En las Fiestas Lustrales de Vallehermoso del año 1980 (Gomera), se celebró un acto cultural en el que se exhibió sobre el escenario el “baile de las brujas”, una danza en la que el popular folclorista Pedro Suárez hacía de diablo junto a jóvenes mujeres integrantes del grupo folklórico del “Plantel de Extensión Agraria” que representaban a las brujas, mientras otro joven del grupo tocaba la bandurria.
En relación con estas actividades sobre “Los bailes de brujas en Canarias”, en la Revista de Historia de Canarias, nº 175, editada por la Facultad de Filosofía y Letras de la ULL, el investigador y escritor Domingo García Barbuzano publicó el siguiente texto:
«La isla de La Gomera ha jugado un papel muy importante en la brujería, no sólo por sus ancestrales costumbres y tradiciones brujeriles, sino porque los rituales del mundo supersticioso han sobrevivido hasta hoy, como es el caso del hallazgo en Laguna Grande de cruces rotas y perenquenes acribillados con alfileres, indicios que evidencian una reciente celebración de ceremonias nocturnas, en las que la presencia del baile no deja lugar a dudas por ser un medio de invocación al ser maléfico supremo.
Es importante destacar que La Gomera es la isla que se nos presenta con frecuencia en las coplas brujeriles como lugar de residencia de brujas:
De Canarias somos,
de La Gomera venimos;
no hace un cuarto de hora
que de allá salimos.
Es significativo la existencia en el folklore gomero de bailes que podrían entrar dentro del tipo de los de brujería, ya que en el baile del tambor los bailarines forman enfrentados en dos filas, donde el baile es un simple pretexto para la aproximación entre ambos sexos.
Por ello, el baile del tambor podemos clasificarlo como una danza de requerimiento y rechazo, característica de los bailes de brujería que, desde el siglo XVII, abundan en los procesos inquisitoriales.
Es importante el hecho de que el baile del tambor ha sido la base sobre la que se creó el denominado baile de las brujas, que un grupo de Vallehermoso presentó en las fiestas de 1980, en el que el tajaraste es el ritmo predominante».

