Esta zona se localiza en Vallehermoso, y de su cauce ascienden las laderas que suben, por una vertiente, hasta la base del Roque Cano y, de otra, hasta el Lomo de La Raya en el tramo comprendido entre la “joya de Areru” y Los Picachos, por arriba del Túnel de La Culata.
En las obras de la Carretera del Norte, que enlaza San Sebastián con Vallehermoso, cuando se estaba perforando el citado túnel, la dinamita requerida se descargaba por el Pescante nuevo, se transportaba en un vehículo hasta la “Punta del Molino” y, desde allí, por el “Camino de La Culata” hasta la obra era trasladada sobre los hombros o la cabeza de personas jóvenes y adolescentes del Valle Bajo, a las que la empresa contratista pagaba algún dinero; según información que me ha trasladado, sobre su experiencia vivida, una mujer de mi ámbito familiar.
Por otra parte, recuerdo que, en la década de los sesenta, a la “Presa de don Esteban” (Mora) acudían los jóvenes a bañarse, y aunque los de menor edad queríamos acompañarles, no lo permitían, en una conducta típica tradicional a esas edades en las relaciones entre jóvenes de grupos y edades desiguales.
Sin embargo, los “alevines” teníamos nuestras argucias para llegar hasta los alrededores de la presa, sin acercarnos demasiado, dado que, además de algún “chacaraso” que nos podíamos llevar de los mayores, realmente ese ámbito especial de la presa conllevaba riesgos para niños sin experiencia. Ahora bien, adecuados para esas edades infantiles y prácticas de ocio, también teníamos otros estanques y charcos en diversos sitios del barranco principal del valle.
A su vez, en “La Culata” se cultivaban viñas de la variedad autóctona “forastera”, de las que se han producido muy buenos mostos y vinos; de hecho, en esa cuenca hay un sitio denominado “Los Agares”. En las décadas de los sesenta y setenta, recuerdo acompañar habitualmente a mi familia para cultivar y vendimiar un pedacito de terreno que atendían en esa zona.
Actualmente, el “Camino de La Culata” es un tramo de sendero muy transitado por personas caminantes y excursionistas, en un trayecto que forma parte de la red de senderos de La Gomera
Población de origen y situaciones en los lugares de destino (Cuba) como factor de influencia en las migraciones desde Gomera.
Mi abuelo José María Ramos Mesa viajó dos veces a Cuba, entre los años 1904 y 1920, para trabajar y ganar algún dinero que después invirtió en comprar algunos pedacitos de terrenos en Vallehermoso. Por lo tanto, “cruzaba el charco”, Atlántico, trabajaba algún tiempo en la isla caribeña y regresaba a la Gomera; mientras, a su vez, por documento notarial delegó en su hermano y mi abuela la potestad para gestionar asuntos y comprar terrenos con el dinero que mi abuelo le enviaba desde Cuba.
Esta práctica migratoria, de ida y retorno, se comprende mejor siguiendo el texto del artículo “La emigración canaria a Cuba durante la ocupación norteamericana (1898-1902)” escrito por Manuel Hernández González y Julio Hernández García (Anuario de Estudios Atlánticos, nº 39, 1993), en el que expresan las situaciones en Cuba y características de la emigración en la etapa de referencia, que aquí interpreto y apunto, grosso modo:
– Con la independencia de Cuba (1898) se inicia la penetración económica norteamericano en la isla, acuden empresarios y empresas de Estados Unidos e importantes extensiones de tierra pasaron a su propiedad y control.
– En ese nuevo contexto, en Cuba se aplica una política migratoria acorde al control e intereses de los hacendados norteamericanos, y se potencia la contratación de fuerza de trabajo canaria, acostumbrada a los duros trabajos del campo.
– A diferencia del pasado, en el que existían objetivos para quedarse a vivir en los lugares de llegada, a partir de 1898 los trabajadores canarios que van a Cuba, en general, tienen por objetivo trabajar duramente allí durante un corto periodo de tiempo, acumular un pequeño capital y retornar a las islas para invertirlo y con ello mejorar sus condiciones de vida y las de su familia; y “este es un rasgo característico de la emigración isleña a Cuba que va a ser general en las tres primeras décadas del siglo XX”.
Por otra parte, añado que, aún observando los contextos específicos, este tipo de emigración se parece mucho a la que posteriormente se realizó desde Gomera al sur de Tenerife, con el objetivo de “hacer la zafra”, ganar algún dinero y regresar a la isla de origen, como, por circunstancias específicas, experimenté personalmente cuando sólo tenía 14 años. Sin embargo, con el transcurrir del tiempo, fue disminuyendo la frecuencia de los viajes de retorno, y muchas personas se fueron quedando a vivir en Tenerife, aunque, sin olvidar sus orígenes e intereses en La Gomera, y normalmente haciendo puntuales viajes de visita.
Una cosa más, de ámbito familiar, curiosamente, a diferencia de “mi abuelo Pepo” que fue a Cuba dos veces y retorno, varios de sus hijos emigraron a América y Tenerife para mejorar sus formas de vida, y no retornaron a su origen, porque, en aquellos tiempos del sistema tradicional de economía rural, las expectativas y resultados no satisfacían sus objetivos personales; y esta también es una característica observada en los análisis sobre migración y algunos lugares de Canarias.
En este sentido, comprendiendo a mis tíos, y a otras muchas personas que han tenido que dejar atrás sus lugares de origen para labrarse un futuro y nuevos objetivos de vida, considero que la realidad de continuar con la actividad rural de campesino tradicional cultivando tierras marginales de baja productividad, aún menos hubiera cumplido esos objetivos personales, especialmente, cuando posteriormente se promovió e implantó el nuevo “sistema capitalista de servicios”.
Ahora bien, recuerdo y tengo grabado en la MEMORIA que, aún contra todo pronóstico, vientos y mareas, nadie olvida y deja de amar su lugar de origen, y lo sé por propia experiencia.
En la imagen adjunta, “mi abuelo Pepo” a principios del siglo XX, José María Ramos Mesa, que, aún con esa pose, ojos dilatados (posiblemente por la tensión de situación dónde aún no había hábito a los selfies) y fuerte carácter que expresa, era una bellísima persona.
La imagen de cabecera contiene datos publicados en un manuscrito de Dámaso Quesada de Chávez (1728-1805), dónde se observa que el total de población de la isla de la Gomera coincide con el total expuesto por José Viera y Clavijo (1731-1813) para el mismo año (1745), como veremos a continuación.
Añadir que estas dos personas nacieron en Los Realejos y, dado que ambos autores eran clérigos, posiblemente obtuvieron los datos en la misma fuente eclesiástica.
DATOS PUBLICADOS POR JOSÉ VIERA Y CLAVIJO (“Historia de Canarias”, Tomo III, Libro VII):
En el año 1678, según el padrón general del Obispado: 4.373 personas.
– 1688, según un papel de aquél tiempo: 4.661.
– 1745, según la visita del ilustrísimo señor obispo Guillén: 6.251.
– 1768, según la secretaría de la presidencia de Castilla: 6.645.
– 1774, por relación de párrocos de la isla: 7.536.
Además de estos datos anuales, Viera Clavijo también ofrece la población que existía por jurisdicción en el año 1774:
Villa de San Sebastián: 1.243 personas.
Alajeró: 702.
Chipude: 1.451.
Valle de Hermigua: 1690.
Agulo: 750.
Valle Hermoso: 1700.
Acerca de estos datos sobre la población total de la isla, el ilustrado José Viera comenta que: “de manera que en el discurso de cien años, poco más o menos ha tenido la población de 3.163 personas de aumento; en el de 30 años, 1.285, y en el de 6 años, 891, si bien no hay que fiar mucho de la exactitud de las matrículas”.
Ahora bien, respecto a la evolución de la población, además del balance entre nacimientos y defunciones, hay que tomar en cuenta otros factores de influencia relacionados con situaciones socioeconómicas y políticas; especialmente, el fuerte control opresivo del régimen señorial, que conllevaba una estructura económica precaria y escaso desarrollo de mejoras en la productividad, hechos que, a su vez, determinaban las motivaciones migratorias.
Por otra parte, a través de la página Web del ISTAC (Instituto Canario de Estadísticas) se puede consultar datos de población a partir del año 1768; por ejemplo:
Para el año 1768: la isla tenía 6.672 habitantes (hay diferencia con dato en Clavijo).
En el año 1787: 6.936
– 1842: 11.439
– 1857: 11.386
– 1860: 11.360
– 1877: 12.107
– 1887: 14.321
– 1897: 15.133
– 1900: 15.762
– 1910: 19.732
– 1920: 22.870
– 1930: 26.703
– (…)
En esta última serie de datos, es llamativo el aumento poblacional a partir del año 1900; probablemente, de una parte relacionado con cambios de situaciones en lugares de emigración (Cuba), de otra, con la implantación del pujante sistema liberal-capitalista y la puesta en producción de los nuevos cultivos agrarios de exportación, tomates y plátanos.
Sin embargo, con el nuevo modelo de producción y relaciones laborales, el aumento de la economía en la isla especialmente benefició a la clase capitalista y élites dominantes (siguiendo la “herencia recibida” del sistema señorial), dado que la riqueza de las plusvalías no fue distribuida de forma justa y equitativa con la creciente población trabajadora, que en general siguió padeciendo explotación, muchas necesidades primarias y lamentables condiciones de vida.
En las Fiestas Lustrales de Vallehermoso del año 1980 (Gomera), se celebró un acto cultural en el que se exhibió sobre el escenario el “baile de las brujas”, una danza en la que el popular folclorista Pedro Suárez hacía de diablo junto a jóvenes mujeres integrantes del grupo folklórico del “Plantel de Extensión Agraria” que representaban a las brujas, mientras otro joven del grupo tocaba la bandurria.
En relación con estas actividades sobre “Los bailes de brujas en Canarias”, en la Revista de Historia de Canarias, nº 175, editada por la Facultad de Filosofía y Letras de la ULL, el investigador y escritor Domingo García Barbuzano publicó el siguiente texto:
«La isla de La Gomera ha jugado un papel muy importante en la brujería, no sólo por sus ancestrales costumbres y tradiciones brujeriles, sino porque los rituales del mundo supersticioso han sobrevivido hasta hoy, como es el caso del hallazgo en Laguna Grande de cruces rotas y perenquenes acribillados con alfileres, indicios que evidencian una reciente celebración de ceremonias nocturnas, en las que la presencia del baile no deja lugar a dudas por ser un medio de invocación al ser maléfico supremo.
Es importante destacar que La Gomera es la isla que se nos presenta con frecuencia en las coplas brujeriles como lugar de residencia de brujas:
De Canarias somos, de La Gomera venimos; no hace un cuarto de hora que de allá salimos.
Es significativo la existencia en el folklore gomero de bailes que podrían entrar dentro del tipo de los de brujería, ya que en el baile del tambor los bailarines forman enfrentados en dos filas, donde el baile es un simple pretexto para la aproximación entre ambos sexos.
Por ello, el baile del tambor podemos clasificarlo como una danza de requerimiento y rechazo, característica de los bailes de brujería que, desde el siglo XVII, abundan en los procesos inquisitoriales.
Es importante el hecho de que el baile del tambor ha sido la base sobre la que se creó el denominado baile de las brujas, que un grupo de Vallehermoso presentó en las fiestas de 1980, en el que el tajaraste es el ritmo predominante».
Además de referente significativo por su legado cultural, Chipude tiene mucha importancia por su historia socioeconómica y también en ámbitos de la estructura organizativa administrativa de La Gomera. En este sentido, destacar el dato de población de 3653 habitantes en la demarcación de su juzgado municipal en el año 1916.
En la perspectiva de recuperar antecedentes y recordar vestigios de su memoria, el siguiente texto publicado el 15 de marzo de 1916 en el Boletín Oficial de Canarias, es otro ejemplo de la importancia de este pueblo:
JUZGADO MUNICIPAL
Don Nicolás Barroso y León, Juez Municipal de Chipude y su término.
Hago saber: Que en este Juzgado se encuentran vacantes las plazas de Secretario y Suplente del mismo, y se han de proveer con arreglo a lo dispuesto en la Ley Orgánica del Poder Judicial y Reglamento de 10 de Abril de 1871, dentro del plazo de quince días, a contar desde la publicación del presente Edicto en el Boletín Oficial de la Provincia.
Los aspirantes deberán remitir con la solicitud
1º Certificado o acta de nacimiento.
2° Certificado de buena conducta expedido por el señor Alcalde del punto de su domicilio.
3º Certificado de examen y aprobación a que el Reglamento se refiere, u otros documentos que acrediten su aptitud y servicios o le den preferencia para el cargo.
Este Juzgado Municipal consta de tres mil seiscientos cincuenta y tres habitantes, y el Secretario percibe próximamente al año cuatrocientas pesetas pesetas (sic.).
Lo que se anuncia para conocimiento de los interesados que deseen solicitar dichas plazas.
Acerca de la denominación “Agana” (Vallehermoso, Gomera), señala José Perera en su investigación “La toponimia de La Gomera” (2005) que “todas las referencias sobre el nombre de este bando parecen partir de un grupo de fuentes de los siglos ¿XV?, XVI y XVII, que a su vez, deben de haber bebido de un texto común. En principio son dignas de considerar como las más fidedignas las formas Agana de Escudero y Abreu Galindo, así como el modelo Agona de Torriani”.
En cuanto a los datos de esta cita, reseñar que Escudero ofrece su relato hacia ¿1486?, el ingeniero Torriani a finales del S. XVI, y Abreu Galindo en las primeras décadas del S. XVII (1602-1632).
Por otra parte, Carmen Díaz y Francisco J. Castillo en el texto de su artículo “La lengua de los aborígenes de la Gomera en los materiales de Abreu Galindo” (Revista de Filología de la ULL, nº 13, 1994), contemplan sobre “Agana” que “según varias fuentes históricas canarias, así se denominaba uno de los cuatro cantones o señoríos en que se encontraba dividida La Gomera a mediados del siglo XV”.
A este respecto, Álvarez Delgado (El Episodio de Iballa, 1959) presenta los límites geográficos de los cuatro bandos gomeros y, para el caso de “Agana” su territorio lo hace coincidir con el espacio del actual municipio de Vallehermoso, salvo toda la parte sur de la zona de Chipude hacia el mar que junto a la vega de Arure pertenecerían al cantón de Orone. Ahora bien, sobre esta propuesta, no se ha encontrado prueba documental que ratifique con suficiente rigor las delimitaciones de los cuatro cantones.
Asimismo, Álvarez Delgado apunta la posibilidad que “El Cano”, el Roque de Vallehermoso, sea una hispanización por homofonía (se pronuncia de forma similar aun escribiéndose diferente) del “Agana”, “Acana” o “Agano” indígenas.
Siguiendo este enfoque, también Serra Rafols (Revista de Historia nº 68, 1944) considera que el elemento “agán” o “agana” significan roque, tajo o cerro.
Por otra parte, D. Wölfel (Monumenta Linguae Canariae, 1965) destaca la cercanía entre la voz geográfica gomera “Agana”, el elemento toponímico “Taganana” (con prefijo Ta-, y final en plural) en Tenerife, y el elemento “Gitagana” en Gran Canaria, y encuentra su paralelo en el bereber y el hausa: “aggun” roca, “taggunt” piedra, “aguni” depresión del terreno, meseta de una montaña, “tagunit” barranco.
Hace 113 años, el diario “El Progreso” (Santa Cruz de Tenerife) publicó un artículo sobre Hermigua con texto firmado por “Jacinto Terry”, seudónimo utilizado por el periodista Joaquín Fernández Pajares. Este periodista viajó a la Gomera para visitar el pescante “El Porvenir” (popularmente llamado el pescante nuevo) dado que realizaba labores de representación en cuestiones burocráticas, mientras, a su vez plasmaba en artículos sus descripciones, percepciones e ideas sobre las situaciones observadas en su estancia y recorridos por la isla.
Como se observa en el texto abajo expuesto, de un viaje realizado a Hermigua, el autor indica su perspectiva de relacionar la conquista, colonización y feudalismo ejecutado en Gomera con la ideología y praxis del caciquismo local de aquellos tiempos de la primera década del siglo XX; como a su vez denunciaron posteriormente otras personas activistas sociales y políticos y, más recientemente, también han seguido esta línea de pensamiento otros autores que han tomado el enfoque “semi-feudal” para analizar las situaciones y relaciones entre el sistema tradicional feudal del señorío y las relaciones de producción del modelo capitalista en Gomera.
A continuación, veamos el texto escrito por el citado periodista:
EN LA GOMERA. HERMIGUA. Los pies, que antes han estado bailoteando á los traidores impulsos de líquidas montañas, asemejándolas el miedo á estas altísimas cumbres, se han posado torpemente en las áridas rocas del desembarcadero. Y tras una escalada peligrosa y difícil y tras una ojeada á las obras del pescante de Hermigua, próximas á terminar, descanso beatíficamente ante una taza de riquísimo café cosechado en la isla de Cuba. A poco me levanto, imitando á mis compañeros, con la sana intención de llegar al fin de este viaje y dormir tranquilamente una siesta y en pos del humo de unos descomunales cigarros damos principio á la recorrida de este valle, que presentando sorpresa tras sorpresa, más parece el paraíso prometido á los creyentes que un girón de las posesiones españolas.
Caballero en un trotador borriquillo, demostrando ser gran conocedor de estas veredas, sigo un camino á lo largo del valle mientras los ojos se gozan en la contemplación de este fecundo hueco de la tierra y el pensamiento va de las más poéticas regiones á las patas del jumento, temeroso que un mal paso de este me haga caer ridiculamente sobre las hojas de las plataneras.
¿A donde vamos? Al valle de arriba; ahorita llegamos; cuestión de nada. Oigo la charla impaciente de los excursionistas y procuro olvidarla; hago lo posible por creerme solo ante tanta grandeza y majestad; tengo celos de que otros ojos se recreen en tanta belleza; envidio á estos hombres que habitan esta hendidura de la isla, la extensísima vega que corre á nuestra izquierda, guardada amorosamente por enormes montañas que en conjunto parece una monumental concha cobijando entre su seno una esmeralda.
Por la derecha voy dejando algunas casas rústicas, admirables por su limpieza, y junto á la iglesia, sólo por breves momentos, permito descansar al borriquillo y emprendo de nuevo la caminada dejándola á un lado indiferentemente… Esto no me extraña porque para mi las iglesias sólo sirven para eso: para dejarlas á un lado y que no estorben nuestro paso…
Solo, completamente solo; los que me acompañan no existen para mí, la vista del cementerio me hace olvidar por completo que hay más seres á mi lado. Y en esta hermosa soledad, encontrada únicamente por los que saben repeler las sensaciones exteriores, sintiendo como único ruido el susurreo del viento entre las hojas, como si se besasen en el preludio de caricias mas íntimas para seguir procreando eternamente, las ideas buscan consolador abrigo en el tronco añoso de los recuerdos, como las mariposas agitadas al soplo de ráfagas invernizas. Y pasan por mi mente los hombres de hierro, los conquistadores indomables que con la esperanza del botin no dudaban ensangrentar la tierra con la sangre de los indígenas para engarzar en la corona de Castilla una nueva perla que la hiciese más esplendorosa; pasan los virreyes, con su séquito de cortesanos, orgullosos y soberbios dentro de sus áureas vestiduras, ambiciosos prevalidos en la inmunidad de su alto cargo, como dorados buitres desprovistos de todo síntoma humanitario; pasan los corregidores, severos en sus vestimentas negras, codiciosos y despóticos, imponiendo silencio á los pueblos para que hablar no puedan de sus vesanías; y al final de esta visión retrospectiva, el moderno cacique, resucitador del feudalismo, queriendo hacer suyos los frutos de la tierra y sumar á su caudal la voluntad de los hombres…
Un mal paso del borrico me obliga á cambiar de ideas y sigo extasiándome ante esta extensa línea de verdura, limitada á un lado y otro por elevadísimas sierras, pareciéndome á veces que la tierra se ha rasgado mostrando dolorida el verdor de sus entrañas é imaginando otras que una mujer se ha dormido en el mar y entre sus brazos ha buscado refugio una serpiente.
Por fin hemos llegado al lugar donde una cama aguarda nuestro cansado cuerpo. Antes del deseado reposo siéntome á la puerta de una venta contigua á nuestra habitación y admiro una vez el bellísimo paisaje, agradecido á aquel capitán de un buque español que hace treinta meses me dejó en estas islas….
A mis pies el interminable valle, con las inmensas hojas de las plataneras cubriendo por completo el suelo de que brotan; al frente pequeños agrupamientos de casas envueltas entre árboles frutales; y á la derecha, proyectando una sombra violácea, sobre la parte de vega que en su nacimiento corre, similando un abismo alfombrada con hábitos episcopales, se levantan gallardamente dos monolitos inaccesibles, los Roques, como una mitra gigantesca que hubiese hundido con su peso cien generaciones de obispos….
El descanso se impone: á descansar. A ver si es posible conciliar el sueño aferrado á esta sorprendente visión. A ver si es posible soñar que todo el mundo es un valle como el de Hermigua; que la explotación del hombre por el hombre es una ilusión concebida en el cerebro de un desequilibrado; que las guerras sostenidas por quita á ese y pon á este son utopías de una imaginación enferma; que todos los hombres son hermanos y sin envidias ni odios contemplan la prodiguez de la Naturaleza…. A ver si es posible soñar que Maura no ha gobernado nunca, que Azorín no he escrito nada, que San Pedro no edificó la iglesia. Y si no es posible soñar, á descansar por ahora y mañana á laborar porque todas estas cosas sean recuerdos pasados á la historia. Jacinto Terry. “El Progreso”, 5 de septiembre de 1908.
En el verano de 1960, futbolistas de Vallehermoso organizaron e hicieron dos equipos para jugar un torneo entre ellos; a uno llamaron el “Canarias” y al otro el “Juventud”.
Los acontecimientos deportivos vividos en aquellos partidos de fútbol celebrados en el campo «El Tarajal» de La Playa, Vallehermoso, produjeron muchas emociones y sentimientos, avivaron los recuerdos y memorias de muchas personas, a la vez que tuvo trascendencia en las percepciones y el imaginario social y político, como he expuesto en un capítulo del libro «Memorias de Vallehermoso» (2021).
Me hubiera gustado compartir aquí también una foto del “Juventud”, sin embargo, no he logrado disponer de esa foto.
Agradezco a Alejo Ramos por cederme esta foto del “Canarias”, que ya en su momento utilicé en el año 2010 para una charla en las Fiestas Lustrales de Vallehermoso; en ella observamos la presencia de entrañables personas e integrantes del equipo de fútbol de referencia.
En primera fila: Tito Coello, Victoriano Palmero “Bitucho”, Jorge Fernández, Olivier Méndez “Olito”, y Alejo Ramos.
De pie: Domingo Santos “Mingo Siona” (portero), Francisco Darias “Cisco”, Tito Vera, Pedrito “el hijo del telegrafista” y Antonio Darias “Zamora”;
Carmelo García Cabrera fue un relevante biólogo marino y científico que fundó y dirigió el Laboratorio Oceanográfico de Canarias, e impulsó investigaciones y estudios sobre la pesca y los recursos marinos del banco canario-sahariano.
El siguiente texto, extraído del contenido de un estudio dirigido por el mencionado científico, ofrece algunos datos que pueden complementar y facilitar el cultivo de la memoria y ayudar a producir nuevos conocimientos:
“Las 20.000 toneladas que designamos a la Gomera parecen fabulosas pero hemos de tener en cuenta que una sola factoría, y no la de mayor producción adquirió 9.000 toneladas de túnidos, sardinas, chicharros y caballas. En realidad, y esta es la gran paradoja de La Gomera, la Isla es deficitaria en pesca y el gomero es el insular que tiene la dieta más baja de pescado. Las dos factorías consumen la totalidad del pescado y para la población queda poco. Esto es lógico por la industrialización pero ilógico por la realidad social del hecho. La Gomera es sin duda alguna la isla más rica en pesca del Archipiélago y donde la producción y consumo de la población es más baja. (…) Cada hombre salió al mar unos 300 días y la producción por hombre al año fué de 41 toneladas. Cada día trabajó cada hombre unas seis horas en el mar y el rendimiento por hora de trabajo fué de 23 kilogramos. Cada hora produjo el pescador gomero 161 pesetas ya que el kilo de bonito o atún solo se le pagó a 7 pesetas el kilo. Cada pescador produjo al año unas 287.000 pesetas. ¿Qué ocultos factores de tipo social hacen que hombres que tanto producen vivan tan pobremente? Podemos pues afirmar llenos de optimismo, y solo en cuanto a productividad, que el pescador gomero está a la cabeza de los productores españoles. ¿Qué sería de la isla si estos hombres contasen con medios adecuados y beneficios honestos?”
FUENTE: Del texto: “La pesca en Canarias y banco sahariano”, Carmelo García Cabrera. Edición: Consejo Económico Sindical Interprovincial de Canarias, 1970.
De la imagen: Archivo General Insular de La Gomera.
El ejercicio físico es juego, y aunque antropológicamente este es su más básico precedente, también presenta su dimensión sacra o religiosa y su dimensión utilitaria de preparación para la guerra.
Por ejemplo, en el caso de la Grecia antigua, se celebraron juegos atléticos en diversos lugares (Juegos Nemeos, Juegos Píticos de Delfos y Juegos Ítsmicos de Corinto), siendo los más famosos y duraderos los Juegos Olímpicos de la localidad de Olimpia, que acontecieron durante más de doce siglos, del año 884 a. C. al 394 de nuestra era (Gillet, 1971).
En la historia del deporte hay referencias de pueblos antiguos que practicaban ejercicio físico para preparar a su población para la guerra, generalmente a los hombres más jóvenes. Este es el caso de Gomera, dónde la población aborigen instruía a sus jóvenes entrenándolos con ejercicios físicos para adiestrarlos en cualidades y tareas de combate. Así lo recoge el fraile Juan Abreu Galindo, en su Historia de la Conquista de las Siete Islas de Gran Canaria, obra fechada en el año 1632:
“Eran los gomeros gente de mediana estatura, animosos, ligeros y diestros en ofender y defenderse; grandes tiradores de piedras y dardos. Acostumbraban los naturales de esta isla para hacer diestros y ligeros sus hijos ponerse los padres a una parte, y con unas pelotas de barro le tiraban porque se guardasen; y como iban creciendo, les tiraban piedras, varas botas, y después con puntas; y así los hacían diestros en guardarse, burlando el cuerpo, y eránlo en tanto que en e1aire tomaban las piedras y dardos y las flechas que les tiraban con las manos; peleaban con varas tostadas, y andaban en carnes, con solos pañetes de cuero pintados. Cuando andaban de guerra traían atadas unas vendas por la frente, de junco majado tejido, teñidas de colorado y azul, el cual color daban con un árbol que llaman tajinaste, cuyas raíces son coloradas; y con la yerba que se dice pastel, con que dan color azul a los paños” (Abreu Galindo, 1940: 49).
En la imagen, mi hermano Pepito Raya (a la izquierda) juega al palo con Ito Sinibaldo, durante las actividades festivas y culturales del «Tagoror», celebradas el 23 de junio del año 1969 en Vallehermoso, Gomera.