Año 1922. Situación de los montes en la Gomera.

«Esto de los montes en la Gomera, es ya un algo perfectamente serio.
Quizá fuera, este nuevo aspecto de nuestros montes, el único fruto de .nuestra intensa campaña, y ello es bastante. Acaso hemos logrado para alguien, aunque en grado ínfimo, un sentimiento permanente del deber que es lo que constituye en un más alto grado, la verdadera perfección de un carácter como el que requiere un cargo de cierta altura.
De este modo, la buena intención del Ingeniero Jefe que querella en mano ha pretendido amedrentarnos y la actitud amenazante del señor Cabrera, fin y no principio de nuestros montes, no es más que un verdadero triunfo de nuestra causa.
Ahora, que los funcionarios de montes han de saber muy bien, que sus hechos son conocidos aquí y allí; y que para llevar la opinión hacia un convencí miento un tanto pasajero, precísanse hechos una bien marcada limpidez, pues las maneras empleadas hasta hoy nada justifican de lo que debieran justificar.
Téngase mucho cuidado por que como alguien ha dicho, «las maneras de un hombre indican, en cierto, modo su carácter. Son, por decirlo así, la exposición exterior de su naturaleza interna. Demuestran sus gestos, sus sentimientos y su índole. Hay maneras convencionales que no prueban gran cosa; pero las maneras naturales, el producto de los dones que hay en nosotros y que han sido cultivados con esmero, poseen una gran justificación.
En la interpretación fiel de estas lineas, se halla toda la clave de una actitud.
Queda dicho lo que precede, y por decir muchas cosas, entre ella la que sigue:
En Arure, Señor Ingeniero Jefe del Distrito forestal, se hallan depositadas en una casa de don Manuel García, 350 sacos de carbón que según se nos dice han de embarcarse por Taguluche; lacrados, sellados y con el visto bueno del imprescindible Cabrera.
Creemos que esto es de todo punto insubsistente y nada más justo que S. S. procediera en consecuencia con la rectitud que ya conocemos en esta casa y que está patente en hechos no muy lejanos.
Este carbón según hemos podido saber, anda en juego con el Señor Alcalde de Vallehermoso que como ya hemos dicho en otra ocasión ¡es tan hombre! Ha sido llevado a Alojera con la intención de embarcarlo por allí, pero las circunstancias no fueron favorables y fué trasladado al lugar en que se halla.
Si no hay en este asunto una marcada intención en violar, la ley ¿a que este depósito de carbón?
El señor Alcalde de Vallehermoso con su bien ponderada actividad debe aclarar este asunto que de puro turbio parece que lleva fango.
Y el señor Cabrera, que ponga en lo sucesivo el visto, pero no el bueno, porque en estos tiempos que corremos viene el rojo a la cara muy sin novedad. Podríamos decirle algo también, señor Ingeniero Jefe, de sus subordinados que prestan sus imprescindibles servicios en nuestros montes; pero ello no tiene una importancia capital ¿No es lo mismo, que el principal de ellos comercie o no comercie con los montes de nuestra isla. ¿Importa algo acaso, que uno de los peones guardas de Agujo, tenga como ocupación constante el comercio de víveres.
No da igual que S. S. ordene y no se cumpla o que no ordene y se cumpla? Claro, como si se le diera importancia a estas cosillas es como si se le diera importancia a los montes de la Gomera.
¡Y no haber un Dios que venga y lo vea!
Podrían decirse otras cosas de menos importancia aún, como es la de que mediante la entrega de 5 pesetas se da autorización para destrozar el monte; pero como bien se ve, no merece esto ni mencionarse.
Nada, que se han empeñado en destruir lo mejor que tiene nuestra humilde peña, y nosotros nos empeñamos en emborronar cuartillas».


FUENTE: texto publicado en “La Voz de Junonia”, 16 de julio de 1922.