Pastores y ejercicio físico.

Precedentes de la práctica deportiva en espacios naturales de Canarias.
Un día, observando el vídeo anunciador de la carrera pedestre por las montañas de los espacios naturales de la bonita isla de La Palma, y el acierto del mensaje en la promoción de tan prestigiosa prueba deportiva, tejí su relación con un trabajo que realizaba sobre la práctica deportiva en espacios naturales.

En los antecedentes históricos del mencionado ensayo teórico, consideré imprescindible la referencia a los pastores tradicionales, ya que, en su movilidad por el territorio de Canarias son el precedente en actividades de ejercicio físico de modalidades deportivas actuales como el senderismo, carreras pedestres de montaña, montañismo, escalada, barranquismo, salto del pastor,…, y, asimismo, de otras modalidades deportivas practicadas en espacios acotados como la danza y la lucha canaria.

En la sociedad aborigen, la ganadería era una actividad esencial y los pastores, desde sus sitios de majada, recorrían con sus rebaños los diversos lugares en busca de pastos. Por este motivo, los pastores, de la época aborigen y de la época posterior a la conquista por los europeos, estaban en continua movilidad por el territorio.

A este respecto, en una investigación realizada sobre la relación entre la actividad física y patrones de la vida diaria en la población gomera entre los S. III al XV, sus autores encontraron la existencia de una alta movilidad pastoril de la sociedad aborigen (Carballo, Sánchez, Arnay, Hernández, González):
https://doi.org/10.1002/oa.2956.

Actualmente, en una sociedad capitalista y consumista caracterizada por el sedentarismo y el agobio y las tensiones de la vida cotidiana, valoramos mucho el ejercicio físico en la naturaleza, de forma que este gozo y disfrute, divertimento, “desport” o deporte, nos recuerda la similitud con el aprecio percibido por los aborígenes de Canarias respecto a los espacios en los que vivían y transitaban, como bien imagina y menciona Luis Diego Cuscoy, en su obra “Los Guanches” (1969):

“…con el tránsito por los mismos lugares fue trazando las rutas, salvando los obstáculos del terreno o las dificultades que le pudiera poner una barrera vegetal. Es decir, que tuvo que llegar el pastoreo para que el hombre descubriera el mundo y acaso sus bellezas, un mundo ciertamente limitado y estrecho en los primeros tiempos y unas bellezas pacientemente descubiertas y gozadas a lo largo del lento discurrir sobre la tierra, como pudiera ser el espectáculo del amanecer, hora de iniciar el pastoreo, y del atardecer, que es cuando hombres y animales se recogen en busca de reposo. Pero también fueron destacándose detalles particulares de la geografía recorrida, como la fuente, el regato, la colina, el llano, la montaña, aprendizaje graduado que trajo a la postre el mejor conocimiento de la tierra en su conjunto”.

En este contenido, Cuscoy esboza y describe sus ideas sobre las formas de vida de los Guanches. Por mi parte, aún de forma genérica y observadas referencias, expresar mis propias percepciones sobre aquellos pueblos de nuestros antepasados aborígenes de Canarias, que cultivaban socialmente y disfrutaban como seres humanos de una “vida buena”, en sus formas de vida cotidiana y armonía con el contexto natural de cada lugar y cada isla, y a su vez dejando la mínima huella de su paso por los espacios naturales por dónde transitaban.

Imagen: mi tío Manuel Raya Ramos, pastor, en Vallehermoso, la Gomera, saltando un barranquillo con el apoyo de su astia.

Treta para abortar el ataque del pirata «Pie de Palo» en la Gomera.

Gaspar Fructuoso (Azores) escribió en su obra “Saudades da Terra” (1586- 1590) sobre las Islas Canarias, y cuando trata sobre Gomera encontramos el siguiente texto que relata cómo engañaron con una estratagema al pirata Pie de Palo (Francois Leclerc) para que desistiera de invadir la Villa.

“Cuando Pie de Palo llegó a esta isla de La Gomera, después de saquear La Palma, ancló en el puerto de esta Villa, víspera de S. Pedro ad Vincula, poniendo sus ocho naves separadas unas de otras, a fin de que lo cogiesen todo e hiciesen daño en todo el poblado, que entonces era difícil de defender por no tener fortaleza como ahora. Pero los gomeros supieron más que él, pues todos acudieron a la playa y a Buen Paso, haciendo por la noche trincheras y hoyos en la arena, donde pudieran meterse cuando disparase la artillería, que lo hizo todo el dia siguiente.

Y viendo los gomeros que el enemigo se disponía a acometerlos, a la noche siguiente, enviaron todas las mujeres y niños y todas las personas inútiles para la pelea, fuera de la Villa, que se situasen en las alturas que rodean el valle, con tambores y banderas y palos por lanzas y arcabuces, que pareciese ser gente que venia de dentro de la tierra a defender la entrada del puerto, y así, con este ardid, antes de salir el sol, se mostró una compañía en el Camello, otra en otro espigón allí cerca, otra en el camino de Armiga; y cuando Pie de Palo y las gentes de las naves los vieron, pareciéndoles ser gran número de gente y ser imposible poder entrar a tierra, que se defendía mejor que los de La Palma, mandaron alzar anclas y velas, oyendo los gritos y desafios de los gomeros, que los llamaban nombres feos e injuriosos, diciéndoles que bajasen a tierra y no huyesen, que les tenían bien preparadas las mesas y los regalos. Y de esta manera quedó la tierra libre y pasaron más de 24 años antes que franceses volviesen a ella, unos de otros informados de la buena gente que había”.

Fuentes:
– Del texto:
Las Islas Canarias (De “Saudades da Terra”).
Gaspar Fructuoso.
Fontes Rerum Canariarum – XII
Instituto de Estudios Canarios, 1964.
– De la imagen: Archivo General Insular de La Gomera.

En el año 1919, la gripe hace estragos en Chipude y el Cercado. Gomera.

La funesta gripe de 1918 impacta en La Gomera.
En Chipude y El Cercado hace estragos, mientras las autoridades dejan a estos pueblos en aislamiento y sin atención.

A lo largo de cientos de años ha sido crónico el abuso de poder explotador de los Señores de la isla y sus administradores. A su vez, con carácter general, también ha sido histórico el abandono y desinterés de autoridades políticas y gestores de las administraciones públicas hacia estos caseríos y su gente, situados en zonas de la meseta central de La Gomera.

Esta tendencia excluyente continuaba todavía a finales de la década de los setenta del S. XX, porque, salvo excepciones, dirigentes políticos y gestores locales y sus mentores más lejanos, aún en la transición, siguieron actuando y pensando como sus padrinos ideológicos del pasado.

A continuación, texto publicado en el periódico “El Progreso”, el sábado 22 de marzo de 1919:

«Abandono intolerable.

Más humanidad.

De la Gomera tenemos noticias de que se ha recrudecido en algunos pueblos de aquella isla la funesta gripe, que tantos estragos ha causado y causa en el mundo entero. Y lo peor del caso es que esos pobres vecindarios, azotados por la cruel enfermedad, carecen de todo, de médicos y de medicinas y se les condena además a vivir en el mayor de los aislamientos.

Se nos dice que lo sucedido en Chipude, término municipal de Vallehermoso, en un pago denominado “El Cercado”, dónde la epidemia se ha presentado en forma verdaderamente aterradora, que los enfermos mueren sin asistencia médica, y lo que es peor extenuados por el hambre y por el frio.

A Chipude, según esos informes que se nos han suministrado, se le tiene aislado, dándose el caso que para poder conseguir un médico y medicinas han tenido que pedirlo a Agulo, porque otros pueblos cercanos se han incomunicado por completo con el infestado.

¿Tienen noticias de estas cosas las autoridades?

Creemos que si, pero como dice el refrán que “no hay peor sordo que el que no quiere oir”, las autoridades habrán hecho en este caso lo mismo que en todos los demás.

¡Y mientras, esos infelices habitantes de Chipude que se mueran sin asistencia médica y sin medicamentos, igual exactamente que en el centro de Africa mueren los incivilizados!

¡Señor Gobernador civil, señor Inspector provincial de Sanidad, un poco más de atención para esos desdichados!»

Campo de fútbol de Agulo. Gomera.

Espacio deportivo inaugurado en 1957, como refleja la siguiente noticia publicada el 6 de agosto de ese año en el medio de comunicación “Antena”; aunque, en aquella época, sin césped artificial y sin instalaciones complementarias como ahora se observa en la foto adjunta.

En aquellos tiempos, como consta en la noticia, las islas de Fuerteventura y la Gomera estaban muy lejanas entre sí para viajar; y no por la distancia, sino por los pocos, obsoletos y deficientes medios de navegación que existían, con aquellos barcos tercermundistas que hacían juego con la lamentable situación de necesidades básicas y miserias que entonces se vivía en Canarias.
Actualmente, en el bonito pueblo de Agulo, hasta el campo de fútbol forma parte de la belleza del pueblo.

“El C. D. Herbania, de Puerto del Rosario, invitado a jugar en la Gomera.

Para inaugurar el nueve campo de deportes de Agulo.

PUERTO DEL ROSARI0 (De nuestro corresponsal, JUAN JOSE FELIPE LIMA).

El Club Deportivo Herbania acaba de recibir una invitación especial de la representación deportiva de La Gomera, para intervenir en un torneo que tendrá lugar en aquella isla con motivo de la inauguración del Campo de Deportes de la Villa de Agulo.

En la competición deportiva indicada intervendrán todos los equipos titulares de La Gomera: Vallehermoso, Hermigua, San Sebastián de La Gomera y Agulo y el equipo titular de Puerto del Rosario, Club Deportivo Herbania.

Los encuentros tendrán lugar en los días 15 17 y 18 de agosto próximo, en Agulo.

La afición de Fuerteventura ha recibido con verdadero entusiasmo esta invitación que, para el equipo representativo de la Isla, constituye un señalado honor, pues no todos los días se tiene ocasión de ser invitados a inaugurar un Campo de Deportes y menos aún cuando ello, como sucede en este caso, ocurre a tanta distancia.

Este primer desplazamiento al otro extremo del Archipiélago tiene, a nuestro juicio, una honda significación de hermandad deportiva y pudiera ser el primer eslabón de una valiosa cadena de intercambios balonpédicos”.

La Cueva de las Palomas y la Virgen de la Candelaria.

En el extremo este de la Playa de Vallehermoso está situada la “Cueva de Las Palomas”. Al lado, colgado en el risco se encuentra un nicho que tiempo atrás acogía la imagen de la Virgen de La Candelaria.

Después de estar en este lugar, en octubre de 1908, “Jacinto Terry” escribió el texto que abajo se inserta. Respecto al contenido narrado, aún creyendo en el poder milagroso de la Virgen, lo que no previó el autor fue el irracional comportamiento humano que influiría y condicionaría los cambios físicos acontecidos en este lugar.

Porque, cuando a principios de la década de los setenta se construyó el “Embalse de La Encantadora”, los áridos se sacaron de esta playa, vaciando con ello los materiales del vaso. A consecuencias de estas actividades extractivas, quedó inviable el acceso al nicho y, a su vez, el mar gano terreno y subió inundando la cueva, al tiempo que destruyó edificaciones y afectó todo el espacio litoral de La Playa de Vallehermoso.

“Jacinto Terry” era el seudónimo utilizado por el prestigioso periodista tinerfeño Joaquín Fernández Pajares, que a su vez realizaba gestiones de representación para la «Sociedad El Porvenir”en el proceso de construcción del «Pescante nuevo».

“La Cueva de las palomas es una concavidad irregular formada por las olas en su batir constante sobre estas enormes rocas que como para guarecer al valle avanzan hacia el mar en bélica actitud, lo bastante grande para que seis individuos puedan almorzar holgadamente y lo bastante pequeña para que esos individuos no puedan huir á prisa ante un desprendimiento del terreno. Afortunadamente esto último no puede suceder. Manos previsoras, guardadoras solícitas de la Humanidad, han tenido buen cuidado de colocar en uno de los huecos una imagen de la Virgen de Candelaria. Con esto se ha remediado el peligro. Podrá ocurrir un accidente, un fenómeno geológico podrá hacer derrumbar la mole suspendida sobre la negra arena de la playa, se vendrá abajo el enorme risco, se vendrá abajo la enana vegetación de su cumbre, la virgen también se vendrá; pero no por eso hemos de dejar de creer en su poder milagroso”.

Leyenda de Hupalupu.

Baja del Secreto. Valle Gran Rey, la Gomera.

En el año 1927, la Revista Hespérides publica un monográfico sobre La Gomera. Entre otros contenidos de interés histórico, se encuentra una leyenda gomera bajo el título “Hupalupu”, firmada su autoría en San Sebastián de la Gomera por Rosendo Armas.

Este relato hace referencia a hechos acontecidos en el siglo XV, en tiempos de la rebelión del pueblo gomero, cuando el gánigo de Guahedum se quebró, sus consecuencias y las crueles y dramáticas realidades sociales y personales. Porque, la población aborigen gomera sufría tratos vejatorios, esclavitud y el cruel e infame abuso de poder a cargo de individuos llegados desde Europa.

Ante ese tipo de situaciones, en aquellos tiempos, como posteriormente ha acontecido en esta isla o en cualquier lugar de la Tierra, además de intentar hacer frente al opresor, migrar era un recurso para buscar nuevos horizontes, sobrevivir e intentar iniciar nuevas formas de vida.

El contenido de esta leyenda transmite la perspectiva ideal del mundo aborigen, con sus aspectos realistas, al tiempo que localiza en el escenario las situaciones del contexto histórico y las vivencias, motivaciones, percepciones y ética personal.

A CONTINUACIÓN EL TEXTO DE LA LEYENDA:

I

En la isla que brotara del seno del inmenso mar, espejo de prístina maravilla de un risueño, cerúleo cielo, acaeció lo que voy a referir.

Mostraba la tierra el desperezo voluptuoso del mañanero despertar. Arriba, en las altas cumbres cubiertas de bosques vírgenes, en las agradables frondas, mientras la paloma, rauda y muda, batía sus alas, el mirlo y el capirote, trovadores anunciantes del nuevo día, entonaban sus cánticos inimitables; y era abajo, en las estribaciones de las elevadas montañas, operadoras del milagro fecundo de los trigales, donde el jilguero lanzaba al aire sus mélicas notas y, ajenas a ellas, la cabra v la oveja tranquilas pacían. Una brisa leve acariciaba los árboles y las plantas… Todo decía de dichas supremas. Hasta el mar, trajinante e inquieto, hallábase en quietud aparente. Cuan pródigas en caricias sus olas en las rientes playas del Sur… Pero ¡ah!, el monstruo bello adormilado no estaba, que en los altos acantilados del Norte batía su furia de titán indómito, dejando en las peñas la señal de sus celos, catarata invertida de impoluta espuma.

Cabalgaban allá en el horizonte, sobre el lápiz lázuli intenso, las nubes blancas deshechas en jirones. Antes fueron grises, después violáceas, ahora cintas color tango con bordes gualdos, hasta que súbitas enrojecieron ante la aparición del disco rojo, que parecía realmente emerger del seno mismo de las aguas. Luego fué la explosión de los áureos chorros. Febo, armóse del poder imponderable de sus cegantes rayos, y la isla de las cascadas, de las altivas montañas y los profundos barrancos, quedó envuelta en torrentes de luz…

En el mar, sobre una peña que el propio mar circundaba, hallábanse reunidos los tres indígenas.

Llamábanse Iballa, Hupalupu y Ajeche. Dedicábanse afanosos a inflar de aíre tres grandes foles, y mientras esto hacían sostuvieron el siguiente diálogo.

Quedo hablaron, pero hubo no obstante quien los oyera: sobre sus cabezas se cernía, como pintada mariposa, el estro delirante del poeta, para contar luego a las generaciones venideras, lo que allí dijeron y sucedió.

Hélo aquí:

HUPALUPU.—Inútiles nuestros sueños de liberación, vanos son nuestros deseos de pertenecernos, Ajeche. ¡Qué triste!

AJECHE-—No ha sido por falta de valor. Héroes teníamos como Hantacuperche —¡pobre amigo! —… ¿Pero qué valen nuestros esfuerzos, Hupalupu, ante su poder tan grande?… ¡Por Garajonay! los auxilia el diablo, con que ellos nos amedrentan.

IBALLA. — ¿Y dicen, padre, que el general ha ¡prometido perdonar a quien concurra a los funerales?

HUPALUPU. — Sí, hija, sí. Eso dice el pregón. Tan cándidos nos creen. ¡Pero qué torpes! Ya ha corrido lo acordado, por todos los cantones, tan ligero como el silbo. Los de Mulagua, Agana, Ipálan, Orone, no lo ignoran:-—“Dicen que mataron al Conde” Eso dicen, contestarán todos.

IBALLA-— Y también vino el obispo. Parece ser hombre bueno.

AJECHE.— Sí, eso dicen.

HUPALUPU.— ¿Pero que nos importa a nosotros sus bondades? ¡Buenos..! No, ninguno de ellos es bueno, Buenos, y son dueños de lo que no les pertenece. ¡Ah, y no cae sobre ellos el rayo de la venganza. La tierra es nuestra, Ajache; la tierra es nuestra, Iballa. Yo la quiero ver libre como antes.

Sólo para nosotros, únicamente para los de nuestra raza. ¡Qué se vayan!, ¡qué se vayan! No los queremos. Que se lleven sus adelantos, su civilización, de que tanto nos han hablado; sus espadas relucientes, sus mortíferas máquinas de guerra. Que nos dejen el dardo y la piedra, como a nuestros antepasados, y disfrutar libérrimos de la paz de nuestros valles y del tranquilo vivir de antaño. ¿Para qué nosotros queremos su civilización, si somos sus esclavos?… ¡Que se lo lleven todo: sus santos, su religión… y hasta sus espejos: a nosotros nos bastan las montañas y los cielos y el limpio cristal de las fuentes…

Ajeche, Iballa, hijos míos, escuchadme:

Hubo un corto silencio. Luego habló Iballa.

IBALLA.—Padre, tu que lees en las estrellas en lis noches claras, dime, ¿no nos libertará el amor? Ellos lambien aman.

AJECHE.—Iballa. ¿no eres mía?

IBALLA.—¿Tienes celos, Ajeche? Tuya, siempre tuya.

HUPALUPU.— ¿El amor?..- ¡Nunca! Oue se conserve para nuestra raza…. (Pausa) Ajeche, Iballa, hijos míos, escuchadme.

IBALLA.—Si, padre.

AJECHE.— SÍ. Hupalupu, te escucho.

HUPALUPU. — Confiad este secreto al mar como yo lo había confiado. Camalahuige, mi hijo, no se dió la muerte… Yo mismo lo maté…

IBALLA. — ¡Padre!…

HUPALUPA.— Escuchad. Fué una mañana tan clara y tan bella como la de este día. A nado fuimos a la “Baja”, Ya allí, dije a Camalahuige: “Tenemos que librarnos de tanto oprobio y tanta tiranía: es preciso que matemos al conde”- Y él me replicó, pálido *y *asustado: “Padre, padre,.. ¿y si lo saben?… No pude contenerme… Cobarde, vergüenza de nuestra raza… Si lo saben es por tí!…”

Y le eché las manos al cuello… Cuando lo solté, su cuerpo inerte cayó en la roca; fuese rápido roca abajo, y se lo tragó el mar…

¡Horror!.. ¡Le había matado!…

¡Pero no!..- ¡Ayudadme a quitar este enorme peso que me ahoga!… ¡Yo no le maté! ¡Decid que yo no lo* maté!…¡Le mato este ciego amor que le tuve a la tierra,., a esta tierra ya maldita que nos *ha abandonado!…

Ajeche, Iballa: hacemos bien… !Huyamos de la tierra, que tan mal nos paga!…

….

Ya habían terminado de inflar los grandes foles. Cada cual se ató el suyo fuertemente a la cintura.

  • Tiraos al agua, dijo con autoritaria bondad Hupalupu.

Ajeche fué el primero en cumplir el mandato.

Luego Iballa, diciendo:

— Ahora tú, padre.

— Pronto, hija mia:* *deja que por última vez bese la tierra.

Y esto expresando, tendióse sobre la joca y queriéndola contundir en su pecho, en un apretado abrazo, empezó a llorar como un niño.

— Padre, madre — decía, cariñosa, Iballa,— ahora, arrójate, ven, ven.

Hupalupu los miraba ahogado en llanto.

— ¿Qué yo vaya? ¡Imposible! No puedo. Yo no, yo no! ¡Quiero que mi tierra recoja mi último aliento!… ¡Adiós, adiós, hijos míos! Sed felices. Que Achinech os proteja y os ampare.

E Iballa y Ajeche, unidos por la hermosa cadena de los brazos, opresores amorosos, fuéronse alejando, alejando de la peña, columpiados por las suaves olas…

Inútiles los ruegos insistentes de los amantes. Nada consiguieron. Ya gritaban con toda la fuerza de sus pulmones:

Padre, padre, ahora, arrójate, ven, ¡ven!. .

Luego…, ya no oyó más el adivino Hupalupu.

El murmullo de las aguas había apagado el eco de la voz* *de los amantes.

Empero, él continuaba sobre la peñaa, agitando sus brazos y con desgarradores gritos de angustía, diciendo:

— ¡Adiós, adiós, hijos míos! ¡Sed felices!… Que Achinech os proteja y os ampare.

Allá en la inmensa lejanía azul, flotaban los cuerpos hermosos como una floración. Al aire el bello tronco desnudo, tremolando la espesa y larga cabellera, diríase Iballa auténtica Nereida. El tesoro de sus lágrimas rodaba por sus mejillas y de sus labios brotaban palabras de cariño y de dolor.

¡Allá quedaba sobre la roca su infortunado!…

Ajeche la daba el consuelo de sus besos. También a ambos enamorados besaba el mar, y, cara a la tierra que los vio nacer, juntos se iban alejando, alejando, camino de la mansión del soberano Echeide…

II

HUPALUPU—. (Sobre la peña circundada por el mar) Perdonados estáis, si; pero no podréis jactaros de poseerme estando vivo. Yo mismo sellaré con mi sangre la tragedia de Guahedum- !Adios, hijos mios! ¡Adiós, tierra m a, también perdonada estás!…

(Sacando un puñal. Un rayo de sol quebróse en la hoja del acero.)

—Me sirve vuestra propia civilización para darme muerte.

…Y el cuerpo desplomose sobre la roca… Sobre ella también revoloteó una blanca gaviota, que espantada remontó su vuelo a la altura.

Las olas lamían la preciosa sangre.

Por fin, el cuerpo quedó flotando sobre las aguas, y mecido por las ondulantes olas, se iba alejando, alejando…

Y dice la fantasía loca, delirante, del poeta, que el mar susurró al oído de Hupalupu las palabras del hijo pusilámine: “Padre, padre… ¿y si lo saben?…

Rosendo Armas.

San Sebastián de la Gomera, octubre 1927.

A falta de gofio, tortas de helecho.

Imagen: plantas de “helecho macho” junto al sendero de El Cedro.

El texto abajo insertado fue publicado en el año 1805.

En aquellos tiempos, y otros posteriores, mientras las personas acomodadas se alimentaban de pan para la mayoría de la población de Canarias el sustento básico era el gofio y, en La Palma y Gomera, cuando este escaseaba se hacían galletas (llamadas tortas en la tradición popular gomera) con “harina” de helecho macho molido.

Ahora bien, como se matiza al final de la descripción de referencia, este hecho no demuestra la esterilidad de Canarias; sino, habrá que considerar otros factores, no sólo los naturales, que han influido para que la población no pueda cubrir al menos sus necesidades básicas de alimentación y una forma de vida humanamente digna.

En el caso de La Gomera, considero que el régimen señorial y sus condes con su cruel abuso de poder y su rapiña desaforada y desmedida, así como el posterior sistema explotador caciquil, han sido factores determinantes para que la isla y gran parte de su población hayan estado sometidas a graves penurias y necesidades, a su vez condiciones que ocasionaron migraciones.

A CONTINUACIÓN, EL TEXTO DE REFERENCIA:

(…). Unicamente las personas acomodadas se sustentan de granos en forma de pan la mayor parte de los habitantes y en especial los del campo hacen su principal alimento del gofio. Para prepararlo tuestan ligeramente en un gran plato ó cacerola casi plana de barro el trigo, cebada, centeno, ó maiz, porque de todos estos granos se hace gofio.

Redúcese á harina en un molino de mano que tiene cada paisano y de que se sirve siempre que quiere comer. Lleva el canario al campo su* gofio *en un saco ó en un zurrón de piel de cabra ó cabritillo como lleva el Peruano su fécula de patatas. En teniendo hambre lo come en el estado de harina, ó hecho bolas después de haberlo humedecido en agua. Los mas golosos del pais lo comen con pescado salado y patatas. Prefiérese en Fuerteventura el *gofio *de cebada á los demás *y *reputándolo por nas fresco, y siendo también mas barato.

Por algunas noticias que tuve de que en las islas de la Palma y Gomera, se veian algunas veces reducidos los pobres habitantes á hacer galletas con una raíz cogida en las montañas, pedí la raíz entera y en polvo, la planta y la misma galleta hecha en el pais. Me fue fácil juzgar que de la pleris aquilina Lin. ó del *helecho macho *era * *que aquellos infelices sacaban, sin duda en los años de escasez, tan deplorable alimento, añadiendo poquísima cebada ó centeno.

Las muestras que he recibido de Canarias y estan á la vista del instituto, ofrecen pruebas auténticas de lo dicho. La galleta tiene, como se ve, la costra morena y la miga negra como la del pan de tizón de trigo, y parece por su aspecto lustroso, un pedazo de escoria de fragua; se hizo vizcocho como la galleta de mar para que no se alterase en la travesía Remojándola en agua por diez horas no tenia ni* *sabor ni olor.

Para reducir á polvo la raíz del helecho se dexa secar, se limpia, se corta en menudos pedazos, y se pasa despues por el mismo molino que sirve para el *gofio. *Compónese este de dos piedras de doce á veinte pulgadas de diámetro; de las quales la una está firme y la otra gira sobre ella, por medio de un manubrio ó cigüeña de madera ó de fierro, que el molendero mueve con la mano.

A vista de semejante pan es imposible dexar de lamentar la suerte de los habitantes que lo comen, ni se puede creer que solo con este recurso puedan los hombres prolongar largo tiempo su existencia.

(…)

Los habitantes de la Gomera y de la Palma se han visto algunas veces como ya lo he probado, en la necesidad de sustentarse en parte con pan de helecho. No demuestra este hecho la esterilidad de las Canarias, pues en los países mas ricos en mieses, se han mantenido muchas veces con raices y malos granos, y sobrados exemplos de ello tenemos en Francia. En parte alguna de la tierra se ha experimentado tanta carestía como en el gran ducado dé Toscana, antes que se favoreciera en él la exportación de granos.

Fuente: texto publicado en “Semanario de agricultura y artes”, nº 468, 19 de diciembre de 1805.

Palmera canaria y huella humana (segunda parte).

Continuando el relato sobre este tema y contenidos que aquí comparto, al final de la primera parte apuntaba la cuestión sobre quién es la persona atrevida que trepa a “curar la palmera”. En esta segunda y última parte, por ahora, entre otros aspectos abordo las prácticas y métodos para trepar a una palmera.

A este respecto, si ustedes se fijan bien en la foto adjunta, o si la amplían con el zoom, observarán unas huellas en el tronco de las palmeras. Intentaré explicar el porqué de esas señales, y describir otras circunstancias sobre estas prácticas tradicionales.
En estas actividades de aprovechamientos de palmeras, los trepadores de los viejos tiempos corrían muchos riesgos cuando subían a cada ejemplar, algunos de estos con más de veinte metros de altura; y lo hacían sólo con la ayuda técnica de un “arco”, objeto instrumental adecuado con un “pirgüan” (peciolo de la hoja de la palmera), un trozo de cuerda y otro de alambre.

Estos valerosos trepadores, hacían y preparaban con mucho cuidado su “arco”, dado que de él dependía su vida. Para hacerlo, limpiaban una hoja de palmera, con la finalidad de utilizar sólo el nervio central, peciolo, o pirgüan; cortaban este a un tamaño adecuado, según consideraban su utilidad para la tarea que iban a realizar, y a lo largo le enrollaban una cuerda en forma de espiral que a su vez sujetaban con un trenzado de alambre.

Llegado el momento de tener que subir a una palmera, junto a su base, con el arco rodeaban el tronco de la palmera y posteriormente ataban las puntas de la cuerda; después, el trepador se introducía en el arco y lo colocaba a la altura de su cintura.

En el siguiente acto, para iniciar la escalada, el intrépido trepador abría sus brazos, con cada mano agarraba el arco por un sector y por el otro; fijaba los pies descalzos en el tronco de la palmera y, de forma rítmica, a golpe de movimientos coordinados de brazos, cintura y músculos abdominales, hacía avanzar el arco y su cuerpo hacia arriba, a la vez que buscaba apoyos para los pies en las “escarpias”, previamente talladas en el tronco (si las había), y con ello ir ganando altura hacia el lugar previsto de la actuación.

Además, subían con una caña de unos tres metros de largo (se la colocaban en la espalda sujeta al cinto, aunque también la podían llevar en una mano), a la que insertaban un cuchillo en la punta, fijado con alambre, para, una vez arriba, cortar las hojas (pencas) o las “escobas de dátiles” (fruto) de la palmera.

Cuando el trepador, después de subir fuste arriba, estaba a la altura conveniente para trabajar con la caña, debajo de la copa, echaba el cuerpo hacia atrás para sostenerse por la cintura con el arco, al que se agarraba con una mano, mientras con la otra sujetaba y utilizaba la caña para realizar la faena de cortar; desplazándose alrededor del tronco para limpiar la palmera de las hojas más bajas, o para cortar las “escobas de dátiles”.

En estas posiciones, sobra decir que, además de los riesgos de estas situaciones, también sufría en los ojos los efectos de las “parganas” y partículas desprendidas de las “arropones” del tronco de la palmera, así como los riesgos de los picos insertados en la base de las hojas o “talajagues”.

Situados en el lugar de actuación arriba de la palmera, si la actividad a realizar conllevaba sólo cortar las “escobas de dátiles” (para utilizar estos frutos como alimento de los cochinos), previo a ejecutar el corte en la “palangana” de la escoba de dátiles, el trepador intentaba cogerla con una mano, mientras manejaba la caña con la otra (en estas acciones dependía su sujeción sólo del apoyo del arco en su cintura), para así después de cortada guiar su impulso y tirarlas sobre unas mantas hechas de sacos que se ponían en el suelo, o bien dirigirlas hacia un lugar determinado y limpio de malezas, para con ello facilitar la recogida de los frutos, y de esta forma evitar que, al caer la escoba sin control desde la altura, al llegar al suelo los dátiles se desperdigaran por el terreno, lo cual hacia más complicada su recogida.

Por otra parte, en caso que se tratara de hacer la palmera guarapera, el trepador, después de cortar las escobas de dátiles, si las había, y la hojas más bajas, abría un hueco por entre las que quedaban, subía a la copa y comenzaba el proceso de cortar las hojas de la zona central de la copa o descogollar, hasta llegar a la médula y dejarla al descubierto; después ponía la canal y la “lata” o recipiente para recoger el guarapo.

Asimismo, en algunos casos y determinadas palmeras, quizás por sus características naturales y el riesgo al subir, los trepadores hacían unas “escarpias” en el tronco; o sea, cortaban y desprendían pequeños trozos de corteza de la palmera para apoyar ahí los pies; esas son las señales que se observan en las palmeras de la foto adjunta. A veces, también clavaban unas estacas en el tronco para usarlas con similar objetivo de apoyo.

Por otra parte, también era habitual poner un arco de chapa de cinc en el tronco, para evitar que las ratas subieran a comerse los dátiles o la zona curada para extraer el guarapo.

Resaltar que, durante esas prácticas tradicionales, era extraordinariamente raro que una palmera se muriera por hacerle los aprovechamientos citados. Porque, el “guarapero” que curaba la palmera procuraba hacer bien su trabajo, dado que, normalmente la palmera no era de su titularidad, sino realizaba el aprovechamiento de sus productos en acuerdo con la persona propietaria y a ambas interesaba que la palmera siguiera viva.

En este contexto, la palmera tenía un gran valor y, si una palmera se moría, era un desprestigio para el especializado “guarapero”, dado que podría dificultarle seguir haciendo esa actividad. Porque, en aquellos tiempos, los productos obtenidos, especialmente la miel de palma tenía mucho valor como bien de consumo familiar, o para cambiarla por otros productos o venderla para obtener un complemento económico familiar a otras actividades rurales.

Destacar también que la actividad de trepador de palmeras sólo era practicada por hombres, mientras las mujeres realizaban las tareas de cocinar y hacer la miel, siguiendo las pautas sociales de la distribución de tareas según roles de género de la época y contextos de la sociedad tradicional.

Aunque parezca una obviedad, y alguien pueda considerar que sobra este apunte, sin embargo, dado el surrealismo de algunas actividades que se observan en las formas de vida de la sociedad actual, recordar que este trabajo y tareas de trepar para subir palmeras no se hacía por divertimento o como practica de un deporte de riesgo, como es la moda de determinados ámbitos del ocio y deporte postmoderno, sino que, era una actividad tradicional del mundo rural que formaba parte de las economías de las familias y personas de aquellos contextos; en especial, realizada por personas muy necesitadas que arriesgaban su vida para alimentar a sus familias, como tiempo atrás otras personas humildes y necesitadas se jugaban la vida para recolectar la orchilla subiendo a roques y riscos.

Por lo tanto, las realidades históricas son referencias incuestionables de los riesgos de estas prácticas tradicionales, porque, los hechos demuestran que trepando palmeras sucedieron accidentes y personas lo pagaron con su vida.

Este texto surgió en memoria y reconocimiento a las personas trepadoras de palmeras que han realizado estas prácticas y tareas que tanto riesgo conllevan.

Palmera canaria y huella humana (primera parte).

En La Gomera, en tiempos de la sociedad rural tradicional, de las palmeras canarias (Phoenix canariensis) se extraían productos para múltiples usos y aprovechamientos.

Por ejemplo, con sus semillas (dátiles) se alimentaba a los cochinos; con sus hojas o “pencas” se alimentaban cabras, además, se usaban para hacer esteras, cestos (con el peciolo o “pirgüan” lasqueado), seretas (para transportar lapas, pescado u otros comestibles), escobas, cercar huertas para protegerlas del viento, techar pajares o corrales, hacer sombrajos, para encender el fuego del hogar y hacer humo al quemarlas junto a ramas de tabaiba seca para “ajumar” el queso, y hasta para hacer juguetes de sus “talajagues” así como flotadores, atados con ristras de platanera, para aprender a nadar en los estanques y charcos de los barrancos.

Ahora bien, el aprovechamiento más significativo de una palmera canaria ha sido, y sigue siéndolo, convertirla en “palmera guarapera”, para extraerle el “guarapo” (savia) y después de un proceso a fuego lento convertirlo en “miel de palma”.

Prácticas estas de obtención de miel de palma que, en tiempos actuales, se ha convertido en una actividad industrial en Gomera, que genera economía y permite vivir a muchas familias; como, a su vez, en épocas pasadas también facilitaron economías y alimento para muchas personas.

Sin embargo, realizar esta actividad peculiar e histórica de la cultura gomera, necesita del trabajo de personas que arriesgan su vida para trepar a las palmeras. Actualmente, esta operación se realiza con mejores medidas de seguridad que en otros tiempos, dado que, por una parte se procura hacer guaraperas a las palmeras de menor altura y, a su vez, se utilizan escaleras para subir, cuerdas y cinturones de seguridad, así como pasarelas para transitar entre copas de las palmeras cuando se encuentran agrupadas por su contigua situación.

El proceso de trabajo para hacer una palmera guarapera consiste en trepar a ella tronco arriba, al llegar debajo de la copa limpiar las hojas secas y las escobas con los frutos o dátiles si las tuviera, así como los “jarropones” de alrededor del tronco; después, se le quitan las hojas de la parte central de la copa y se corta un círculo en la zona del cogollo hasta encontrar la médula; posteriormente, se le pone una canal para que mane el guarapo por ella, y debajo se ata un cubo o “lata” para recoger el líquido o savia, que manará gota a gota durante la noche hasta recogerlo por la mañana (si se deja al sol se fermenta, se pone “picón” y no sirve).

Así que, si alguna vez usted tiene la suerte y oportunidad de que alguien le invite a “bajar guarapo” para beberlo in situ, para refrescar y reanimar el cuerpo con la dulzura y frescura de este manjar exquisito de la naturaleza, debe tener muy en cuenta, entre otros, dos condicionantes muy importantes para no causar perjuicios; de una parte, que ese hecho no se practique avanzada la noche; de otra, que la lata o envase para recoger el guarapo debe quedar bien colocada como la encontró; porque, de esa forma, durante el tiempo que restará de la noche, el recipiente volverá a recibir el sabroso jugo y con ello el guarapero no perderá todo el esfuerzo de su trabajo.

En este sentido, si usted quiere disfrutar de esta agradable experiencia, mejor busque un guarapero que le invite y, además de las previsiones anteriores, recuerde que aún con sus excelentes cualidades, si se deja llevar por el gusto y se ceba en tomar demasiado, es normal que después sienta el cuerpo demasiado “relajado”. Estas consecuencias físicas, experimentadas por otras muchas personas, han quedado reflejadas en el imaginario social con el siguiente pié de romance: “no tomes mucho guarapo que te pone como un trapo”.

Por otra parte, “curar la palmera” significa quitarle a la médula, con un “formón”, una fina capa de “toza” para provocar que siga manando guarapo. Esta operación se realiza cada tarde.

Llegados a este punto, otra cuestión relevante es quién es la persona atrevida que trepa a curar la palmera; aunque, de eso trataremos en la segunda parte de este relato.