Año 1910, Hermigua. Tragedia en la Navidad.

La noticia que vamos a recordar no es ninguna inocentada, sino, la gran tragedia ocurrida la noche del sábado 24 de diciembre del año 1910.

Hermigua.

Mientras un fuerte temporal descargaba viento y lluvia torrencial sobre la isla, un grupo de unas cuarenta personas de la zona del “Lomo de San Pedro”, en el “Valle de Arriba”, ante el pánico que producía la tormenta y las debilidades de sus viviendas, se fueron a refugiar en una casa propiedad del comerciante Domingo Herrera; en un inmueble que a priori consideraron más seguro.

Sin embargo, con el impacto de la tormenta, la casa se derrumbó, matando a veintiuna personas y dejando gravemente heridas a otras seis.

En días posteriores, periódicos de Tenerife ofrecieron noticias sobre esta catástrofe. Entre estas, a continuación comparto contenido publicado el día 28 de diciembre en “La Prensa”:

 “Uno de los sitios más castigados por la tormenta fué el llamado “Valle de Arriba”, donde tenía instalado su establecimiento el honrado industrial D. Domingo Herrera.

La casa hallábase situada en la vertiente de una ladera, en el sitio conocido por “Alameda de los Alamos”. La vivienda, que parecía de sólida construcción, había sido edificada hace unos doce años; era de un solo piso y en sus inmediaciones, en lo alto de la ladera, hállanse unas pequeñas casas.

Los moradores de éstas, en vista de las alarmantes proporcionas del temporal, refugiáronse en la casa del Sr. Herrera.

En pocos momentos congregáronse allí unas cuarenta personas, en su mayoría mujeres y niños.

Cuando todas las familias comarcanas hallábanse reunidas en la casa, prodújose la terrible hecatombe que sembró el espanto y la muerte entre aquellos infelices.

La casa hundióse momentáneamente, sepultando entre los escombros á 27 personas.

De ellas salváronse únicamente seis, que se hallan gravemente heridas.

Imposible describir el horroroso cuadro que se ofreció á la vista de los primeros que acudieron al lugar de la desgracia.

Los ayes de los moribundos y los gritos de los supervivientes oíanse á larga distancia.

Inmediatamente, de un lado á otro del Valle los campesinos con su silbo, apagado por el ruido del vendabal, comunicábanse la noticia de tan horrorosa y espeluznante tragedia.

Desde los primeros momentos el Alcalde y el Juzgado, auxiliados por algunos vecinos, trabajaron sin descanso, haciendo excavaciones entre el montón de escombros para extraer los cadáveres, los cuales fueron identificados.

En estos instantes desarrolláronse escenas tremendamente horrorosas, que nos resistimos á relatar porque el terror sigue apoderado de nuestro espíritu y perdura en nuestra mente la visión de tan inmensa é increíble calamidad.

Perecieron en la catástrofe las siguientes personas:

Francisca García, de 40 años, casada, y sus 5 hijos María, José, Francisca, Siverio y Vicente Medina, todos menores de 20 años. El padre de estos desgraciados, Gabriel Medina, hállase ausente en Cuba.

Afligida Perdomo Morales, de 42 años, y sus 4 hijos Eugenia, Antonia, Gabriel y Domingo Piñero, también menores de 20 años, y cuyo padre se halla igualmente ausente en América.

Juana García, hermana de Francisca, de 45 años, y sus hijos Hildebrando, de 12 años, Feliciana, de 10 y Juan, de 5.

Antonia, Quiteria, José y Concepción Cabrera Paz, de 10 á 20 años, hijos de Agustín Cabrera y Manuela Paz.

Francisco Plasencia Navarro, de 15 años.

Quiteria González García, de 5, y Catalina Paz García, de 10 años.

Además, hállanse gravemente heridas Encarnación Perdomo Morales, de 50 años, su hija Dolores, de 20; Josefa Trujillo López, de 55 años, cuñada del dueño de la venta Domingo Herrera; Tomasa Morales, de 70 años, María Paz, de 50, y María Navarro, madre del muerto Francisco Plasencia.

Todos vivían en elLomo de San Pedro.

Desconócense las demás personas que han sufrido lesiones”.

PIDIENDO SOCORRO.

Ante este desgraciado suceso, el Alcalde del pueblo, D. Alberto Trujillo, telegrafió al Gobernador para informarle de la catástrofe y  pedirle socorro.

Desde el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, se enviaron medios y personas para prestar ayuda; entre ellas un médico municipal, un practicante y un ingeniero agrónomo.

A su vez, se ofrecieron muestras de apoyo desde otras instituciones de Tenerife, y se enviaron donativos y comenzaron a promover actos benéficos para ayudar a las víctimas.

En este contexto, fue muy significativa la intervención y comportamiento del Gobernador; eso sí, ¡brillando por su ausencia! En este sentido, leemos en el citado periódico que:

“…El Ayuntamiento enviará un importante donativo. Además se están organizando actos benéficos. El gobierno, en cambio, no ha dicho todavía una sola palabra. Creerá, acaso, que lo más urgente es cobrar las contribuciones. ¡Delicioso país!”.

Porque, además de la falta de ayuda del Gobernador de la Provincia, el General Eulate, mientras el pueblo de Hermigua sufría las horribles consecuencias de la tragedia y atendía a las víctimas, el Recaudador de contribuciones, un tal Pereira, seguía ejecutando la cobranza de los débitos; hecho que produjo mucha indignación en la vecindad.

Es más, en días posteriores, mientras en Tenerife se organizaban actos solidarios para ayudar a Hermigua y su gente, no hay noticias que demuestren que el Gobernador dispusiera ayuda directamente, ni viajara a la isla; salvo solicitar y recibir informes y  remitirlos al Gobierno del Estado.

Por lo tanto, el Gobernador, General Eulate, se desentendió de la situación.

Posiblemente, estaba muy ocupado en otros asuntos de su interés en aquella época de la Restauración y  sistema político caciquil, infravalorando con ello los informes y solicitud de ayuda del Alcalde de Hermigua, que también requirió su presencia en La Gomera, como consta la reseña de un telegrama publicada en “La Gaceta de Tenerife” (31-12-1910):

“Asi mismo á última hora telegrafía el Alcalde de Hermigua al Sr. Gobernador, pidiéndole asista personalmente á aquel pueblo para que pueda apreciar mejor los daños causados. (Nosotros creemos lo mismo)”.

A su vez, el siguiente texto publicado en “El Tiempo” (31-12-1910) refleja la ausencia del Gobernador y la opinión del corresponsal al respecto:

“¿Por qué no viene Eulate?

Los gomeros todos, unanimemente, se lamentan de que el Gobernador civil Sr Eulate no haya venido á ver los pueblos dagnificados, conforme á lo que en telegrama de ayer comuniqué á ese diario.

Se confía en que el Sr, Enlate llegue aquí de un momento a otro, pues no pueden convencerse de que el representante en estas peñas del poder gubernamental, abandone á los desgraciados en momentos tan calamitosos y mande solo á un inspector de policía.

Urge que persona de tan buenos sentimientos y tan digna como la actual primera autoridad civil de la provincia, se convenza por si propia de la magnitud de tan horrible catástrofe. Corresponsal”.

Como adelantábamos al principio, aunque los inocentes son tantos que hasta se ha dispuesto un día en el santoral para homenajearlos, la noticia aquí recordada no ha sido ninguna inocentada, sino una gran tragedia, poco recordada en las MEMORIAS DE LA GOMERA, a diferencia de otros hechos que se tienen más presente.