las pellas finas de preciosos ámbares”[1].

A este respecto, Alejandro Cioranescu  recuerda que:

“Uno de los productos canarios más preciados en la época que siguió a la conquista, fue el ámbar que se encontraba alguna vez en las playas de las islas, y sobre todo en la de Tenerife. Se trata del ámbar gris, secreción orgánica de los cetáceos”[2].

Ante estas cualidades, el ámbar era un botín muy valorado por los europeos en sus razias esclavistas y expoliadores por las costas del continente africano, como refleja el siguiente texto en Marín de Cubas: “…onde Diego de Herrera los esperaba, y a pocos días fueron a tierra firme de Africa onde hisieron presa de muchos Arabes, ganados, oro plata, ambar, que rovaron ciertos pueblos de Moros y Judios que vivian descuidados,…”[3].

Acerca de estas prácticas de rapiña, también Rumeu de Armas apunta que: “Las presas que en las correrías se hiciesen, ansi moros e moras como otras cualesquier cosas, ansi ganados e alimañas, como oro, plata, ámbar, alcatifes e otras cosas que se ovieren e tomaren, habían de conducirse a Las Palmas, en cuya ciudad se haría la conveniente división y entrega”[4].

Este historiador, también relata que, en su visita del año 1617 para aprovisionarse en Gomera, el pirata inglés Walter Raleigh la utilizó para, en su galantería interesada, obsequiar a  doña María van Dalle, van de Werbe, Coquiel y Schets, que así se llamaba la esposa de Diego de Guzmán, condesa (provisional) de la isla, y admiradora del personaje inglés: “…despidiéndose el 30 de septiembre con un nuevo obsequio para la «condesa», consistente en dos onzas de ámbar gris, una onza de extracto de ámbar, un gran frasco de agua de rosas de su propia elaboración…”[5].

El ámbar también fue utilizado como dote en bodas (al menos en la de referencia): “…y fiestas á Diego de Silva, y le fué entregada su esposa doña Maria de Ayala Sarmiento con mucho oro, esclavos moros, y moras esclavas con mucho ambar para su servicio,…»[6].

Por otra parte, la toponimia en algunos lugares de la costa de Canarias hace referencia a este material. Por ejemplo, Puerta Canseco en su “Descripción geográfica de las Islas Canarias” (1897) menciona el “Roque del ámbar” en Lanzarote; y en la cartografía actual se localiza la existencia de la “Playa del ámbar” en la citada isla así como  en Gran Canaria. Incluso, actualmente, existe algún hotel que en su nombre también hace mención al ámbar.

Para completar esta breve exposición sobre el ámbar, en el siguiente contenido  expuesto por Gaspar Fructuoso se refleja un típico comportamiento “señorial”, ejemplo de la codicia y desvergüenza con que los condes de la Gomera se apropiaban de toda clase de productos de la isla, engañando y expoliando a sus habitantes:

“La costa es toda de una roca rojiza, pelada y desprovista de árboles por el N NO y el E NE; en estas partes se da mucho pan, aunque no tenga agua, si no es una fuente en S. José y un gran arenal a la entrada de la punta, donde un isleño halló una vez un tan grande [ 77 ] montón de ámbar, que pudiera hacer ricos a todos los de la isla, si para esto fuese.

Parece que conoció mal lo que era, aun creyendo que era cosa buena; descubrióse a quien lo dijo al conde D. Alfonso de Ayala, padre del que ahora es, el cual, en cuanto lo supo, fue con gente de su casa a donde había escondido el ámbar el ‘sieño medio portugués, diciéndole que era suyo, y casi por fuerza lo tomó, que dicen que era más de un gran cuarto.

Cuando el conde lo tuvo en mano, trató de contentar al isleño con halagos y alguna cosa que le dio, diciéndole que si aquello fuese cosa buena, le haría hombre, con tal que se callase y que nadie lo supiese. Y el isleño le descubrió que todavía tenía un saco lleno en’ su casa, que llevaría yendo con él a España, y lo obtuvo el conde so color de ir todo en una pipa, que declararía ser de azúcar.

 Con todo se fue a España, dejando al isleño, y allá se aprovechó del ámbar, que vendió por millares de cruzados, con los que pagó grandes deudas que tenía en la isla, pues era amisto de la corte y tenía muchos hijos, de ellos algunos bastardos. Cuando supo esto el isleño, fue a dar con él y le requirió que le pagase, pues de lo contrario se lo haría saber al Emperador, y por esto satisfizo el conde al pobre isleño, que se contentó con lo que le dio, si es así, como en La Gomera se cuenta” [7].


[1] Antonio de Viana, “La Conquista de Tenerife”, edición 1968

[2] Viana, idem, en nota de Alejandro Cioranescu.

[3] Tomás Arias Marín de Cubas, “Historia de las siete islas de Canaria” (1694), edición de 1986.

[4] Antonio Rumeu de Armas, “Piraterías y ataques navales contra las Islas Canarias”, Tomo II, 1ª parte.

[5] Rumeu de Armas, idem, Tomo III, 1ª parte.

[6] Abreu Galindo, “Historia de la conquista de las siete islas de Gran Canaria” (1632), edición de 1848.

[7] Gaspar Fructuoso, “Las Islas Canarias”. Instituto de Estudios Canarios, 1964.

Año 1901, la miseria reina en Gomera y Lanzarote.

Ante esta espantosa situación de miseria, para recaudar fondos de ayuda, senadores y diputados canarios en Madrid promueven una fiesta benéfica en el Parque El Retiro.

En aquélla época, bajo el dominio del caciquismo explotador y sus representantes políticos, brillaban por su ausencia las políticas económicas y sociales que conllevaran iniciativas de justicia social e igualdad. Es más, hasta debían adularle a sus majestades y su corte de señorías apesebradas para que asistieran a la gala benéfica.

Alegoría de la «Leyenda de Gara y Jonay».

La “Leyenda de Gara y Jonay” fue representada la noche del 23 de junio del año 1969 en Vallehermoso (Gomera).

En la escenificación de aquella actividad, entre otras alegorías, escenas y actores, destacó la interpretación realizada por Pedro Eloy Trujillo y Gloria Carrillo dando vida a la leyenda, mientras el locutor Paco Álvarez narraba el contenido, y el público asistente contemplaba, disfrutaba y participaba de la emoción y sentimientos que impregnaba y transmitía aquel acto cultural.

A este respecto, aunque no se hayan encontrado referencias escritas antiguas ni vestigios arqueológicos sobre realidades tangibles, sin embargo, lo que cuenta esta leyenda constituye un hecho social histórico, en cuanto ha sido transmitida de generación en generación por la tradición oral y forma parte de la realidad compartida en el imaginario social de muchas personas.

A su vez, la leyenda se ha convertido en una realidad tangible, porque ha dado nombre a la montaña emblemática del Garajonay, y la denominación del Parque Nacional, que incluye el espacio natural que la circunda.

Alegoría de la «Leyenda de Iballa».

En el contexto de los episodios del siglo XV y la rebelión en Gomera del año 1488, diversos autores han escrito sobre Iballa y las relaciones del “señor” Hernán Peraza con esta joven nativa gomera.

En Vallehermoso (Gomera), se realizó una actividad festiva y cultural celebrada en las Fiestas Patronales la noche del 23 de junio de 1969, en la que se representó, entre otras, la escenificación alegórica de “La Leyenda de Fernán Peraza e Iballa”.

En la imagen adjunta, en el escenario se observa la presencia de varias personas; entre ellas, por un lado, el séquito castellano: Enrique Urgoite, Gonzalo Suárez, Domingo Barroso (Hernán Peraza) Santiago “empleado del banco Santander”, Ramón Luis Méndez y Vicente Pérez “el sastre”. Al otro lado, Ventura Darias (Hupalupa), en la escena protegiendo a Doly Carrillo (Iballa).

Alegoría de la «Leyenda de la Baja del Secreto».

En la Gomera del siglo XV, un pueblo cansado de soportar abusos de poder, esclavitud y violaciones de derechos humanos y vulneración de normas acordadas, se rebeló contra las actitudes y comportamientos del tirano, esclavista y vil “señor” Hernán Peraza.

En los actos culturales realizados en el año 1969 en las Fiestas Patronales de Vallehermoso (Gomera), se representaron alegorías sobre diversos episodios y situaciones vividas por el pueblo aborigen gomero.

Este es el caso de la reunión de la “Baja del Secreto”, que tenía por objetivo concretar las acciones para quitarse de arriba al déspota, fanfarrón y cruel “señor” de la isla, Hernán Peraza.

En el escenario de Vallehermoso, noche del 23 de junio de 1969, se representó aquella reunión histórica, según cuenta la leyenda, y, mientras el hijo (Ito Sinibaldo) se expone y expresa su opinión ante su padre Hupalupa (Ventura Darias), que posteriormente da muerte a su hijo para que no hable y descubra el secreto urdido para ir contra Peraza, a su vez, el joven Hautacuperche (Mariano Pérez) se dispone a romper el “Gánigo de Guahedum”, para con ello dar por rota las relaciones y el «pacto de colactación» que se había realizado entre gomeros y castellanos.

Muy posiblemente, esta es la primera actividad y escenificación realizada sobre estos acontecimientos históricos que tuvieron lugar en Gomera a finales del S. XV.

Población de la Gomera. Año 1680.

En un manuscrito encontrado en el archivo de la parroquia de La Concepción de La Laguna (Sánchez Herrero, 1975), se hallaron referencias sobre la población de Canarias según censos (años 1676 a 1688) realizados en las parroquias de las islas por el Obispo Bartolomé García Jiménez.

Aunque “los datos no hablan por sí solos”, sino, hay que interpretarlos tomando en cuenta sus respectivos contextos (no realizo aquí esa tarea), como recurso informativo y sencilla aproximación a especificidades de una etapa histórica, a continuación comparto algunos números sobre población de Canarias y La Gomera.

CANARIAS (año 1680): 101.967 habitantes.

Distribución de habitantes por islas:

– Tenerife: 51.954 habitantes
– Gran Canaria: 20.163
– La Palma: 13.076
– Gomera: 4.521
– Lanzarote: 3.737
– Hierro: 4.627 (¿3.627?)
– Fuerteventura: 3.889

En el caso de El Hierro, supongo un posible error, porque, observando la serie original, tanto el año anterior (1679: 3.252) como el posterior (1681: 3.245) se hace referencia a tres millares y no a cuatro.

De estos últimos datos, destacar que La Gomera tenía más población que cada una de las islas de Lanzarote y Fuerteventura.

LA GOMERA (año 1680): 4.521 habitantes.

Población de cada parroquia:

– Alajeró: 492 habitantes.
– Chipude: 530
– Hermigua: 1.350
– San Sebastián: 930
– Vallehermoso: 1.219

Como se observa en estos datos, resaltar que Hermigua y Vallehermoso son las dos demarcaciones más pobladas de la isla.

Imagen: Archivo General Insular de La Gomera.

Equipo de Vallehermoso en «La Rajita».

En «La Rajita», Vallehermoso (Gomera), en el pasado existió una factoría de salazones y envasado de conservas de pescado, y por la festividad de Santa Marta se jugaban partidos de fútbol entre el equipo local y otros que eran invitados para el evento festivo, a los que asistían muchas persona espectadoras que trabajaban en la industria local o acudían de los caseríos cercanos u otros lugares.

En la imagen adjunta, obtenida en La Rajita a finales de la década de los sesenta, figura el equipo de fútbol de Vallehermoso (el Valle) integrado por los siguientes jugadores:

En primera fila: Miguel Ángel Noda, Juanito Plasencia, Pepito Raya, José Manuel Marichal, Joseito Méndez.

De pie: Lolo Raya (portero), Luis Hernández, Gonzalo Hernández, Enrique Arteaga, Juanito Hernández, Pepe Vera, Juanito Hernández (portero).

Equipo de fútbol de Vallehermoso. Años cincuenta.

En el campo «El Tarajal» de La Playa, Vallehermoso (Gomera) se celebraron partidos de fútbol con mucha intensidad, emociones y pasiones desbordadas.

Acontecimientos deportivos y de ocio que fueron una “válvula de escape” social y una vía que facilitó la sociabilidad y encuentros personales en La Playa en aquellos tiempos oscuros, saturados de graves penurias por la situación política, económica y social del franquismo y sus normas represivas, incluidas las restricciones de reunión.

En la imagen adjunta, obtenida en la segunda mitad de la década de los cincuenta, se observa la presencia de los siguientes jugadores.

En la primera fila: Ramón García, Rubén Fagundo, Benjamin Hernández y Victoriano Palmero.

De pié: Domingo Santos (portero), Aureliano Darias, ¿Jaimito Vega?, Pedro Cruz y Ángel Antonio Fernández.