Equipo de fútbol de Vallehermoso.

Hace más de 60 años, campo de juego “El Tarajal” de La Playa. Vallehermoso.

En la imagen identifico algunos jugadores, mientras de otros tengo dudas; si alguien reconoce alguno de estos deportistas y tiene a bien expresarlo aquí agradecería su información.

En primera fila: ¿Benjamín Hernández?, Gumersindo Trujillo, Rubén Fagundo, jugador no identificado, jugador no identificado y Celestino Ramos.

De pié: Victoriano Palmero, ¿Alejo Ramos? y Olito Méndez.

IMAGEN: Archivo General Insular de la Gomera.

Año 1927, un ministro en la Gomera.

Vapor Fuerteventura, en San Sebastián de la Gomera.

En el mes de febrero del año 1927, el Ministro de Gracia y Justicia, Galo Ponte, visitó la Gomera en su periplo de recorrido por varias islas embarcado en el vapor “La Palma”.

En el periódico “El Progreso” (11-02-1927) encontramos información sobre esta visita de tan importante personaje; especialmente, porque dada las distancias y los acomodamientos en la corte, no era muy frecuente que los ministros frecuentaran estas islas alejadas aguas abajo de la costa peninsular.

En este sentido, y del conocimiento que algunos Ministros tenían de Canarias, o al menos las percepciones populares que se tenían en estas islas sobre ellos, hay una anécdota que circulaba por la Gomera y escuché en la década de los años Setenta.

Parece ser que, dirigentes locales estaban informando a un Ministro sobre el estado ruinoso de la platanera después de un temporal de viento y, el Sr. Ministro, con ese gran “saber” y genio característico que tienen algunos para frotar la lámpara de Aladino y sacar los remedios a todas las situaciones, pues, dijo: ustedes no se preocupen, porque, para solucionar el problema, ¡la madera de los troncos de las plataneras las convertiremos en carbón!

Ahora bien, adelantada esta “ocurrencia”, quizás hecho histórico, la cuestión es que esta metáfora se podría aplicar a la visita del Sr. Galo, porque, dada las situaciones de necesidades en aquellos tiempos, se demostró una vez más que la visita de este Ministro tampoco ofreció a esta isla las soluciones y alternativas para mejorar que tanto se necesitaban.

A su vez, como se observará en el contenido del texto, el Ministro fue muy bien recibido, agasajado y, supongo, “sobajeado”, por ese tipo de personajes locales que sienten mucha pasión por demostrar subordinación a la élite, al tiempo que tratan de cultivar sus intereses personales.

Aunque, posiblemente, la cosa se estaba saliendo de madre, porque, el Sr. Ponte, muy discreto él, probablemente con más «altura de miras» de que tenían sus anfitriones, enviaba mensajes para que no proliferaran los banquetes, por aquello del qué dirán, como expresó en un telegrama enviado desde Valverde al Delegado del Gobierno en Gran Canaria: “…hay que prescindir de banquetes dando país la sensación de que hemos venido a trabajar y no en viaje de recreo”.

Dicho lo escrito, y las valoraciones por mí expresadas, a continuación comparto contenido del texto publicado por el citado periódico.

DE LA VISITA DEL SEÑOR MINISTRO DE GRACIA Y JUSTICIA. EN LA GOMERA.

En este Gobierno civil se ha recibido el telegrama siguiente:
Agulo. – A las siete de la mañana llegó la expedición a Hermigua, desembarcando el ministro y sus acompañantes, a pesar del mal estado del tiempo.
Esperaban a la comitiva, las autoridades, somatenes y numeroso público, que aplaudió con gran entusiasmo.
En camionetas se dirigieron a Agulo, desayunándose en la casa particular de don Leoncio Bento.
En el Ayuntamiento se celebró una recepción, leyendo poesías don César Casanova.
El ministro se hizo cargo de las necesidades de esta isla, prometiendo remediar el abandono.
En este momento estudia problemas.
Después marchará a Hermigua, donde recibirá las comisiones, embarcando acto seguido para San Sebastián.

También nos dicen de San Sebastián que en aquella villa se efectuó un Te-Deum.
El Cabildo Insular obsequió al señor Ponte con un banquete.
El ministro visitó la Delegación, embarcándose por la noche para Las Palmas.

La comisión interministerial en la Gomera.
En este Gobierno civil se ha recibido el siguiente telegrama de San Sebastián de la Gomera: «Ministro antes embarcar montó en la grúa de Hermigua embarcando después en bote pequeño al «La Palma».
A la una y cuarto salimos llegando a San Sebastián a las dos, desembarcando enseguida. Después acto religioso hubo banquete en la Delegación Gobierno ofrecido por Cabildo; pronunció discurso ministro, muy oportuno, elocuente, diciendo deben desaparecer esas divisiones trabajando todos engrandecimiento Canarias, progresando así Archipiélago.
También dijo deben suprimirse banquete que aunque agradeciéndolos mucho no deben celebrarse, dedicándose esos tiempos al trabajo y estudios problemas.
Se distinguió mucho por su patriótico discurso.- Ascanio, alcalde Vallehermoso.


Fuente de la foto: Archivo General Insular de la Gomera. 

Ver menos

Año 1919, «La esperanza», poesía de Bohemia Pulido.

Antiguo casco de Vallehermoso.

Bohemia Pulido Salazar es una poetisa que nació en Vallehermoso a finales del S. XIX, y a partir del año 1920 comienzan a aparecer sus poesías con relativa frecuencia en periódicos de la época.

Ahora bien, previamente, el periódico “El Progreso”, de fecha martes 9 de diciembre del año 1919, publicó la siguiente poesía:

La Esperanza.

¡Que triste es el invierno con sus nublados días
Y las desnudas plantas que azota el vendaval!
¡Parecen cual espectros que de sus tumbas frías
Huir quieren marchando con paso desigual!

El cielo siempre lleno de tormentosas nubes
Anuncia la cercana llegada del ciclón,
Y en esas horas tristes volando a cielo sube
Cual bruma vaporosa de férvida oración.

El alma también llena de nubes como el cielo
Implora la clemencia bendita del Señor,
Y con los ojos fijos buscando algún consuelo
Divisa en el espacio un astro protector.

Ese astro que divisa en el espacio el alma
Cual barca salvadora en el inmenso mar,
Se llama la Esperanza, que al pecho da la calma
Y un muno mejor que este nos vislumbrar (¿sic.?).

¡Oh! Luz de la Esperanza que alumbras mi camino
Al tiempo que acreditas el gran poder de Dios,..
¡Dichoso aquel que sigue su resplandor divino
Y marcha por la senda que vaya de ti en pos!

Bohemia Pulido Salazar. Vallehermoso, 1919.

IMAGEN: Vallehermoso. Archivo General Insular de La Gomera. 

Año 1928. En San Sebastián de la Gomera, pesca y trabajo en domingo.

La “Gaceta de Madrid” (diario oficial del Estado), el 8 de febrero del año 1928 publicó una resolución para informar de la desestimación de una instancia presentada por el presidente del Gremio de Exportadores de pescado de San Sebastián (Gomera), al objeto que se prohibiera cualquier actividad laboral en domingo relacionada con la pesca después de su descarga en puerto.

Supongo, algún interés específico tendría el citado gremio empresarial para realizar dicha solicitud, aunque, por lo pronto no he descifrado aún ese tema.

Ahora bien, considero interesante el contenido de la noticia (“Gaceta de Madrid”, 8-02-1928), que comparto a continuación.

Excmo. Sr.:
Vista la instancia dirigida a este Ministerio por D. Santiago S. Sáenz, como Presidente del Gremio de Exportadores de pescado, de San Sebastián, solicitando que se prohíban en domingo los servicios de almacenamiento, venta, manipulación y facturación de pescado fresco y cualesquiera otros trabajos relacionados con la pesca después de la descarga en puerto:

Considerando que cuantas excepciones de la prohibición del trabajo en domingo establecida por el Decreto ley de 8 de Junio de 1925, se autorizan en esta ley y en el Reglamento para su aplicación de 17 de Diciembre de 1926, y por virtud de las cuales pueden realizarse en domingo las trabajos a que se refiere la instancia del Gremio de Exportadores de San Sebastián, fueron previstas por el legislador para evitar perjuicio en la marcha de las industrias y al interés público, pero que no son de obligada aplicación, puesto que cuando las representaciones de las industrias que a ellas puedan acogerse y del interés público estiman que el descanso dominical no causa perjuicio alguno pueden renunciar total o parcialmente a tales excepciones en una determinada zona o localidad, como, previene el artículo 9 del Decreto- ley y el artículo 59 del Reglamento anteriormente citados.

Considerando que, si puede ser cierto que no cause perjuicio a los industriales ni al publico el suspender los domingos en el puerto de San Sebastián aquellos trabajos que se enumeran en la instancia, no puede afirmarse que lo mismo ha de ocurrir si se generaliza aquella suspensión en todos los demás puertos pesqueros de España, y, por consiguiente, no puede alegarse razón suficiente que pudiera justificar una reforma de la ley y del Reglamento en el sentido de hacer más inflexibles los preceptos de ambas disposiciones para su aplicación a las labores de referencia:

Oído el informe de la Comisión permanente del Consejo de Trabajo, S. M. el Rey (q. D. g.) se ha servido disponer que se desestime la instancia del Gremio de Exportadores de Pescado de San Sebastián.

De Real orden lo digo a V. E. para su conocimiento y efectos. Dios guarde a V. I. muchos años. Madrid, 25 de Enero de 1928.
AUNOS
Señores Director general de Trabajo e Inspector general del Trabajo.

FUENTE DE LA IMAGEN: Archivo General Insular de la Gomera. 

El médico Domingo Tomás Fernández de Cubas.

El doctor Domingo Tomás Fernández de Cuba nació en la Gomera, en la cuna de una pudiente familia local, y emigró a Cuba en el año 1854 ante la posibilidad de continuar estudios y trabajar (Guanche Pérez, 1994).

Además del mérito producido en su trayectoria personal y profesional, tuvo el honor y dignidad de posicionarse y hacer todo lo posible en defensa de sus alumnos de medicina de la Universidad de la Habana, injustamente acusados; varios condenados a penas de cárcel y ocho que serían fusilados por la acusación de haber rayado el cristal de la tumba de Gonzalo Castañón (1834-1870), que había sido funcionario del gobierno español.

Respecto a su compromiso y comportamiento en estos hechos, es significativa la reseña que sobre esta persona ofrece la web de la “Real Academia de la Historia”:

“Su valiente defensa de los alumnos del primer año de la carrera de Medicina, fusilados en la Habana el 27 de noviembre de 1871, le ganó ser detenido por las autoridades coloniales y ocupar un lugar permanente en la historia del estudiantado universitario cubano”.

A su vez, acerca del valor de este ilustre y socialmente comprometido doctor, también merece ser recordada la opinión del escritor y periodista lanzaroteño Isaac Viera en su reseña sobre la huella de canarios en América (1924):

“El doctor Domingo Cubas Fernández, ilustre catedrático de Medicina de la Universidad de la Habana, exponiendo su vida, increpó valientemente a los esbirros policíacos que invadieron las aulas, para reducir a prisión a aquellos infelices niños, inocentes víctimas, cuya sangre fue derramada para acallar los gritos de sus verdugos, que pedían carne de mártires”.

Para concluir estas breves referencias acerca del comportamiento honesto de nuestro protagonista, destacar la manifestación de afecto de uno de sus alumnos, Fermín Valdés Domínguez, condenado a seis años de cárcel por aquellos supuestos hechos (Guanche Pérez, 1994):

“…él estaba allí, en la cárcel, detenido porque nos defendía, porque conocía nuestra inocencia, y así lo hizo constar en su declaración. Sobre sus hombros estuvo siempre honrada la toga del maestro”.

Asimismo, es necesario recordar que nuestro personaje fue “uno de los científicos e intelectuales canarios en la Perla de las Antillas de mayor trayectoria de compromiso con la organización de la defensa y solidaridad entre el colectivo isleño en Cuba” (Fernández Cabrera, 2010).

Llegados a este punto, antes de compartir información publicada por Eusebio Reyes Fernández, con datos obtenidos en los archivos de la Universidad de la Habana, añadir un matiz previo, al objeto de aclarar un concepto sobre la información requerida para formar parte de la institución universitaria.

Esto es, en cuanto a la “limpieza de sangre” (Reyes, 1992), se refería a que:
“…el aspirante debía demostrar que sus ascendientes por ambas ramas familiares eran cristianos viejos, limpios de toda mala raza de judíos, herejes, moros, etc.; que no habían sido castigados por el Tribunal de la Inquisición ni ningún otro; no habían incurrido en infamias, y que eran generalmente estimados”.

A continuación, comparto una relación de datos sobre el itinerario vital y fructífera carrera profesional de D. Domingo Tomás Fernández de Cubas.

Partida de Bautismo:
Iglesia Parroquial Matriz de Nuestra Señora de la Asunción, de la villa capital de la isla de San Sebastián de la Gomera. Libro 9 de Bautismos, folio 175.
Fecha de nacimiento: 3 de agosto de 1831.
Fecha del bautizo: 9 de agosto de 1831.
Hijo legítimo de Antonio Fernández Hurtado de Mendoza y María de Cubas.
Abuelos paternos: Antonio Fernández e Isabel Hurtado de Mendoza Salazar.
Abuelos matemos: Miguel de Cubas y Rosa Salazar.

Estudió en el Instituto de Segunda Enseñanza de Canarias, donde cursó y aprobó los estudios de bachillerato entre 1848 y 1854.

El 16 de septiembre de ese año (1954) solicitó al rector de la Universidad (Habana) el examen para obtener el grado de bachiller.

Seis días después presentó su informativo de limpieza de sangre con los testigos siguientes: licenciado Domingo León y Mora, natural de Canarias, catedrático de la Universidad de La Habana; Elíseo Bento Montesinos, natural de Canarias, estudiante, y Manuel Casanova (no tenía expediente en la Universidad).

El día 26 de septiembre de 1854 obtuvo el grado de bachiller en Ciencias.

Posteriormente matriculó Medicina y venció casi todas sus asignaturas con nota de sobresaliente.

El 14 de julio de 1862 obtuvo el grado de bachiller en Medicina y Cirugía, el 23 de julio de 1863 se le expidió el título de licenciado en Medicina y Cirugía y el 28 de junio de 1873 fue investido con el grado de doctor en Medicina y Cirugía.

Domingo Fernández de Cubas estuvo profesionalmente muy vinculado a la Universidad de La Habana.

El 7 de diciembre de 1858, siendo aún bachiller, obtuvo por oposición la plaza de ayudante disector anatómico de la institución, la cual ocupó hasta el 12 de noviembre de 1863.

El 10 de octubre de 1871 fue nombrado catedrático supernumerario de la asignatura Ejercicios de Disección y Anatomía.

Ese mismo día también fue nombrado catedrático interino de Patología Médica.

El 6 de marzo de 1873 fue ratificado en esta cátedra.

El 22 de julio de 1878 lo nombraron catedrático interino de Patología General con un sueldo de 1.000 pesos.

Por Real Orden de 7 de diciembre de 1880 se le designó catedrático de Anatomía e Histología patológica generales.

Debido a su buena labor, por Real Orden de 10 de diciembre de 1884 recibe la categoría de catedrático de ascenso en la cátedra de Patología General con su clínica y Anatomía e Histología patológica general.

Teniendo en cuenta las cátedras y funciones cubiertas por Fernández de Cubas, debemos destacar que trabajó en la Universidad por espacio de 21 años, 6 meses y 27 días.

En el presupuesto de la Universidad de La Habana de 1886-1887 se le asignaron 2.300 pesos de haber anual y en el presupuesto siguiente su asignación fue de 2.200.

En la hoja de “Honores y Condecoraciones” de Domingo Fernández de Cubas aparecen los siguientes datos:
Capitán Médico del Segundo Batallón de Voluntarios de Artillería de La Habana.
Vocal de la Junta de Caridad durante la epidemia de cólera en 1867.
Vocal de la Junta de Instrucción Pública de La Habana.
Socio numerario de la SEAP de La Habana.
Socio numerario de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana.
Cruz de Isabel la Católica.
Cruz Blanca de Primera Clase de Mérito Militar.
7 de mayo de 1870 y 3 de julio de 1876 mereció el “Bien de la Patria”.
10 de noviembre de 1871 obtuvo medalla creada para premiar servicios a los voluntarios de esta isla.
18 de enero de 1881 mereció un voto de gracia por prestar servicios a la Instrucción de Voluntarios.
1882: medalla creada por Real Orden para premiar constancia de los voluntarios.
Miembro fundador de la Sociedad de Estudios Clínicos.
Inspector de Instrucción Pública del Sexto Distrito de La Habana.
1884: Inspector del Hospital de San Lázaro.
1878: Vocal de la Comisión Central de Estadística.
Miembro de la Junta General de Beneficencia.
Inspector de la Casa General de Enajenados.
Vocal de la Junta Provincial de Beneficencia.
Por Real Decreto le fueron concedidos honores de jefe superior de Administración Civil, como recompensa de sus buenos servicios y en atención a las circunstancias que en él concurrían.

En la hoja de “Servicios prestados con anterioridad al nombramiento de catedrático numerario” aparece que fue:
Director Facultativo de la Casa de Salud “Integridad Nacional”.
Director del Hospital General San Felipe y Santiago, de La Habana.
Médico personal del Hospital Militar de La Habana.
Médico del Depósito de Emancipados hasta su extinción.
Director de la Casa de Salud “Garcini”.

En los “Servicios prestados con posterioridad al nombramiento de catedrático numerario” aparecen relacionados los siguientes:
Presidente del Jurado de exámenes para cirujanos-dentistas.
Vocal del Tribunal de oposición a la cátedra de Patología Médica.
Vocal del Tribunal de oposición a la cátedra de Higiene Pública y Privada.
Vocal del Tribunal de oposición a la cátedra de segundo médico de la Casa de Beneficencia.
Miembro del Tribunal de oposición a la cátedra de Clínica Médica (1882).
Vocal del Tribunal de oposición de la Casa de Socorro del Séptimo Distrito.
Vocal del Tribunal de oposición a la cátedra de Anatomía comparada de la facultad de Ciencias, sección de las Naturales.
Vocal de la Junta de Beneficencia de La Habana.

El jueves 11 de octubre de 1900 fue homenajeado por el gobierno interventor norteamericano debido a haber trabajado en la Universidad de La Habana durante más de 20 años y a toda su labor social.

El doctor Domingo Tomás Fernández de Cuba murió el once de junio de 1906, y sería enterrado en un mausoleo junto a los estudiantes de medicina asesinados.

Vallehermoso en la poesía de Isaac Viera.

En el periódico “El Progreso”, de fecha 2 de mayo de 1924, el escritor y periodista lanzaroteño Isaac Viera compartió la siguiente poesía sobre Vallehermoso, dedicada a su “ilustre amigo, don Antonio Fernández Armas”.

El de los valles risueños

el de las sendas floridas,

el de las mozas garridas

de dulcísimos ensueños.

El de las tierras labradas

el de los bosques umbríos,

el de alegres caseríos

en las sierras empinadas.

El de los montes espesos

que semejan maniguales,

donde brisas tropicales

a las flores les dan besos.

El de linfas bullidoras

que a la mar van serpenteando,

y en su cristal retratando

clavellinas y pastoras.

El de las frondosas huertas

de espléndidos platanares,

el que abre de sus hogares

al forastero, las puertas.

Yo no he visto a Vallehermoso,

pero me han dicho que es

culto, sencillo y cortés,

mas de su Historia orgulloso.

Que hay en su recinto flores

de penetrantes aromas

y crecen las áureas pomas

en sus llanadas y alcores.

El pueblo de la hidalguía,

el de la franqueza ruda,

el que al progreso saluda

con amor y bizarría.

El que ofrece un panorama

lleno de encanto y belleza,

el que funda su realeza

en el civismo, que inflama.

Cuando arribe a las orillas

del pueblo, pleito homenaje

le rendiré a su paisaje,

escribiendo redondillas.

IMAGEN. Archivo General Insular de la Gomera

Una foto y su contexto, «jarriando uvas».

En la foto que se adjunta a este texto, previamente publicada en diversos ámbitos de esta red digital y social de Facebook, se observa a Manuel Raya, apreciado vecino de Vallehermoso.

En esta foto, se distingue como Manuel Raya, o “Lolo Chico”, de forma cariñosa también conocido por sus vecinos con este sobrenombre, tiene el cigarro en la boca mientras está cargado con un cesto de uvas; posiblemente, con más de sesenta kilos de peso sobre sus hombros.

De esta forma, y por otros aspectos visuales, la foto llama mucho la atención, dado es impactante lo que transmite la imagen por sí misma.

Sin embargo, la imagen también conlleva la observación e interpretación del contexto sobre las realidades, situaciones y factores intervinientes que han influido como precedentes al instante que se hace la foto.

A este respecto, conociendo al estimado pariente de referencia y, a su vez, el ámbito local y actividades de vendimias que se hacían en la época que fue obtenida la foto, año 1981, puedo aventurar que entre ese día y otros anteriores, Lolo podría haber cargado sobre sus hombros varias decenas de cestos de uva; y supongo cargaría otros muchos en los siguientes días de la temporada de vendimias en el Valle.

En esta zona de Vallehermoso, la temporada de vendimias comenzaba a mediados de agosto, en las zonas bajas y viñedos de “tierras calmas”, y terminaba hacia finales de septiembre en los lugares de más altitud y sitios de “cabezadas” de las laderas y fincas. O sea, conllevaba aproximadamente un mes y medio de duro e intenso trabajo.

Después de cortar la uva, tarea esencial realizada por mujeres y hombres más viejos y otros de corta edad, normalmente se formaban “acarretos” integrados por hombres que, con aptitud física adecuada para esas funciones exigentes, transportaban los cestos llenos de uva desde los bancales de cultivos de vides hasta el lagar correspondiente.

El acarreto tradicional tenía sus “protocolos” de funcionamiento. Por ejemplo, alguien que lo encabezara y guiara a buen ritmo de marcha, y al trote en bajadas, ni muy rápido ni muy lento, de forma adecuada para que todo el grupo fuera lo mejor posible.

Porque, era muy importante que nadie se quedara atrás y, además, había que controlar el esfuerzo físico para aguantar las tareas y objetivos previstos para ese día y los siguientes.

Otra “norma” o costumbre en el grupo del acarreto de uvas era que había que cantar, en tono folías.

Comenzaba a cantar el cabeza de grupo y, según orden en la fila, todos debían cantar a continuación y, además, hacerlo bien y entre más alto mejor, para que se oyera en toda aquella zona del valle; porque, además de dar ánimos en los cargadores, cantar, y hacerlo bien, también estaba considerado como un prestigio social.

En esta práctica de cantadores de acarretos en las vendimias, en el Valle Bajo, de forma muy significativa se distinguían Andrés Ramos y Manuel Raya, o sea, nuestro personaje de la foto “Lolo Chico”; dos apreciados vecinos que, cuando ambos coincidían, aún más se motivaban y sus cantos se oían por toda aquella zona del valle, de tal forma que la chiquillería sabíamos quienes cantaban, y se aludía a sus nombres y escuchábamos con mucha admiración. 

Unos versos que a mí me gustaban mucho, y de forma modesta también canté de jovencito en algún acarreto y ocasión que me tocaba:

En el monte entre las flores,

Te busqué y no te encontré,

Y al oír los ruiseñores,

Yo sentí que te escuché.

Cargar o “jarriar uvas” por los caminos a través de las laderas, era un trabajo muy, muy duro. Por eso, más allá de las cualidades observadas en la imagen, se debe valorar en su medida el gran esfuerzo realizado.

También es una realidad que, en aquellos tiempos y contexto de la sociedad tradicional (hasta primeros años de la década de los Ochenta), el sobreesfuerzo físico que conllevaba cultivar vides y cargar uvas, en determinados aspectos era compensado por la calidad del mosto y los vinos obtenidos de esas zonas de bancales en laderas, dónde especialmente se obtenía el producto de la variedad autóctona “forastera”.

Por lo tanto, salud y Memoria para Manuel Raya, “Lolo Chico”, y un recuerdo para todas las personas que practicaban estas actividades tradicionales de cultivar vides, vendimiar y “jarriar uvas” por los caminos del Valle.

Acerca de las sepulturas en la Iglesia de Vallehermoso.

En una parte del espacio que actualmente ocupa la Iglesia de San Juan Bautista, hasta el año 1632 se encontraba la ermita original (1).

El 12 de julio de ese año, 1632, al poco de ser nombrada parroquia, segregada de la parroquia de la Asunción de San Sebastián, esta ermita recibe al delegado del Obispo, Visitador Lucas Andrés, quién comprueba la pobreza económica de esta “fabrica” (construcción y recursos de una iglesia) y la falta de medios para su mantenimiento, o para obras de ampliación que pretendían los vecinos.

Ante esta situación, y como forma de obtener dinero, el Visitador ordena revisar las “datas” (documentos) de los vecinos que tuvieran sepulturas dentro del espacio de la ermita, para con ello validar sus derechos, actualizar las obligaciones de pago, y disponer del espacio no ocupado para que otros vecinos lo adquirieran a cambio de la cantidad económica que tuvieran que abonar.

En este sentido, debemos resaltar que, durante el S. XVII, disponer en propiedad una sepultura en la iglesia, así como tener derecho de asiento reservado durante las ceremonias religiosas, indicaban el poder y la posición social de las personas que poseían esta titularidad privada, a la vez que era fuente de ingresos para la institución eclesiástica.

Entre las personas propietarias de las sepulturas, encontramos a Luis Santos, arrendador de terrenos en el Barranco de los Guanches y en la zona del Valle Bajo, lugar dónde perdura su nombre en la cercanía de la “Punta del Tributo”, denominación esta que, a su vez, posiblemente hace referencia a este arrendamiento.

Por lo tanto, en la relación de nombres observamos la identidad de personas que, en aquella época, tenían en Vallehermoso especial disponibilidad de capitales: económico, social y, probablemente, también político.

Volviendo a la referencia de la ermita original, sobre su plano (foto adjunta) habían marcadas treinta y siete sepulturas; de éstas, varias estaban vacantes y las otras habían sido adquiridas por sus respectivos propietarios.

Por una parte, tenemos los nombres de las personas propietarias que presentaron “data” (derecho a ese espacio, según croquis): María Morena (nº 3), Felipe Jácome (nº 7), Benito García (nº 3, 9 y 10), Violante Marquesa (nº 11), Gaspar de los Reyes (nº 13), Diego Hernández (nº 16), Baltasar González Borrego (nº 18), y Luis Santos (nº 23).

De otra, observamos personas propietarias que no presentaron “data”, aunque fueron incorporadas al croquis: Francisco Manrique (nº 5), Gaspar de Aguilar (nº 6), los esposos Ambrosio Cuello y María Méndez (nº 8, Salvador Pérez (nº 14), y Francisco Hernández de Aguilar (nº 17).

A su vez, también se hace mención a los propietarios Francisco López (nº 4) y Juan Martín (nº 19) en la capilla del Rosario, aunque no figuran en el croquis.

Concluyo que, estos datos y referencias (Corbella Guadalupe, 2021), tienen mucha relevancia para seguir avanzando en el conocimiento de la Memoria histórica, social y económica de Vallehermoso.

IMAGEN: Croquis de las sepulturas en la ermita de San Juan Bautista (Corbella Guadalupe, 2021).

(1). Previamente a esta, en un sitio cercano al lugar ahora denominado “Triana”, existió la Ermita de Nuestra Señora de la Consolación, “hasta que el barranco la arruinó” (Manuscrito del S. XVIII, en Gloria y Victoria Díaz Padilla, 2015). 

Año 1910, Hermigua. Reacciones y ayudas ante la catástrofe.

Hermigua

En los últimos días del año 1910, los periódicos ofrecen diversas noticias que hacen referencia al temporal que asoló Canarias por las fechas de Navidades, sus consecuencias y daños ocasionados.

En Hermigua, la catástrofe, así la denominó la prensa, además de las numerosas víctimas mortales y heridas, también  produjo muchos daños; casas afectadas o caídas, cultivos arrasados y huertas, caminos y puentes destruidos; pérdidas materiales que un informe técnico realizado por un ingeniero agrónomo  valoró en 700.000 pesetas.

En esta situación desastrosa de aquél ámbito local, desde que se tuvo conocimiento de la tragedia, y aquí el silbo cumplió su función tradicional de transmisor de noticias, destacar la intervención del Alcalde junto a otros vecinos en los primeros auxilios a las personas afectadas por el derrumbe del inmueble dónde se habían refugiado.

El Alcalde también informó y solicitó socorro al Gobernador de la Provincia, el General Eulate, y aunque la actuación de este cargo público y otros ámbitos del Gobierno fue cuestionable, sin embargo, al conocerse la tragedia, si actuaron con más diligencia y solidaridad otras instituciones, entidades y asociaciones de Tenerife, organizando y enviando ayuda.

De esta forma, en estos primeros momentos, contribuyeron con sus donaciones:

Diputación Provincial: 500 pesetas.

Cruz Roja: 100 pesetas.

El Círculo de Amistad XII de Enero: 100 pesetas.

D. Adolfo Cabrera Pinto, Director del Instituto General y Técnico de La Laguna, en nombre del colegio: 100 pesetas.

A  su vez, en la sesión de Pleno del Ayuntamiento de Santa Cruz, día 28 de diciembre, se acuerda que, en su viaje para ayudar en Hermigua, el Concejal Sr. Mandillo entregue 2000 pesetas en nombre del Ayuntamiento, y que dé cuenta de los socorros que prepara el pueblo de la ciudad (“El Progreso”, 29- 12- 1910).

En cumplimiento de esta decisión, en la noche del 28, al concejal teniente alcalde Esteban Mandillo le acompaña una comisión del citado Ayuntamiento, y en el vapor “Tenerife” también viajó el médico D. José Naveiras y el practicante D. Juan Benítez, llevando recursos para los damnificados.

Mientras tanto, el Gobernador Civil ha dispuesto que marche a la Gomera su delegado, el Sr. Ripoll, y también el ingeniero jefe agronómico de la región, el Sr. Francisco Menéndez. Asimismo, “ha autorizado al Alcalde de esta capital para que organice y celebre todos los actos públicos que estime conveniente, en beneficio de aquellos damnificados” (“La Opinión”, 28-12-1910).

El periódico “La Prensa” (31-12-1910) destaca el recibimiento y acogida que se hace en Hermigua a la comisión del Ayuntamiento capitalino:

“Acudieron á recibirles las autoridades y numeroso público.

Esta visita ha producido gratísima impresión en todo el pueblo, reanimando el decaído espíritu de estos habitantes consternados por la terrible y pavorosa desgracia. (…). La comisión trasladóse inmediatamente á los lugares dónde ocurrió la catástrofe, visitando á todos los heridos.

Estos lloraban, besando las manos del médico Sr. Naveiras y del practicante Sr. Benítez.

Desarrolláronse escenas desgarradoras, que conmovieron á todos los presentes. El vecindario daba vivas á Santa Cruz de Tenerife.

Las aclamaciones del pueblo eran incesantes. Todos lloraban de emoción.

Estos habitantes no saben cómo agradecer la filantropía de la capital de la provincia y encárganme transmita su gratitud á ese benéfico pueblo, al Ayuntamiento, Diputación, Círculo de Amistad XII de Enero y Sras. De la Cruz Rojas por sus valiosos y espontáneos donativos.

Estos han sido entregados á las autoridades locales, las cuales han constituido una junta de defensa”.

Por su parte, el Alcalde de Hermigua también envió diversos telegramas para agradecer las ayudas y donativos recibidos.

En las noticias ofrecidas por los periódicos, en el caso de esta catástrofe, para hacer referencia a las ayudas se utiliza la expresión “caridad”; y es que, en esa época, todavía se estaba muy lejos de disponibilidad de presupuestos y normas y leyes democráticas que se implantarían muchas décadas después para “intervenciones” del Estado, por el interés general y, especialmente, las que se realizan para proteger y mejorar la vida de las personas más necesitadas.

En este sentido, las muy deficientes intervenciones de las Instituciones y Administraciones Públicas del Estado para este tipo de situaciones, quedan reflejadas en el contenido de un telegrama del Gobernador al Ministro, según noticia publicada en “La Opinión” (30-12-1910):

“El General Eulate, además de trasladar al Gobierno de S. M. los anteriores telegramas, ha dicho respectuosamente (sic.) al Ministro de la Gobernación, que aunque cuenta espléndidamente con la caridad pública, ésta, ante la magnitud de la catástrofe, es insuficiente para aliviar tan grandes desastres, y suplica, muy encarecidamente, el auxilio material de los altos poderes públicos”.

Por otra parte, el siguiente texto de un artículo en “El Progreso” (28- 12-1910) es relevante en esta perspectiva de cuestionar la falta de intervención del Gobernador y el Gobierno del Estado: 

“Según nuestros informes, que consideramos absolutamente fidedignos, las nobles gestiones del General Eulate cerca del Gobierno para que acudiera, como era su deber, en socorro de los damnificados de la Gomera han caído en el indiferentismo plutócrata como era natural que cayeran: fríamente. El Gobierno – nos referimos siempre á nuestras noticias-  no dará nada para los desgraciados que han perdido sus cosechas y su derecho á la vida, para las familias que hoy lloran muertes trágicas… Dicese que está agotado el presupuesto de calamidades. (…). Todas estas cosas que pasan son naturales, lógicas consecuencias del régimen y del clericalismo, que pregonan una caridad de altar muy poco en armonia con aquella otra que predicara Jesús de Nazaret…

Si el Gobierno no acude en socorro de los damnificados, si oficialmente no puede hacerse mas que encogerse de hombros y telegrafiar dando el pésame, es necesario que nosotros, caritativos, altruistas, hagamos algo en favor de los hermanos heridos por la fatalidad”.

Sin embargo, mientras estos hechos luctuosos acontecían en Hermigua,  el periódico  “La Gaceta de Tenerife” (29-12-1910), en la misma página que ofrece datos sobre esta tragedia gomera, se hace eco de una actividad  real de divertimento palaciego, en la por entonces muy alejada capital del reino:

“Baile de  Palacio. (…). Hermoso y brillante resultó el baile celebrado anoche en Palacio.

Acudieron  á él cinco mil invitados.

Los salones de baile del regio Alcázar presentaban un deslumbrante aspecto.

Las damas lucían lujosísimos atavíos. A la una de la madrugada terminó la fiesta bailándose el rigodón de honor.

D. Alfonso bailó con la esposa del embajador de Inglaterra haciendo bis con la reina Doña Victoria el embajador de Austria.

El Infante D. Fernando hacia pareja con la esposa del presidente del Consejo de ministros, la infanta doña Isabel con el embajador de Inglaterra y la infanta María Teresa con el señor Canalejas.

Un inmenso gentío acudió á la plaza de Oriente á presenciar la entrada y la salida de los invitados”.

Para concluir, observando esta última referencia y, especialmente, esta última frase sobre determinados comportamientos irrazonables de la gente del pueblo, dado que, nada de responsabilidad, empatía y compromiso social se podría esperar de aquellas elites de gobierno y realezas de la Restauración borbónica, resalto aquí la coherencia humanista y solidaridad de personas, instituciones y entes sociales que intervinieron para ayudar a las personas víctimas de aquella catástrofe sucedida en Hermigua.

Año 1910, Hermigua. Tragedia en la Navidad.

La noticia que vamos a recordar no es ninguna inocentada, sino, la gran tragedia ocurrida la noche del sábado 24 de diciembre del año 1910.

Hermigua.

Mientras un fuerte temporal descargaba viento y lluvia torrencial sobre la isla, un grupo de unas cuarenta personas de la zona del “Lomo de San Pedro”, en el “Valle de Arriba”, ante el pánico que producía la tormenta y las debilidades de sus viviendas, se fueron a refugiar en una casa propiedad del comerciante Domingo Herrera; en un inmueble que a priori consideraron más seguro.

Sin embargo, con el impacto de la tormenta, la casa se derrumbó, matando a veintiuna personas y dejando gravemente heridas a otras seis.

En días posteriores, periódicos de Tenerife ofrecieron noticias sobre esta catástrofe. Entre estas, a continuación comparto contenido publicado el día 28 de diciembre en “La Prensa”:

 “Uno de los sitios más castigados por la tormenta fué el llamado “Valle de Arriba”, donde tenía instalado su establecimiento el honrado industrial D. Domingo Herrera.

La casa hallábase situada en la vertiente de una ladera, en el sitio conocido por “Alameda de los Alamos”. La vivienda, que parecía de sólida construcción, había sido edificada hace unos doce años; era de un solo piso y en sus inmediaciones, en lo alto de la ladera, hállanse unas pequeñas casas.

Los moradores de éstas, en vista de las alarmantes proporcionas del temporal, refugiáronse en la casa del Sr. Herrera.

En pocos momentos congregáronse allí unas cuarenta personas, en su mayoría mujeres y niños.

Cuando todas las familias comarcanas hallábanse reunidas en la casa, prodújose la terrible hecatombe que sembró el espanto y la muerte entre aquellos infelices.

La casa hundióse momentáneamente, sepultando entre los escombros á 27 personas.

De ellas salváronse únicamente seis, que se hallan gravemente heridas.

Imposible describir el horroroso cuadro que se ofreció á la vista de los primeros que acudieron al lugar de la desgracia.

Los ayes de los moribundos y los gritos de los supervivientes oíanse á larga distancia.

Inmediatamente, de un lado á otro del Valle los campesinos con su silbo, apagado por el ruido del vendabal, comunicábanse la noticia de tan horrorosa y espeluznante tragedia.

Desde los primeros momentos el Alcalde y el Juzgado, auxiliados por algunos vecinos, trabajaron sin descanso, haciendo excavaciones entre el montón de escombros para extraer los cadáveres, los cuales fueron identificados.

En estos instantes desarrolláronse escenas tremendamente horrorosas, que nos resistimos á relatar porque el terror sigue apoderado de nuestro espíritu y perdura en nuestra mente la visión de tan inmensa é increíble calamidad.

Perecieron en la catástrofe las siguientes personas:

Francisca García, de 40 años, casada, y sus 5 hijos María, José, Francisca, Siverio y Vicente Medina, todos menores de 20 años. El padre de estos desgraciados, Gabriel Medina, hállase ausente en Cuba.

Afligida Perdomo Morales, de 42 años, y sus 4 hijos Eugenia, Antonia, Gabriel y Domingo Piñero, también menores de 20 años, y cuyo padre se halla igualmente ausente en América.

Juana García, hermana de Francisca, de 45 años, y sus hijos Hildebrando, de 12 años, Feliciana, de 10 y Juan, de 5.

Antonia, Quiteria, José y Concepción Cabrera Paz, de 10 á 20 años, hijos de Agustín Cabrera y Manuela Paz.

Francisco Plasencia Navarro, de 15 años.

Quiteria González García, de 5, y Catalina Paz García, de 10 años.

Además, hállanse gravemente heridas Encarnación Perdomo Morales, de 50 años, su hija Dolores, de 20; Josefa Trujillo López, de 55 años, cuñada del dueño de la venta Domingo Herrera; Tomasa Morales, de 70 años, María Paz, de 50, y María Navarro, madre del muerto Francisco Plasencia.

Todos vivían en elLomo de San Pedro.

Desconócense las demás personas que han sufrido lesiones”.

PIDIENDO SOCORRO.

Ante este desgraciado suceso, el Alcalde del pueblo, D. Alberto Trujillo, telegrafió al Gobernador para informarle de la catástrofe y  pedirle socorro.

Desde el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, se enviaron medios y personas para prestar ayuda; entre ellas un médico municipal, un practicante y un ingeniero agrónomo.

A su vez, se ofrecieron muestras de apoyo desde otras instituciones de Tenerife, y se enviaron donativos y comenzaron a promover actos benéficos para ayudar a las víctimas.

En este contexto, fue muy significativa la intervención y comportamiento del Gobernador; eso sí, ¡brillando por su ausencia! En este sentido, leemos en el citado periódico que:

“…El Ayuntamiento enviará un importante donativo. Además se están organizando actos benéficos. El gobierno, en cambio, no ha dicho todavía una sola palabra. Creerá, acaso, que lo más urgente es cobrar las contribuciones. ¡Delicioso país!”.

Porque, además de la falta de ayuda del Gobernador de la Provincia, el General Eulate, mientras el pueblo de Hermigua sufría las horribles consecuencias de la tragedia y atendía a las víctimas, el Recaudador de contribuciones, un tal Pereira, seguía ejecutando la cobranza de los débitos; hecho que produjo mucha indignación en la vecindad.

Es más, en días posteriores, mientras en Tenerife se organizaban actos solidarios para ayudar a Hermigua y su gente, no hay noticias que demuestren que el Gobernador dispusiera ayuda directamente, ni viajara a la isla; salvo solicitar y recibir informes y  remitirlos al Gobierno del Estado.

Por lo tanto, el Gobernador, General Eulate, se desentendió de la situación.

Posiblemente, estaba muy ocupado en otros asuntos de su interés en aquella época de la Restauración y  sistema político caciquil, infravalorando con ello los informes y solicitud de ayuda del Alcalde de Hermigua, que también requirió su presencia en La Gomera, como consta la reseña de un telegrama publicada en “La Gaceta de Tenerife” (31-12-1910):

“Asi mismo á última hora telegrafía el Alcalde de Hermigua al Sr. Gobernador, pidiéndole asista personalmente á aquel pueblo para que pueda apreciar mejor los daños causados. (Nosotros creemos lo mismo)”.

A su vez, el siguiente texto publicado en “El Tiempo” (31-12-1910) refleja la ausencia del Gobernador y la opinión del corresponsal al respecto:

“¿Por qué no viene Eulate?

Los gomeros todos, unanimemente, se lamentan de que el Gobernador civil Sr Eulate no haya venido á ver los pueblos dagnificados, conforme á lo que en telegrama de ayer comuniqué á ese diario.

Se confía en que el Sr, Enlate llegue aquí de un momento a otro, pues no pueden convencerse de que el representante en estas peñas del poder gubernamental, abandone á los desgraciados en momentos tan calamitosos y mande solo á un inspector de policía.

Urge que persona de tan buenos sentimientos y tan digna como la actual primera autoridad civil de la provincia, se convenza por si propia de la magnitud de tan horrible catástrofe. Corresponsal”.

Como adelantábamos al principio, aunque los inocentes son tantos que hasta se ha dispuesto un día en el santoral para homenajearlos, la noticia aquí recordada no ha sido ninguna inocentada, sino una gran tragedia, poco recordada en las MEMORIAS DE LA GOMERA, a diferencia de otros hechos que se tienen más presente.