Poesía Bohemia Pulido Salazar. Vallehermoso.

Vallehermoso. Gomera.

El siguiente poema fue escrito en Vallehermoso por esta poetisa con fecha 18 de mayo de 1922 y publicado el 1 de julio de 1922 en “La Voz de Junonia”.


FUE UNA TARDE.
En una tarde del Abril llorido
Quise versar y me faltaba un tema
Para dar curso a las ideas locas,
De que mi mente se encontraba llena.

Llamé a las Musas con ferviente anhelo,
Les ruego a todas que en mi ayuda vengan,
Pero las Musas a mis ruegos sordas
Me dejan sola en la fatal contienda.

Desesperada y renegando entonces
De las deidades que el Parnaso pueblan,
Solté la pluma con desdén rabioso
Cuando una voz a mis oídos llega.

Era un poeta que cantó a mi lado,
Era una lira que a torrentes suelta
Las bellas notas, conque al alto cielo
Un pajarillo su canción eleva.

Era un canario que en las verdes hojas
Ocultamente mi ademán contempla,
Y dándome un ejemplo de su númen
Me dió también una lección amena.

Y al escuchar su cántico divino
Que modulaba en celestial cadencia,
Vi que decía su lenguaje extraño:
¡No evoques las deidades de la tierra!

¡Has como yo, mujer! Así me dijo
El pajarillo, en su canción serena:
¡Has como yo, mujer! ¡Pídele al cielo
Cuando tú quieras que en tu ayuda venga!

¡Pídele inspiración! Pídele númen
Para alabar su sabia Omnipotencia
Y verás como a ti viene a raudales,
La santa inspiración que tanto anhelas!

Así dijo el poeta pajarillo
Y remontó su vuelo hacia la inmensa
Región del eter, y quédeme entonces,
Como aquél que de un sueño despierta.

Aquella tarde del Abril florido
En mi memoria para siempre queda,
Aquella tarde que del cielo vino
Un mensajero, y me prestó su idea.

¡Idea santa, magistral, sublime!
Que iluminando con su antorcha bella
Mi oscura mente, me mostró otro mundo
Con el que mi alma con delirio sueña.

¡Loor a ti poeta pajarillo
Mensajero de Dios y de su idea!
¡Eleva un canto y en mi nombre dile,
Que no me olvide su vondad inmensa!
¡Que no me deje en este mundo triste
Donde tan sólo se me ofrecen penas!
¡Que no desoiga cuando yo demande
Mis pobres ayes y mis pobres quejas!
¡Que no se olvide de llevar mi alma
A la mansión en que mi mente espera
Hallar la calma, de que aquí no goza
Porque es su Patria la Región eterna!