El 22 de marzo del año 1933, es una fecha de referencia para la historia de la Gomera, dado que, ese día, se produjeron los denominados “Sucesos de Hermigua”.
Grosso modo, comparto aquí algunas notas y percepciones personales para recordar aquellos hechos de tanta relevancia y significado social, para con ello ayudar a mantener la memoria de unos lamentables y dramáticos acontecimientos que tuvieron lugar en este precioso valle del norte de la isla.
En la citada fecha, se había convocado huelga general por la Federación Obrera; acción colectiva que se realizaba en todo el valle motivada por la indiferencia, incomprensión y dejadez del Gobernador Civil y dirigentes políticos, así como por los incumplimientos del acuerdo previo negociado entre representación de trabajadores, Gobierno Civil y empresa contratista para que se ampliara hasta 100 el número de trabajadores en las obras de la carretera del norte.
Hacia el medio día de esa fecha, el cabo de la Guardia Civil de Hermigua se desplaza en una camioneta a buscar refuerzos a Agulo y, al regreso, son interceptados en el Palmarejo por un numeroso grupo de personas que impiden el paso al vehículo con los guardias, para evitar que estos ejerzan acciones de represión contra las personas en huelga.
Hay un tenso diálogo, acciones, se desata la violencia. Cuando los guardias civiles y el agregado multitudinario de la “muchedumbre en tumulto” perpetran los hechos, resultan muertos dos guardias civiles y un trabajador, mientras otras personas también son heridas.
Observados estos datos, más allá de extenderme en el relato de los hechos y profundizar en sus detalles, aquí pretendo hacer un esbozo del caso con unas breves observaciones sobre el contexto y algunos factores que posiblemente influyeron en las actitudes, comportamientos y acciones de las personas que participaron y se vieron envueltas en aquellos sucesos.
En Hermigua, de forma similar a otros pueblos (por ejemplo Vallehermoso), desde principios de siglo había prosperado una economía basada en cultivos de plataneras para la exportación; sin embargo, la gran parte de los rendimientos se la quedaba la élite dominante formada en compadreo por propietarios agrarios, titulares y gestores de empresas y determinados dirigentes políticos; y para hacer cumplir sus deseos y objetivos específicos utilizaban la Guardia Civil para controlar y reprimir a otras personas cuando lo consideraban necesario para proteger sus intereses.
Con la llegada de la II República, en sectores de población extenuada por los abusos de poder, explotación y muy deficientes condiciones de vida se crearon esperanzas de cambio, que no se produjeron con la celeridad esperada; especialmente, dificultados y entorpecidos por las fuerzas reaccionarias conservadoras que pretendían continuar con su poder tradicional y privilegios elitistas.
Mientras los señores y señoritos se enriquecían, vivían con comodidad y disfrutaban sus privilegios a costa del sudor y fuerza de trabajo de otras personas, la gran mayoría de la población malvivía y la clase trabajadora ganaba sueldos de miseria, si es que lograban tener un puesto de trabajo.
Por ejemplo, en las fechas de los sucesos, en las obras de la carretera del norte de la Gomera un trabajador ganaba 3’50 pesetas; mientras en una carretera en Guía de Isora (Tenerife), el 22 de abril del mismo año los trabajadores ganaban 4’50, y promovieron huelga para ganar 5 pesetas.
Por lo tanto, en Hermigua, un municipio con unos 5.700 habitantes (5.664 en el censo del año 1930), en aquella época había muchas personas en desempleo, y las obras de la carretera del norte eran una esperanza para obtenerlo.
Sin embargo, estas expectativas no se cumplieron y se produjo el conflicto colectivo, los sucesos y sus consecuencias.
En el Tribunal militar formado para el juicio de los sucesos, iniciado el 30 de junio de 1934 con gran expectación y trascendencia jurídica y política, entre las 32 personas encausadas se encontraban varias mujeres, a las que especialmente se acusó de promover e incitar a la violencia.
A este respecto, en el contenido del proceso constan como ejemplo determinadas expresiones que mujeres dijeron para motivar a los hombres en huelga mientras impedían el paso a la guardia civil en el Palmarejo; por ejemplo, “si ustedes no saben llevar los pantalones, los llevaremos nosotras”; y, asimismo, hicieron alusiones a que sólo querían tener pan para sus hijos.
En este sentido, percibo que las necesidades y desesperación tendría que ser tan intensa, especialmente en madres que observan y sienten el lloro de un niño de forma incesante por falta de alimentos, o se le muere un hijo por desnutrición, que resulta razonable y humano que las personas se movilicen y actúen con las fuerzas y vías de acción disponibles, para intentar buscar alternativas y cambiar las situaciones y estado de las cosas.
Ahora bien, aunque lo deseable sería que no se produjeran acciones violentas, sin embargo, hay motivaciones y situaciones en que las tensiones y pasiones se desbordan, como en el caso de los sucesos de referencia; especialmente, porque surgieron detonantes que las incendiaron (uso de las armas por los guardias civiles) y, previamente, otros medios pacíficos de acción y negociación colectiva habían sido despreciados y no tomados en cuenta por individuos con poder (Gobernador, políticos y empresario constructor) a los que, según los hechos, poco importaban las situaciones de vida de otras personas necesitadas.
Después del juicio, 5 personas fueron sentenciadas a muerte (sentencias que no se ejecutaron), otras a diversas penas de prisión y varias fueron absueltas.
Cuando en el año 1936, después de celebradas elecciones democráticas, se forma un gobierno de izquierdas, hay una amnistía y estas personas fueron excarceladas. Sin embargo, cuando en julio de ese año se produce el golpe de estado contra la democracia del Estado Republicano, las fuerzas golpistas y falangistas hacen “desaparecer” a personas de Hermigua, entre ellas varias que habían sido encausadas y condenadas por los citados sucesos.
Hasta aquí, el contenido previsto para compartir en este post, dado que, el modesto objetivo que me propuse no ha sido otro que recordar aquellos muy lamentables “Sucesos de Hermigua” que, como otros en la isla, y en otros lugares, han removido conciencias y ocasionado sufrimiento, tristeza y lágrimas derramadas, y considero conviene tenerlo presente, porque, su memoria puede servirnos para intentar prevenir y evitar sucesos de similar naturaleza.
IMAGEN: Pescante de Hermigua. FUENTE: Archivo General Insular de la Gomera

