Acerca de las sepulturas en la Iglesia de Vallehermoso.

En una parte del espacio que actualmente ocupa la Iglesia de San Juan Bautista, hasta el año 1632 se encontraba la ermita original (1).

El 12 de julio de ese año, 1632, al poco de ser nombrada parroquia, segregada de la parroquia de la Asunción de San Sebastián, esta ermita recibe al delegado del Obispo, Visitador Lucas Andrés, quién comprueba la pobreza económica de esta “fabrica” (construcción y recursos de una iglesia) y la falta de medios para su mantenimiento, o para obras de ampliación que pretendían los vecinos.

Ante esta situación, y como forma de obtener dinero, el Visitador ordena revisar las “datas” (documentos) de los vecinos que tuvieran sepulturas dentro del espacio de la ermita, para con ello validar sus derechos, actualizar las obligaciones de pago, y disponer del espacio no ocupado para que otros vecinos lo adquirieran a cambio de la cantidad económica que tuvieran que abonar.

En este sentido, debemos resaltar que, durante el S. XVII, disponer en propiedad una sepultura en la iglesia, así como tener derecho de asiento reservado durante las ceremonias religiosas, indicaban el poder y la posición social de las personas que poseían esta titularidad privada, a la vez que era fuente de ingresos para la institución eclesiástica.

Entre las personas propietarias de las sepulturas, encontramos a Luis Santos, arrendador de terrenos en el Barranco de los Guanches y en la zona del Valle Bajo, lugar dónde perdura su nombre en la cercanía de la “Punta del Tributo”, denominación esta que, a su vez, posiblemente hace referencia a este arrendamiento.

Por lo tanto, en la relación de nombres observamos la identidad de personas que, en aquella época, tenían en Vallehermoso especial disponibilidad de capitales: económico, social y, probablemente, también político.

Volviendo a la referencia de la ermita original, sobre su plano (foto adjunta) habían marcadas treinta y siete sepulturas; de éstas, varias estaban vacantes y las otras habían sido adquiridas por sus respectivos propietarios.

Por una parte, tenemos los nombres de las personas propietarias que presentaron “data” (derecho a ese espacio, según croquis): María Morena (nº 3), Felipe Jácome (nº 7), Benito García (nº 3, 9 y 10), Violante Marquesa (nº 11), Gaspar de los Reyes (nº 13), Diego Hernández (nº 16), Baltasar González Borrego (nº 18), y Luis Santos (nº 23).

De otra, observamos personas propietarias que no presentaron “data”, aunque fueron incorporadas al croquis: Francisco Manrique (nº 5), Gaspar de Aguilar (nº 6), los esposos Ambrosio Cuello y María Méndez (nº 8, Salvador Pérez (nº 14), y Francisco Hernández de Aguilar (nº 17).

A su vez, también se hace mención a los propietarios Francisco López (nº 4) y Juan Martín (nº 19) en la capilla del Rosario, aunque no figuran en el croquis.

Concluyo que, estos datos y referencias (Corbella Guadalupe, 2021), tienen mucha relevancia para seguir avanzando en el conocimiento de la Memoria histórica, social y económica de Vallehermoso.

IMAGEN: Croquis de las sepulturas en la ermita de San Juan Bautista (Corbella Guadalupe, 2021).

(1). Previamente a esta, en un sitio cercano al lugar ahora denominado “Triana”, existió la Ermita de Nuestra Señora de la Consolación, “hasta que el barranco la arruinó” (Manuscrito del S. XVIII, en Gloria y Victoria Díaz Padilla, 2015).