Equipo juvenil de fútbol. Vallehermoso, Gomera.

En la pasada década de los sesenta, con motivo de un torneo insular de fútbol juvenil, se celebra un encuentro entre el equipo de Vallehermoso y el de Agulo.

En el campo de juego “El Tarajal”, Vallehermoso, ese día formaron en el equipo local los deportistas que presentamos a continuación:

Primera fila: Guillermo Rodríguez “Memo” (portero); Manolín Hernández; Jonás Romero; Manolo Mora; Goyo Ramos (entrenador).

De pie: Luis Hernández (entrenador); Román Padrón; Juanito Plasencia “Nito”; Juanito Hernández; Domingo Padrón; Pepito Raya.

En la imagen, al fondo, la chiquillería sentada en el muro, incluido este sujeto que aquí escribe.

La Gomera. Datos del censo del año 1680 (I).

¡El hombre valorado el doble que la mujer !

Como se puede observar en los datos sobre La Gomera que ofrezco a continuación:

1) Marido y mujer, con hijos que no lleguen a 25 años se contaban por un vecino. De esa calidad se contaban 1.122 vecinos.

2) Los hijos varones con 25 años cumplidos se contaban como vecinos. Había 125.

3) Las hijas de 25 años se consideraban como medio vecino. Como había 214 personas en esta situación se contaban 107 vecinos.

4) Las viudas y las solteras mayores de 25 años hacían medio vecino. Al existir censadas 545 viudas y solteras de esas características, se sumaban 272 1/2 vecinos.

5) Los hijos de viuda, antes de cumplir 25 años, son considerados vecinos. Se contaban por esta razón 194.

6) Los criados, a partir de los 25 años, también se contabilizan como vecinos. De esta suerte había 13.

7) Los viudos y solteros, mayores de 25 años, eran 163.

8) Los tutelados, asimismo considerados vecinos, sumaban 11.

9) Cada clérigo equivalía a medio vecino. Dado que había 7, se contaban 3 1/2 vecinos.

Todo ello hacia un total de 2.011 vecinos. El resto, hasta llegar hasta las 7.780 personas, eran hijos menores de 25 años, y esclavos.

A tenor de las otras ventas de señorío que había efectuado el monarca, el valor de cada vecino se estimaba en 16.000 mrs., lo que suponía un importe de 91.409 ducs. Si se le añadía el valor de la tolerancia el aprecio del vecino ascendía a 20.000 mrs., lo que importaba un total de 114.261 ducs.

– Los anteriores datos han sido extraídos del libro “El señorío en las Canarias occidentales” (1990: 259-260), un trabajo de investigación de Gloria Díaz Padilla y José Miguel Rodríguez Yanez, de lectura imprescindible para quienes tengan por objetivo e interés conocer la historia de La Gomera.

Siguiendo el texto de estos autores, observamos que, con motivo del procedimiento de un pleito, para cuantificar el valor del señorío de la Gomera y el Hierro era necesario conocer el número de personas y otros datos demográficos para la consideración de “vecino”, concepto a partir del cual se calculaba el valor económico de las islas.

En ese proceso judicial se utilizaron los datos del padrón realizado por los párrocos de cada demarcación, que para contabilizar los vecinos siguieron las formas contempladas en las normas del informe emitido en Madrid con fecha de 29 de octubre de 1680 por el secretario del rey y contador de la Real Hacienda.

IMAGEN: familia de Alajeró. Archivo General Insular de La Gomera.

Año 1927. El patriarca de El Cedro, Gomera.

La revista gráfica semanal “HESPERIDES” (Santa Cruz de Tenerife), dedicó a la Gomera su edición nº 92 de 11 de octubre de 1927. Los reporteros que viajaron a la isla para recabar datos fueron Eduardo Westerdahl y Enrique Arona.

En los textos y fotos de esta revista, se pueden encontrar datos significativos sobre la isla, sus pueblos, personajes, entrevistas, fotos, anuncios, etc.

En una de las páginas se hace referencia al “patriarca” Domingo Medina, vecino que, según parece, tenía importante poder en el ámbito local del caserío y monte del Cedro; quizás, entre otros posibles motivos, condicionado por sus cualidades personales… y su cuchillo podón, por ejercer de “alcalde pedanio” y, probablemente, por su extensa familia y lo que este hecho podría conllevar en cuanto a las relaciones familiares y su influencia en el poder social local en el contexto de aquella sociedad tradicional.

Ofrecida esta breve interpretación, veamos a continuación el contenido original de referencia:

“El Cedro es el mejor bosque de Gomera, de escalón le sirve la cuesta de los Aceviños. De entrada las columnas centenarias de Alamaqué. Y ya en la puerta del bosque, recinto encantado donde los cerdos se ofrecen a la caza real, la figura venerable del patriarca Domingo Medina, alcalde pedáneo del bosque, aparece en el agasajo de su mano callosa y la simpatía de sus largas barbas de duende.

Dominico Medina hace versos. Su autoridad es sobrada en todo el contorno. Habla así:

—El alcalde dice que el manda aquí; pero en el bosque se hace lo que yo digo.

No quiero que nadie mate mis cochinos. Mis cochinos están marcados. Cuando las madres están todavía en la cama, recién paridas, marco los lechones…

Es sorprendente su vigor. Su optimismo marcha parejo a la fuerza del cuerpo.

—Tengo —continúa—75 años. La de hoy es mi segunda mujer. He tenido 22 hijos: el más pequeño murió hace poco, de unos meses de edad. Las mujeres… decía mi amigo don Emilio Calzadilla…

Y aquí empieza su vanidad, su patriarcado, citando nombres ilustres.

—Mi puntilla…—termina con humor, sacando de la faja un cuchillo podón, de hoja desmedida, limpia, cortante, blanca al sol débil del bosque”.

Fútbol y fraternidad. Vallehermoso, Gomera.

La práctica deportiva del fútbol y sus dimensiones, además de la competición, conlleva también las relaciones sociales.

En el libro “Memorias de Vallehermoso” (2021) hago referencia a encuentros que se celebraron entre equipos de El Valle y otros equipos de Tenerife. En este sentido, hay que destacar a dos personas de Vallehermoso que promovían y facilitaban este tipo de partidos y encuentros sociales.

De una parte, Tito Coello, histórico jugador del valle y empresario con negocios en Taco. A su vez, Tito Morales, empresario y propietario del Bar Trinidad en La Laguna. Ambos, grandes aficionados al fútbol y siempre con su pueblo natal en la memoria y sus corazones; y ellos en el de muchas personas que disfrutamos con su amistad, apoyo y colaboración.

La imagen corresponde a un partido celebrado en el campo “El Tarajal” de La Playa de Vallehermoso en la primera mitad de los años ochenta, entre un equipo local y un equipo del Cardonal (Tenerife).

En la primera fila el equipo del Valle: Domingo Padrón y su hijo, Tanagua Hernández, Pedro Rodríguez, Toño Palmero, Manolo Rodríguez, Fidel Montesinos, José Agustín Arteaga; Cirilo el árbitro; Emilio Reyes Hernández, Juan Emilio Martín, Manuel Luis León; Carmelo Chinea; Eduardo Conrado y Jesús Armas.

De pié, a la izquierda está Tito Morales, y después los integrantes del Cardonal (no he identificado sus nombres), entre los que esta Tito Coello (noveno de los jugadores); también a la derecha esta Luis Hernández, con abrigo azul.

Terminado el partido de fútbol, en el posterior “tercer tiempo”, el amigable convite, en otro espacio social de ocio y divertimento.

Acerca de la Gomera en el año 1773.

El obispo de Canarias, Manuel Dávila y Cárdenas, recorrió la Gomera en agosto de 1773, y recopiló datos para posteriormente escribir en el libro de sus Sinodales.

Acerca de los datos de referencia, el investigador herreño Dacio Darias Padrón ofreció algunos contenidos en su libro “Los condes de La Gomera” (1936), del que destaco el siguiente texto:

“Isla de la Gomera: Llegué a esta Isla conducido en un banco (sic) de pescar, por la gran calma que impidió el Vergantín, y fue el día 6 de agosto de dicho año de 33. Tiene dos Beneficios, provisión de su Magestad, y muy decente Iglesia, un convento de San Francisco, como de 14 Religiosos, y otro de Dominicos en el Campo, como de ocho Religiosos. Tiene doce Hermitas, que son nuestra Señora de la Concepción, San Sebastián, nuestra Señora de los Remedios, nuestra Señora de Buen Paso, la de San Telmo y San Cristóbal en la Villa, la de nuestra Señora de las Nieves en Gorduña (Gerduña?), la de Guadalupe en la Marina, la de San Juan en Venchiquija (Benchijigua?), la de San José en Tegiade, la de San Antonio y San Bartolomé en el Barranco. Tiene la Villa, que se llama de San Sebastián, como 200 vecinos, un Castillete y un Reducto.

Continúa la citada referencia:

«De Alajeró escribe que tenía unos 150 vecinos y una ermita, la de San Lorenzo. De Chipude, que este territorio tenía algunas aguas y un barranco, unos 150 vecinos y las siguientes ermitas: Santa Catalina en La Lomada, San Andrés en Verodal, nuestra Señora de los Reyes en Valle Gran Rey y la San Nicolás en Arure. De Vallehermoso, que se componía de 300 vecinos y las siete ermitas, que eran: de la Concepción, San Nicolás, del Carmen, Santa Clara, Santa Lucía, San Bartolomé y la de la Consolación. En la ermita de Santa Lucía según hemos visto en otra parte, contaba la tradición que se había dicho la primera misa en la Isla. De Hermigüa: ´Tiene este lugar SU Iglesia muy pobre, pero decente, su Cura y dos Hermitas, que son la de San Marcos en el Lugar de Agulo y la de Santa Catalina en el Valle, y el de Agulo, el quel necesita de Ayuda de Paroquia, y en este territorio está el Convento que va expresado en la Villa”.

Imagen: Archivo General Insular de La Gomera.

Equipo de fútbol de Vallehermoso, Gomera.

Equipo de fútbol de Vallehermoso.

En Agulo, hace al menos 60 años, equipo de fútbol de Vallehermoso.

En las Fiestas Lustrales de Vallehermoso del año 2010, la Comisión de fiestas me invitó a ofrecer una charla sobre el fútbol tradicional en La Playa, que se celebró en la Casa de la Cultura, dónde se compartieron referencias al contexto, vínculos e identidades, y se expresaron sentimientos y emociones por personas que observaban a sus familiares en las fotos allí proyectadas.
A su vez, en el libro «Memorias de Vallehermoso» (2021) se comparte un capítulo que trata sobre el fútbol de “aquellos tiempos de antes” y se relatan hechos deportivos y anécdotas de cómo eran “esas cosas del fútbol” en aquél contexto de la Sociedad tradicional.

Respecto a la imagen que aquí comparto, identifico los jugadores de fútbol que integraban el equipo de Vallehermoso que, en el contexto de las Fiestas de Las Mercedes de un año de la segunda mitad de los cincuenta, se disponían a jugar un partido de fútbol en el campo de Agulo:

En la primera fila: Victoriano Palmero, “Bitucho”; Tito Coello; Marianín González; Rubén Fagundo; Pedrín Trujillo.

De pie: Domingo Santos, “Mingo Siona” (portero); Jaime Carrillo; Alejo Ramos; Jorge Fernández; Pedro Cruz; Olito Méndez.

Colores del equipaje: camisa roja y pantalón azul. El “Roque Cano” en el escudo bordado en la camisa.

Temblores de tierra en la Gomera, y la fín del mundo.

Costa norte de Vallehermoso, Gomera.

El próximo 26 de octubre se cumplirán 50 años del inicio del Volcán Teneguía (Fuencaliente, La Palma, 1971). Durante los 25 días que estuvo en activo, jóvenes de Vallehermoso nos desplazábamos al oscurecer de algunos días hasta La Punta del Toril, situada entre Tamargada y Las Rosas, para según entraba la noche observar allá a lo lejos las llamaradas del volcán.

Por otra parte, a finales de los años veinte del pasado siglo no hubo volcanes en activo, aunque, si existieron temblores de tierra que se sentían en La Gomera. En el siguiente texto comparto la experiencia vivida de niña y escrita en su momento por Pastora Ramos Vera, mi madre, acerca de un temblor y la información que le trasladaban en aquella época sobre estos fenómenos naturales:

“Recuerdo que el primer temblor de tierra que yo viví y sentí, estaba descansando al fondo de la Cuesta de la Vaca, estaba sentada en una laja blanca y se movió, un ruido y vibración en la tierra, y enseguida se pasó aquello; nos cargamos y salimos. En ese tiempo se hablaba mucho de la fín del mundo, y decíamos si va a ser la fin; y cuando llegamos nos dijeron que fue un temblor de tierra, y quedamos un poco asustadas, porque nos decían que la fín del mundo sería ajuntarse un lomo con otro y nosotras quedar ahí atrapadas. Hasta los maestros nos hablaban de eso, pero que eso tardaría miles de años, claro, para no asustarnos decían eso”.

A este respecto, en estas islas de naturaleza volcánica, para no asustarnos han existido al menos dos versiones populares para intentar mitigar nuestros miedos relacionados con este tipo de fenómenos naturales y afrontar los supuestos riesgos.

Por una parte, encomendarnos a los ámbitos de la fe religiosa o sobrenatural, sus explicaciones, prácticas y previsiones sobre el mundo terreno y divino.

De otra, soslayar la realidad suponiendo que el supuesto hecho no se ha de producir, o si acontece, será en un tiempo futuro muy lejano cuando no haya posibilidad de que seamos afectados, porque, pasado el ciclo vital ya no estaremos presentes.

Ahora bien, si uno conoce y ha caminado por la “Ruta de los Volcanes” en la Cumbre Vieja, situaciones que por cuestiones laborales experimenté habitualmente entre los años 1982 y 1985, el especial paisaje observado y sentido en ese territorio impulsará necesidades de conocer otras explicaciones sobre la formación natural de estas islas, para con ello comprender que vivimos sobre volcanes y, pronto o más tarde, alguno nos puede afectar en cualquier momento.

En todo caso, en la situación actual con la erupción de un volcán, empatía, solidaridad y mis mejores deseos de ánimo para toda la población de La Palma.

La Cañada de la Culata. Vallehermoso, Gomera.

Cañada de La Culata. Vallehermoso, Gomera.

Esta zona se localiza en Vallehermoso, y de su cauce ascienden las laderas que suben, por una vertiente, hasta la base del Roque Cano y, de otra, hasta el Lomo de La Raya en el tramo comprendido entre la “joya de Areru” y Los Picachos, por arriba del Túnel de La Culata.

En las obras de la Carretera del Norte, que enlaza San Sebastián con Vallehermoso, cuando se estaba perforando el citado túnel, la dinamita requerida se descargaba por el Pescante nuevo, se transportaba en un vehículo hasta la “Punta del Molino” y, desde allí, por el “Camino de La Culata” hasta la obra era trasladada sobre los hombros o la cabeza de personas jóvenes y adolescentes del Valle Bajo, a las que la empresa contratista pagaba algún dinero; según información que me ha trasladado, sobre su experiencia vivida, una mujer de mi ámbito familiar.

Por otra parte, recuerdo que, en la década de los sesenta, a la “Presa de don Esteban” (Mora) acudían los jóvenes a bañarse, y aunque los de menor edad queríamos acompañarles, no lo permitían, en una conducta típica tradicional a esas edades en las relaciones entre jóvenes de grupos y edades desiguales.

Sin embargo, los “alevines” teníamos nuestras argucias para llegar hasta los alrededores de la presa, sin acercarnos demasiado, dado que, además de algún “chacaraso” que nos podíamos llevar de los mayores, realmente ese ámbito especial de la presa conllevaba riesgos para niños sin experiencia. Ahora bien, adecuados para esas edades infantiles y prácticas de ocio, también teníamos otros estanques y charcos en diversos sitios del barranco principal del valle.

A su vez, en “La Culata” se cultivaban viñas de la variedad autóctona “forastera”, de las que se han producido muy buenos mostos y vinos; de hecho, en esa cuenca hay un sitio denominado “Los Agares”. En las décadas de los sesenta y setenta, recuerdo acompañar habitualmente a mi familia para cultivar y vendimiar un pedacito de terreno que atendían en esa zona.

Actualmente, el “Camino de La Culata” es un tramo de sendero muy transitado por personas caminantes y excursionistas, en un trayecto que forma parte de la red de senderos de La Gomera

Desde la Gomera a la zafra en Cuba, y retorno.

Población de origen y situaciones en los lugares de destino (Cuba) como factor de influencia en las migraciones desde Gomera.

Mi abuelo José María Ramos Mesa viajó dos veces a Cuba, entre los años 1904 y 1920, para trabajar y ganar algún dinero que después invirtió en comprar algunos pedacitos de terrenos en Vallehermoso. Por lo tanto, “cruzaba el charco”, Atlántico, trabajaba algún tiempo en la isla caribeña y regresaba a la Gomera; mientras, a su vez, por documento notarial delegó en su hermano y mi abuela la potestad para gestionar asuntos y comprar terrenos con el dinero que mi abuelo le enviaba desde Cuba.

Esta práctica migratoria, de ida y retorno, se comprende mejor siguiendo el texto del artículo “La emigración canaria a Cuba durante la ocupación norteamericana (1898-1902)” escrito por Manuel Hernández González y Julio Hernández García (Anuario de Estudios Atlánticos, nº 39, 1993), en el que expresan las situaciones en Cuba y características de la emigración en la etapa de referencia, que aquí interpreto y apunto, grosso modo:

– Con la independencia de Cuba (1898) se inicia la penetración económica norteamericano en la isla, acuden empresarios y empresas de Estados Unidos e importantes extensiones de tierra pasaron a su propiedad y control.

– En ese nuevo contexto, en Cuba se aplica una política migratoria acorde al control e intereses de los hacendados norteamericanos, y se potencia la contratación de fuerza de trabajo canaria, acostumbrada a los duros trabajos del campo.

– A diferencia del pasado, en el que existían objetivos para quedarse a vivir en los lugares de llegada, a partir de 1898 los trabajadores canarios que van a Cuba, en general, tienen por objetivo trabajar duramente allí durante un corto periodo de tiempo, acumular un pequeño capital y retornar a las islas para invertirlo y con ello mejorar sus condiciones de vida y las de su familia; y “este es un rasgo característico de la emigración isleña a Cuba que va a ser general en las tres primeras décadas del siglo XX”.

Por otra parte, añado que, aún observando los contextos específicos, este tipo de emigración se parece mucho a la que posteriormente se realizó desde Gomera al sur de Tenerife, con el objetivo de “hacer la zafra”, ganar algún dinero y regresar a la isla de origen, como, por circunstancias específicas, experimenté personalmente cuando sólo tenía 14 años. Sin embargo, con el transcurrir del tiempo, fue disminuyendo la frecuencia de los viajes de retorno, y muchas personas se fueron quedando a vivir en Tenerife, aunque, sin olvidar sus orígenes e intereses en La Gomera, y normalmente haciendo puntuales viajes de visita.

Una cosa más, de ámbito familiar, curiosamente, a diferencia de “mi abuelo Pepo” que fue a Cuba dos veces y retorno, varios de sus hijos emigraron a América y Tenerife para mejorar sus formas de vida, y no retornaron a su origen, porque, en aquellos tiempos del sistema tradicional de economía rural, las expectativas y resultados no satisfacían sus objetivos personales; y esta también es una característica observada en los análisis sobre migración y algunos lugares de Canarias.

En este sentido, comprendiendo a mis tíos, y a otras muchas personas que han tenido que dejar atrás sus lugares de origen para labrarse un futuro y nuevos objetivos de vida, considero que la realidad de continuar con la actividad rural de campesino tradicional cultivando tierras marginales de baja productividad, aún menos hubiera cumplido esos objetivos personales, especialmente, cuando posteriormente se promovió e implantó el nuevo “sistema capitalista de servicios”.

Ahora bien, recuerdo y tengo grabado en la MEMORIA que, aún contra todo pronóstico, vientos y mareas, nadie olvida y deja de amar su lugar de origen, y lo sé por propia experiencia.

En la imagen adjunta, “mi abuelo Pepo” a principios del siglo XX, José María Ramos Mesa, que, aún con esa pose, ojos dilatados (posiblemente por la tensión de situación dónde aún no había hábito a los selfies) y fuerte carácter que expresa, era una bellísima persona.

Datos de población en la Gomera.

La imagen de cabecera contiene datos publicados en un manuscrito de Dámaso Quesada de Chávez (1728-1805), dónde se observa que el total de población de la isla de la Gomera coincide con el total expuesto por José Viera y Clavijo (1731-1813) para el mismo año (1745), como veremos a continuación.

Añadir que estas dos personas nacieron en Los Realejos y, dado que ambos autores eran clérigos, posiblemente obtuvieron los datos en la misma fuente eclesiástica.

DATOS PUBLICADOS POR JOSÉ VIERA Y CLAVIJO (“Historia de Canarias”, Tomo III, Libro VII):

En el año 1678, según el padrón general del Obispado: 4.373 personas.

– 1688, según un papel de aquél tiempo: 4.661.

– 1745, según la visita del ilustrísimo señor obispo Guillén: 6.251.

– 1768, según la secretaría de la presidencia de Castilla: 6.645.

– 1774, por relación de párrocos de la isla: 7.536.

Además de estos datos anuales, Viera Clavijo también ofrece la población que existía por jurisdicción en el año 1774:

Villa de San Sebastián: 1.243 personas.

Alajeró: 702.

Chipude: 1.451.

Valle de Hermigua: 1690.

Agulo: 750.

Valle Hermoso: 1700.

Acerca de estos datos sobre la población total de la isla, el ilustrado José Viera comenta que: “de manera que en el discurso de cien años, poco más o menos ha tenido la población de 3.163 personas de aumento; en el de 30 años, 1.285, y en el de 6 años, 891, si bien no hay que fiar mucho de la exactitud de las matrículas”.

Ahora bien, respecto a la evolución de la población, además del balance entre nacimientos y defunciones, hay que tomar en cuenta otros factores de influencia relacionados con situaciones socioeconómicas y políticas; especialmente, el fuerte control opresivo del régimen señorial, que conllevaba una estructura económica precaria y escaso desarrollo de mejoras en la productividad, hechos que, a su vez, determinaban las motivaciones migratorias.

Por otra parte, a través de la página Web del ISTAC (Instituto Canario de Estadísticas) se puede consultar datos de población a partir del año 1768; por ejemplo:

Para el año 1768: la isla tenía 6.672 habitantes (hay diferencia con dato en Clavijo).

En el año 1787: 6.936

– 1842: 11.439

– 1857: 11.386

– 1860: 11.360

– 1877: 12.107

– 1887: 14.321

– 1897: 15.133

– 1900: 15.762

– 1910: 19.732

– 1920: 22.870

– 1930: 26.703

– (…)

En esta última serie de datos, es llamativo el aumento poblacional a partir del año 1900; probablemente, de una parte relacionado con cambios de situaciones en lugares de emigración (Cuba), de otra, con la implantación del pujante sistema liberal-capitalista y la puesta en producción de los nuevos cultivos agrarios de exportación, tomates y plátanos.

Sin embargo, con el nuevo modelo de producción y relaciones laborales, el aumento de la economía en la isla especialmente benefició a la clase capitalista y élites dominantes (siguiendo la “herencia recibida” del sistema señorial), dado que la riqueza de las plusvalías no fue distribuida de forma justa y equitativa con la creciente población trabajadora, que en general siguió padeciendo explotación, muchas necesidades primarias y lamentables condiciones de vida.