El próximo 26 de octubre se cumplirán 50 años del inicio del Volcán Teneguía (Fuencaliente, La Palma, 1971). Durante los 25 días que estuvo en activo, jóvenes de Vallehermoso nos desplazábamos al oscurecer de algunos días hasta La Punta del Toril, situada entre Tamargada y Las Rosas, para según entraba la noche observar allá a lo lejos las llamaradas del volcán.
Por otra parte, a finales de los años veinte del pasado siglo no hubo volcanes en activo, aunque, si existieron temblores de tierra que se sentían en La Gomera. En el siguiente texto comparto la experiencia vivida de niña y escrita en su momento por Pastora Ramos Vera, mi madre, acerca de un temblor y la información que le trasladaban en aquella época sobre estos fenómenos naturales:
“Recuerdo que el primer temblor de tierra que yo viví y sentí, estaba descansando al fondo de la Cuesta de la Vaca, estaba sentada en una laja blanca y se movió, un ruido y vibración en la tierra, y enseguida se pasó aquello; nos cargamos y salimos. En ese tiempo se hablaba mucho de la fín del mundo, y decíamos si va a ser la fin; y cuando llegamos nos dijeron que fue un temblor de tierra, y quedamos un poco asustadas, porque nos decían que la fín del mundo sería ajuntarse un lomo con otro y nosotras quedar ahí atrapadas. Hasta los maestros nos hablaban de eso, pero que eso tardaría miles de años, claro, para no asustarnos decían eso”.
A este respecto, en estas islas de naturaleza volcánica, para no asustarnos han existido al menos dos versiones populares para intentar mitigar nuestros miedos relacionados con este tipo de fenómenos naturales y afrontar los supuestos riesgos.
Por una parte, encomendarnos a los ámbitos de la fe religiosa o sobrenatural, sus explicaciones, prácticas y previsiones sobre el mundo terreno y divino.
De otra, soslayar la realidad suponiendo que el supuesto hecho no se ha de producir, o si acontece, será en un tiempo futuro muy lejano cuando no haya posibilidad de que seamos afectados, porque, pasado el ciclo vital ya no estaremos presentes.
Ahora bien, si uno conoce y ha caminado por la “Ruta de los Volcanes” en la Cumbre Vieja, situaciones que por cuestiones laborales experimenté habitualmente entre los años 1982 y 1985, el especial paisaje observado y sentido en ese territorio impulsará necesidades de conocer otras explicaciones sobre la formación natural de estas islas, para con ello comprender que vivimos sobre volcanes y, pronto o más tarde, alguno nos puede afectar en cualquier momento.
En todo caso, en la situación actual con la erupción de un volcán, empatía, solidaridad y mis mejores deseos de ánimo para toda la población de La Palma.

