La bombona de butano y el monte.

Este depósito de bombonas de gas está situado en un sitio de La Punta de Anaga.

Un día cuatro de octubre, un año en la pasada década de los sesenta,  profesionales forestales (ingenieros y guardas) estaban celebrando un almuerzo en un  restaurante de Anaga, con motivo de la festividad de su patrón S. Francisco de Asís.

Llegado el momento de los postres, tomó la palabra un ingeniero jefe para alabar el trabajo de la guardería y decir que gracias a ellos los montes se habían recuperado y estaban mejor conservado.

Entonces, un guarda jefe se atrevió a matizar: “D. José Antonio, gracias a los guardas no, gracias a la bombona de butano”; manifestando con ello, de una parte, la realidad del cambio de la situación socioeconómica con la llegada de gas y la menor necesidad del uso de leñas en los hogares y, de otra, el menosprecio al trabajo realizado por sus propios colegas y subordinados guardas forestales. 

Por lo tanto, esta sencilla anécdota recuerda realidades y hechos históricos en los montes de esta isla, constatando que, su buen estado de conservación siempre ha estado relacionado con las prácticas, necesidades y usos de la población.