Según me han expresado vecinos, hasta no hace muchos años se observaba la existencia de anguilas en charcos de algunos barrancos de Anaga (Tenerife).
Algunas informaciones sobre las anguilas reseñan que es una especie de animal acuático muy especial, de cuerpo alargado (tipo serpiente), que viven en el mar y en agua dulce, y que en Canarias han existido desde época del pueblo aborigen, que posiblemente las utilizaba como recurso alimenticio (Manuel J. Lorenzo Perera y otros, 2000).
En este sentido, estos autores no observan en la población nativa percepciones negativas hacia este animal, lo que hace inducir que habría otras para cultivar el imaginario social respecto a leyendas de memoria negativa sobre este animal.
Ahora bien, para leyenda relevante sobre anguilas, la que narra el ilustrado lagunero Manuel de Ossuna y Van Den Heede en “Anaga y sus antigüedades” (1897), contenido que, siguiendo la perspectiva que tomo cuando se trata de leyendas, “la cuento como a mí me la contaron”, comparto a continuación:
“Entre los vecinos de la Punta de Anaga es corriente la tradición de que hace muchos años una anguila de enorme tamaño vivía en el Barranco de los Infiernos, garganta situada en un parage recóndito de la misma jurisdicción.
Según cuentan, esta anguila era un monstruo; su cabeza horrible estaba cubierta de pelo y sus ojos estaban siempre dirigidos con una intensidad terrible hacia las personas que eran suficientemente atrevidas para acercarse al charco profundo en que ella yacía.
La criatura inspiraba tal terror en el ánimo de los campesinos de las montañas circunvecinas que llamaron en su auxilio al rector de la parroquia, alegando que debía ser un demonio disfrazado, resultando— según nos asegura la tradición- que la vara (strong hand) de la Inquisición fué levantada sobre las aguas del charco para exorcisar al espirita maligno, con tan buen efecto que desde entonces tienen las aguas un color extremadamente blanco y la apariencia de suero”.






