Año 1927. El patriarca de El Cedro, Gomera.

La revista gráfica semanal “HESPERIDES” (Santa Cruz de Tenerife), dedicó a la Gomera su edición nº 92 de 11 de octubre de 1927. Los reporteros que viajaron a la isla para recabar datos fueron Eduardo Westerdahl y Enrique Arona.

En los textos y fotos de esta revista, se pueden encontrar datos significativos sobre la isla, sus pueblos, personajes, entrevistas, fotos, anuncios, etc.

En una de las páginas se hace referencia al “patriarca” Domingo Medina, vecino que, según parece, tenía importante poder en el ámbito local del caserío y monte del Cedro; quizás, entre otros posibles motivos, condicionado por sus cualidades personales… y su cuchillo podón, por ejercer de “alcalde pedanio” y, probablemente, por su extensa familia y lo que este hecho podría conllevar en cuanto a las relaciones familiares y su influencia en el poder social local en el contexto de aquella sociedad tradicional.

Ofrecida esta breve interpretación, veamos a continuación el contenido original de referencia:

“El Cedro es el mejor bosque de Gomera, de escalón le sirve la cuesta de los Aceviños. De entrada las columnas centenarias de Alamaqué. Y ya en la puerta del bosque, recinto encantado donde los cerdos se ofrecen a la caza real, la figura venerable del patriarca Domingo Medina, alcalde pedáneo del bosque, aparece en el agasajo de su mano callosa y la simpatía de sus largas barbas de duende.

Dominico Medina hace versos. Su autoridad es sobrada en todo el contorno. Habla así:

—El alcalde dice que el manda aquí; pero en el bosque se hace lo que yo digo.

No quiero que nadie mate mis cochinos. Mis cochinos están marcados. Cuando las madres están todavía en la cama, recién paridas, marco los lechones…

Es sorprendente su vigor. Su optimismo marcha parejo a la fuerza del cuerpo.

—Tengo —continúa—75 años. La de hoy es mi segunda mujer. He tenido 22 hijos: el más pequeño murió hace poco, de unos meses de edad. Las mujeres… decía mi amigo don Emilio Calzadilla…

Y aquí empieza su vanidad, su patriarcado, citando nombres ilustres.

—Mi puntilla…—termina con humor, sacando de la faja un cuchillo podón, de hoja desmedida, limpia, cortante, blanca al sol débil del bosque”.