La leyenda de la guancha en La Gomera.

La Gomera desde Los Cristianos.

Un supuesto que encontramos en diversas referencias trata de personas de los pueblos indígenas de Canarias que navegaron entre islas.

Este es el caso de la reseña realizada por el insigne médico e investigador Juan Bethencourt Alfonso (San Miguel de Abona, 1847- 1913) expuesta en el texto literal (1) que a continuación compartimos:

Cuentan que una joven de la nobleza del tagoro de Archaha, reino de Adeje, llamada Guilda, en vísperas de casarse murió repentinamente su prometido y pasado algún tiempo descubrió con horror que era madre.

Desesperada, porque según la ley la arrojarían viva al mar, confióse a un ´siervo pescador`, y convinieron en que la única probabilidad de salvación era ganar la isla de La Gomera sobre una balsa de foles o zurrones.

Todo preparado, una noche de tiempo favorable embarcó con gran sigilo por la playa de Troya, no sin ofrecer a su cómplice de que haría una gran hoguera si lograba escapar, pues creían que la Gomera, Palma y Hierro estaban deshabitadas desde la catástrofe, porque nunca vieron fuego en ellas.

Por primera vez se vio a la siguiente noche brillar una luz en La Gomera, dando testimonio de que la fugitiva había abordado la isla.

Al año, acompañada de su esposo, retornó Guilga a Tenerife en otra balsa de foles para ver a su familia. Fue muy festejada y perdonada porque se salvó del mar.

Pero lo más curioso de dicha tradición tinerfeña es que se completa con otra que hemos recogido en La Gomera.

Existe en esta isla, cerca de San Sebastián, la aún llamada Playa de la guancha, porque en tiempos muy remotos apareció por allí una joven de Tenerife embarcada en zurrones.

El acontecimiento conmovió la isla, y llevada ante el rey contó sus desventuras y la causa que le obligó a huir de su tierra: añadiendo que no esperaba encontrar gente porque nunca habían visto fuego. Como los indígenas ignoraban el modo de obtenerlo, les enseñó frotando dos trozos de madera; y fue tal el entusiasmo que el príncipe la tomó por esposa prohijando el ser que llevaba en las entrañas.

Pasado algún tiempo los esposos fueron a Tenerife, saltando por la Aguja de Teno.

(1): Juan Bethencourt Alfonso, “Historia del pueblo guanche”, 1991.