Situada en un lugar de especial visibilidad y visualidad, desde allí se puede observar un amplio espacio de la isla; entre otras zonas, buena parte del gran valle que está a sus piés, las montañas de La Mérica, La Fortaleza, Alto de Garajonay, la mar y el horizonte.
Esta montaña es simbólica y significativa en la historia y la arqueología de la Gomera. Localizada en una cresta de la cumbre que flanquea Valle Gran Rey por el sur, en el límite de este municipio y el de Vallehermoso, ocupa una posición central entre Ajojar y Teguerguenche, constituyendo una unidad territorial muy importante en el patrimonio arqueológico insular; por sus necrópolis, aras y sitios de manifestaciones mágico-religiosas aborígenes.
Las referencias mencionan que en unas cuevas de este lugar habitaba el indígena Aguamuje, “el adivino” que predijo la llegada por mar de gente extraña, en “pájaros negros con alas blancas” (barcos) portando enemigos a los que era mejor evitar, huyendo de la costa para en las montañas esconderse en cuevas.
Sin embargo, otras versiones dicen que Aguamuje predijo la llegada por mar de gente pacífica y buena, aconsejando a los gomeros hacerles un buen recibimiento.
De una u otra forma, las referencias sobre Aguamuje aluden a un personaje especial muy respetado, por sus facultades para intermediar con la voluntad divina e interpretar el porvenir, cualidades y reconocimiento que, a su vez, le facultaba para ejercer de consejero o mediador en conflictos sociales.



