José Hernández, pionero del boxeo en Canarias.

Acerca de este personaje gomero, el destacado escritor Daniel Marías hace referencia en el medio de comunicación “el Diario.es” (16-06-2015), y el contenido de su mensaje lo interpreto como una metáfora idealista de sueños, iniciativas y logros a conseguir por personas originarias de la Gomera.

Sin embargo, más allá de las ideas y subjetividades, repasemos a continuación noticias sobre las realidades y hechos que promovió y afrontó nuestro protagonista.

Antes que Marcos Chinea (Agulo) participara como deportista amateur en la Olimpiada de México en el año 1968 y, a su vez, el púgil Ramón Marichal (Hermigua) disputara alguno de sus numerosos combates y fuera campeón de España, destacó este otro boxeador nacido en la Gomera, José Hernández Fernández.

José, natural de San Sebastián, probablemente se había iniciado en la práctica rudimentaria del boxeo mediante vínculos con personas que habían regresado de la emigración a Cuba (Alonso Delgado, 2015); sería pionero en impulsar en las islas esta modalidad deportiva, siendo el primer campeón, y participando en el primer combate que se organizó en Canarias.

A este respecto, un escritor experto de esta modalidad deportiva, Antonio Salgado, en el medio digital “ESPABOK”, titula su artículo “El primer combate que se celebró en Canarias”; para a continuación ofrecer información sobre aquél “match” que fue el primero registrado en la historia de estas islas, impulsado por el retador gomero, que adquirió fama porque su puño tenía “la potencia de una coz de mula”.

El 25 de enero de 1925, el periódico “La Prensa” informó que nuestro protagonista se autoproclamó campeón de Canarias de boxeo y, para si algún contrincante quería disputarle el título (categoría “peso pluma”), lanzó el siguiente original desafío boxístico:

“Yo, José Hernández Fernández, natural de San Sebastián de la Gomera, tengo a bien comunicar a usted para que lo haga presente en su periódico, que no habiendo boxeadores de ningún peso en la provincia, me plocamo campeón de Canarias del peso pluma, y doy quince días de plazo para que puedan retarme los que deseen contender conmigo en las debidas condiciones”.

Ahora bien, transcurre el tiempo, y nadie contestó a reto tan singular.

En junio, desde la Gomera, José Hernández insiste y envía un telegrama a los periódicos, cuyo contenido publica la “Gaceta de Tenerife” (24-06-1925), anunciando que “…estando en esta capital su apoderado el señor Pereyra, pueden dirigirse a este, en el Hotel Colón, cuantos deseen concertar un encuentro de boxeo con dicho titulado campeón gomero”.

Ese mismo día, festividad de San Juan, al retador le sale contrincante, José Padrón, que según reseña “El Progreso” (24-06-1925), se ha enterado que en la capital existe buen número de aficionados y aspira a que el “macht” sirva para avivar esa afición y darle carácter público.

Padrón, que jugaba de medio izquierdo en el primer equipo del club de fútbol Iberia (Santa Cruz Tenerife), envía un mensaje al señor Pereira, para que fije la fecha del encuentro, aunque solicitando un plazo prudencial para entrenarse.

El combate se fijó para el domingo 25 de julio, a celebrar en el recién estrenado “Campo de la Avenida”, situado en los alrededores de la Iglesia de la Concepción de Santa Cruz de Tenerife; con encuentro previo de fútbol entre los equipos del Hespérides (La Laguna) y el Laurel (Santa Cruz), así como desafío a cinco agarradas entre dos deportistas de lucha canaria.

El combate despertó extraordinario interés y expectación, ante el acontecimiento antes nunca visto, y para su celebración se construyó un “ring” en el citado espacio deportivo.

Después del encuentro futbolero (que el equipo lagunero ganó por un gol a cero), y la luchada previa entre los afamados luchadores Suárez y Correa, a las dos y media de la tarde comenzó el duelo boxístico, con un solajero y calor que, como se suele decir, rajaba las piedras.

El combate, programado a diez asaltos, de tres minutos cada uno, sólo duró tres “rounds”; hasta que el árbitro, “que la había cogido con el gomero” (Antonio Salgado), lo descalificó.

Resulta que Padrón comenzó con intensidad, mientras Hernández encajaba. Llegado el tercer asalto, Padrón no podía con su alma y ni levantaba los guantes, se agachó y el gomero se le vino encima, con la consecuencia de la incomprensible descalificación, considera Salgado.

El periódico “El Progreso” (27-07-1925), también consideró injusta esa decisión arbitral: “la determinación del árbitro, señor Mellado, fue censurada, por improcedente, entre los conocedores de este deporte. La impresión general fue la de que en el tercer asalto, o en el cuarto, Hernández hubiera dejado fuera de combate a su contrincante”.

Por su parte, el periódico “La Gaceta de Tenerife” (28-07-1925) también trató sobre este acontecimiento y, desde otra perspectiva, publicó que ambos boxeadores se golpearon mutuamente, sangraron y, en resumen, consideró que “el espectáculo del domingo no puede calificarse como “boxeo”, sino una serie de puñetazos sin reglas ni nada que se parezca a un match en serio”.

En este sentido de las reglas boxísticas, especificar que este combate no tuvo efecto oficial para el campeonato de Canarias; porque, Padrón pesaba 60 kilos y 54 José Hernández, por lo que ninguno de los dos estaba en el “peso pluma”. Ante esta situación, el púgil gomero interpretaba que continuaba siendo campeón de Canarias de ese peso.

Posteriormente, estos dos púgiles siguieron retándose y realizaron otros combates. Por ejemplo, el siguiente, celebrado el 23 de agosto de 1925, después de disputarse diez asaltos fue ganado por José Hernández; y en abril de 1925 se celebró una exhibición en San Sebastián, siendo el primer combate de boxeo en la Gomera.

En los periódicos de la época, encontramos diversas noticias sobre esta nueva “epidemia” deportiva, con opiniones a favor y en contra; y sobre este personaje gomero pionero del boxeo en Canarias, sus actividades, manifestaciones y acontecimientos relacionados con esta modalidad deportiva.

Sin embargo, el desenlace lamentable de estas realidades fue que, mientras otras personas se promovieron y montaron sus negocios en el boxeo, nuestro audaz, soñador y simbólico boxeador José Hernández Fernández, que perdió de forma injusta aquel primer combate, y aunque ganó el siguiente y celebró otros posteriores, no obtuvo fortuna ni la gloria que buscaba, dado que, según referencias, pocos años después (1934), en la pobreza más absoluta fallecía en Santa Cruz de Tenerife.