La Montaña del Adivino.

La Montaña del Adivino vista desde Jerián.

Situada en un lugar de especial visibilidad y visualidad, desde allí se puede observar un amplio espacio de la isla; entre otras zonas, buena parte del gran valle que está a sus piés, las montañas de La Mérica, La Fortaleza, Alto de Garajonay, la mar y el horizonte.

Esta montaña es simbólica y significativa en la historia y la arqueología de la Gomera. Localizada en una cresta de la cumbre que flanquea Valle Gran Rey por el sur, en el límite de este municipio y el de Vallehermoso, ocupa una posición central entre Ajojar y Teguerguenche, constituyendo una unidad territorial muy importante en el patrimonio arqueológico insular; por sus necrópolis, aras y sitios de manifestaciones mágico-religiosas aborígenes.

Las referencias mencionan que en unas cuevas de este lugar habitaba el indígena Aguamuje, “el adivino” que predijo la llegada por mar de gente extraña,  en “pájaros negros con alas blancas” (barcos) portando enemigos a los que era mejor evitar, huyendo de la costa para en las montañas esconderse en cuevas.

Vista desde el barranco de Valle Gran Rey.

Sin embargo, otras versiones dicen que Aguamuje predijo la llegada por mar de gente pacífica y buena, aconsejando a los gomeros hacerles un buen recibimiento.

De una u otra forma, las referencias sobre Aguamuje aluden a un personaje especial muy respetado, por sus facultades para intermediar con la voluntad divina e interpretar el porvenir, cualidades y reconocimiento que, a su vez, le facultaba para ejercer de consejero o mediador en conflictos sociales.   

La Gomera Rural Tradicional.

Paredones de piedra seca y antigua zona de cultivos en las cercanías del pago de Jerián, Chipude.

Actualmente, existe una perspectiva que observa “La Gomera vaciada”, para analizar y describir situaciones rurales actuales de esta isla.

Sin embargo, tiempo atrás, el contexto, las actividades y ocupaciones en “La Gomera rural tradicional” conllevaban situaciones y especificidades muy cuestionables desde una perspectiva sociológica, que es la que utilizo para observar este y otros temas.

Por ejemplo, en el devenir histórico y socioeconómico de la isla, después de la entrada de europeos y la colonización en el S. XV, la tiranía de los Señores y Condes fue dejando paso al caciquismo de otros propietarios que, en diversas etapas y procesos, se fueron adueñando de espacios, poderes y “fuerza de trabajo” de la población campesina y asalariada que laboraba de sol a sol para sobrevivir.

Las características del territorio gomero han condicionado y determinado las situaciones de vida de la población.

Espacios en laderas y barrancos fueron “sorribados” para abrir “bardos” y levantar paredones de “bancales” dónde practicar agricultura de cultivos para obtener productos de autoconsumo así como de exportación.

También, los recursos de los montes y el agua han sido factores de esencial influencia.

En estos procesos, las élites de la clase social más pudiente se adueñaron de los mejores terrenos de cultivo; mientras la gran mayoría de la población campesina vivía de lo que obtenían de sus cultivos situados en zonas marginales, o del producto obtenido por las medianerías y los salarios recibidos por su duro y esforzado trabajo en propiedades de los terratenientes o “amos”.

Sin embargo, la población era mucha y los recursos pocos, y los que existían muy mal distribuidos, con el resultado de extremas y crónicas desigualdades sociales entre “ricos” y “pobres”.

En este contexto, e intervención de otros muchos factores, la emigración fue una válvula de escape para muchas personas que buscaron mejores formas de vida; para con ello disponer de más oportunidades, recursos y mejores condiciones de igualdad y libertad.

En el S. XX, en 1940 la Gomera tenía una población de 29.788 habitantes; 29.899 en 1950; para 1960 había 30.747 y en 1970 bajó a 22.938 (Istac). Si en la década de los cuarenta emigraron unas 5.000 personas, esta cifra fue muy superada en la década de los sesenta, con unas 12.000 personas que salieron de la isla en busca de nuevos horizontes y objetivos.

Posteriormente, demográficamente la isla tocó fondo el año 1991 con una población de 15.963 habitantes; para ascender a 18.273 en el año 2001 y a 21.680 en el año 2011, en la nueva etapa y contexto de las “Sociedades del capitalismo avanzado” y la progresiva concentración de personas en determinados núcleos urbanizados.