La Cañada de la Culata. Vallehermoso, Gomera.

Cañada de La Culata. Vallehermoso, Gomera.

Esta zona se localiza en Vallehermoso, y de su cauce ascienden las laderas que suben, por una vertiente, hasta la base del Roque Cano y, de otra, hasta el Lomo de La Raya en el tramo comprendido entre la “joya de Areru” y Los Picachos, por arriba del Túnel de La Culata.

En las obras de la Carretera del Norte, que enlaza San Sebastián con Vallehermoso, cuando se estaba perforando el citado túnel, la dinamita requerida se descargaba por el Pescante nuevo, se transportaba en un vehículo hasta la “Punta del Molino” y, desde allí, por el “Camino de La Culata” hasta la obra era trasladada sobre los hombros o la cabeza de personas jóvenes y adolescentes del Valle Bajo, a las que la empresa contratista pagaba algún dinero; según información que me ha trasladado, sobre su experiencia vivida, una mujer de mi ámbito familiar.

Por otra parte, recuerdo que, en la década de los sesenta, a la “Presa de don Esteban” (Mora) acudían los jóvenes a bañarse, y aunque los de menor edad queríamos acompañarles, no lo permitían, en una conducta típica tradicional a esas edades en las relaciones entre jóvenes de grupos y edades desiguales.

Sin embargo, los “alevines” teníamos nuestras argucias para llegar hasta los alrededores de la presa, sin acercarnos demasiado, dado que, además de algún “chacaraso” que nos podíamos llevar de los mayores, realmente ese ámbito especial de la presa conllevaba riesgos para niños sin experiencia. Ahora bien, adecuados para esas edades infantiles y prácticas de ocio, también teníamos otros estanques y charcos en diversos sitios del barranco principal del valle.

A su vez, en “La Culata” se cultivaban viñas de la variedad autóctona “forastera”, de las que se han producido muy buenos mostos y vinos; de hecho, en esa cuenca hay un sitio denominado “Los Agares”. En las décadas de los sesenta y setenta, recuerdo acompañar habitualmente a mi familia para cultivar y vendimiar un pedacito de terreno que atendían en esa zona.

Actualmente, el “Camino de La Culata” es un tramo de sendero muy transitado por personas caminantes y excursionistas, en un trayecto que forma parte de la red de senderos de La Gomera

Desde la Gomera a la zafra en Cuba, y retorno.

Población de origen y situaciones en los lugares de destino (Cuba) como factor de influencia en las migraciones desde Gomera.

Mi abuelo José María Ramos Mesa viajó dos veces a Cuba, entre los años 1904 y 1920, para trabajar y ganar algún dinero que después invirtió en comprar algunos pedacitos de terrenos en Vallehermoso. Por lo tanto, “cruzaba el charco”, Atlántico, trabajaba algún tiempo en la isla caribeña y regresaba a la Gomera; mientras, a su vez, por documento notarial delegó en su hermano y mi abuela la potestad para gestionar asuntos y comprar terrenos con el dinero que mi abuelo le enviaba desde Cuba.

Esta práctica migratoria, de ida y retorno, se comprende mejor siguiendo el texto del artículo “La emigración canaria a Cuba durante la ocupación norteamericana (1898-1902)” escrito por Manuel Hernández González y Julio Hernández García (Anuario de Estudios Atlánticos, nº 39, 1993), en el que expresan las situaciones en Cuba y características de la emigración en la etapa de referencia, que aquí interpreto y apunto, grosso modo:

– Con la independencia de Cuba (1898) se inicia la penetración económica norteamericano en la isla, acuden empresarios y empresas de Estados Unidos e importantes extensiones de tierra pasaron a su propiedad y control.

– En ese nuevo contexto, en Cuba se aplica una política migratoria acorde al control e intereses de los hacendados norteamericanos, y se potencia la contratación de fuerza de trabajo canaria, acostumbrada a los duros trabajos del campo.

– A diferencia del pasado, en el que existían objetivos para quedarse a vivir en los lugares de llegada, a partir de 1898 los trabajadores canarios que van a Cuba, en general, tienen por objetivo trabajar duramente allí durante un corto periodo de tiempo, acumular un pequeño capital y retornar a las islas para invertirlo y con ello mejorar sus condiciones de vida y las de su familia; y “este es un rasgo característico de la emigración isleña a Cuba que va a ser general en las tres primeras décadas del siglo XX”.

Por otra parte, añado que, aún observando los contextos específicos, este tipo de emigración se parece mucho a la que posteriormente se realizó desde Gomera al sur de Tenerife, con el objetivo de “hacer la zafra”, ganar algún dinero y regresar a la isla de origen, como, por circunstancias específicas, experimenté personalmente cuando sólo tenía 14 años. Sin embargo, con el transcurrir del tiempo, fue disminuyendo la frecuencia de los viajes de retorno, y muchas personas se fueron quedando a vivir en Tenerife, aunque, sin olvidar sus orígenes e intereses en La Gomera, y normalmente haciendo puntuales viajes de visita.

Una cosa más, de ámbito familiar, curiosamente, a diferencia de “mi abuelo Pepo” que fue a Cuba dos veces y retorno, varios de sus hijos emigraron a América y Tenerife para mejorar sus formas de vida, y no retornaron a su origen, porque, en aquellos tiempos del sistema tradicional de economía rural, las expectativas y resultados no satisfacían sus objetivos personales; y esta también es una característica observada en los análisis sobre migración y algunos lugares de Canarias.

En este sentido, comprendiendo a mis tíos, y a otras muchas personas que han tenido que dejar atrás sus lugares de origen para labrarse un futuro y nuevos objetivos de vida, considero que la realidad de continuar con la actividad rural de campesino tradicional cultivando tierras marginales de baja productividad, aún menos hubiera cumplido esos objetivos personales, especialmente, cuando posteriormente se promovió e implantó el nuevo “sistema capitalista de servicios”.

Ahora bien, recuerdo y tengo grabado en la MEMORIA que, aún contra todo pronóstico, vientos y mareas, nadie olvida y deja de amar su lugar de origen, y lo sé por propia experiencia.

En la imagen adjunta, “mi abuelo Pepo” a principios del siglo XX, José María Ramos Mesa, que, aún con esa pose, ojos dilatados (posiblemente por la tensión de situación dónde aún no había hábito a los selfies) y fuerte carácter que expresa, era una bellísima persona.