El ejercicio físico en el pueblo aborigen gomero.

El ejercicio físico es juego, y aunque antropológicamente este es su más básico precedente, también presenta su dimensión sacra o religiosa y su dimensión utilitaria de preparación para la guerra.

Por ejemplo, en el caso de la Grecia antigua, se celebraron juegos atléticos en diversos lugares (Juegos Nemeos, Juegos Píticos de Delfos y Juegos Ítsmicos de Corinto), siendo los más famosos y duraderos los Juegos Olímpicos de la localidad de Olimpia, que acontecieron durante más de doce siglos, del año 884 a. C. al 394 de nuestra era (Gillet, 1971).

En la historia del deporte hay referencias de pueblos antiguos que practicaban ejercicio físico para preparar a su población para la guerra, generalmente a los hombres más jóvenes. Este es el caso de Gomera, dónde la población aborigen instruía a sus jóvenes entrenándolos con ejercicios físicos para adiestrarlos en cualidades y tareas de combate.
Así lo recoge el fraile Juan Abreu Galindo, en su Historia de la Conquista de las Siete Islas de Gran Canaria, obra fechada en el año 1632:

“Eran los gomeros gente de mediana estatura, animosos, ligeros y diestros en ofender y defenderse; grandes tiradores de piedras y dardos. Acostumbraban los naturales de esta isla para hacer diestros y ligeros sus hijos ponerse los padres a una parte, y con unas pelotas de barro le tiraban porque se guardasen; y como iban creciendo, les tiraban piedras, varas botas, y después con puntas; y así los hacían diestros en guardarse, burlando el cuerpo, y eránlo en tanto que en e1aire tomaban las piedras y dardos y las flechas que les tiraban con las manos; peleaban con varas tostadas, y andaban en carnes, con solos pañetes de cuero pintados. Cuando andaban de guerra traían atadas unas vendas por la frente, de junco majado tejido, teñidas de colorado y azul, el cual color daban con un árbol que llaman tajinaste, cuyas raíces son coloradas; y con la yerba que se dice pastel, con que dan color azul a los paños” (Abreu Galindo, 1940: 49).

En la imagen, mi hermano Pepito Raya (a la izquierda) juega al palo con Ito Sinibaldo, durante las actividades festivas y culturales del «Tagoror», celebradas el 23 de junio del año 1969 en Vallehermoso, Gomera.

El «vapor Congo» en viaje a la Gomera.

En tiempo de “entretenimiento”, ocio y hobby, ocupado en bucear por los mares del conocimiento en Canarias, he recuperado y comparto en este espacio un texto que es transcripción de un artículo del diario “El Tiempo” (Santa Cruz de Tenerife), publicado en su número 440 de fecha 10 de octubre de 1904, y con autoría de firma A.P.J.

Como se observa en el contenido del texto, en esa época de principios del S. XX, salvo en los puertos de Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife dónde existían muelles, los barcos fondeaban en las bahías (puertos), y pasajeros y mercancías se transportaban en lanchas hasta y desde el correspondiente desembarcadero situado en algún lugar de la costa.

En el caso de Vallehermoso, también se operaba con estas prácticas de fondeo y uso de lanchas, aunque, según esta referencia, y otras, es muy posible que en 1904 ya existiera el primer artilugio del “Pescante de los García”, el primero construido en La Gomera, o “Pescante Viejo” como ha sido popularmente conocido por los vecinos de aquél valle hermoso.

TEXTO DEL ARTÍCULO:

Galantemente invitado nuestro periódico por Mr. F. S. S. Bellamy, Jefe de la respetable casa Elder, Dempster y Cª, para el primer viaje del vapor Congo por los puertos del Sur de esta isla y algunos de la Gomera, recibí encargo del Director de El Tiempo para emprender el citado viaje, comisión que me fué en extremo agradable, por cuanto además de contar anticipadamente con las comodidades que había de tener á bordo, dadas las condiciones del vapor, iba á recorrer puertos por mi no vistos y localidades que siempre había tenido deseos de conocer.

El timbre del reloj despertador me avisó que eran las 5 de la mañana. A las 5 y media me hallaba en el muelle y minutos antes de las 6 presenciaba desde la toldilla alta del vapor Congo, todas las operaciones preliminares para la salida del puerto de aquel hermoso buque.

Mr. Bellamy, puntual, como todos los hijos de Albión, se impacientaba por la tardanza de algunos invitados. No hay que decir que varios de estos, siendo españoles, se temaron la tradicional media hora á que se tiene en España derecho por una ley que todos hemos sancionado aunque no la ha publicado la Gaceta.

Funcionó la maquinilla de levar, la sirena dio tres pitazos y empezamos á navegar con rumbo al Sur en mar bonancible y disfrutando la agradable temperatura de nuestro privilegiado clima.

Como invitados iban en el Congo el propietario de S. Miguel D. Tomás Bello y un hijo, D. Nicolas Redecilla, D. José Siliuto, D. Guillermo Diaz, Agente del vapor en Abona, y un hijo, D, Diego Crosa y Costa, el agente en el puerto de Guia y un servidor de los lectores.

Treinta y ocho eran los pasajeros de 3ª clase que aprovechaban el magnifico vapor y el convenientisimo billete gratis que la casa Elder había puesto en sus manos.

En cosa de una hora pasábamos á la altura de Candelaria y á la hora y media de nuestra salida de esta Capital, fondeábamos en Abona. Alli se quedaron varios pasajeros, embarcaron otros, entre ellos nuestro estimado amigo y rico propietario del Sur, D. Antonio García Izquierdo, que había de ser nuestro compañero de viaje hasta Los Abrigos. Abona es un bonito puerto, susceptible de mejorarlo mucho construyéndole un pequeño muelle que, según me dicen personas que tengo por competentes, habría de resultar muy económico: unas cuantas miles de pesetas. Si el Gobierno, como es de esperar, atiende la petición acordada en estos días por la Excma. Diputación provincial, es seguro que el desembarcadero de Abona será de los que primero se ejecuten, porque tiene en su favor un importantísimo factor: la economía.

Levose nuevamente anclas y para el Médano. Mi amigo García Izquierdo me enseña la carretera, recientemente construida entre el puerto y el pueblo de Arico. Extráñame no ver carruaje alguno y el amigo citado me dice que aún no esta la carretera en poder del Estado, á pesar de que se halla terminada desde hace meses, y que solo se permite el paso á pié y á caballo.

Nueva extrañeza y el propósito, que ahora realizo, de formular esta pregunta á mi distinguido amigo D. Prudencio Guadalfajara:

¿Qué causas dificultan la entrega de la carretera de Abona?

Una hora escasa de marcha y fondeamos en el Médano. Nuevo trasiego de pasajeros, entre los que se cuentan D. Marcos Sánchez y su esposa, D.ª Rosa Pomar y su linda hija Consuelo, el Juez municipal de Granadilla y otras varias personas. El número de invitados auméntase con mi antiguo amigo José Frías Pomar, que ha de acompañarnos á la Gomera. Este me informa de que allí también hay carretera pendiente de entrega al Estado. Tomo de ello nota hoy, y como consecuencia hago esta pregunta:

¿Qué causas dificultan la entrega de la carretera del Médano?

D. Tomás Bello, el Decano de la expedición, según Crosita, nos dice adiós en Los Abrigos y alli también se queda Garcia Izquierdo, si bien nos ofrece, al despedirse, que el dia 8, al retorno del vapor, nos acompañará otro rato para volverse á Abona. Quédanse igualmente varios pasajeros de 3.ª y cúbrense estas bajas con nuevos y agradecidos touristas.

Los Cristianos, Adeje y San Juan de Guia, tres buenos puertos que, como los que llevamos ya recorridos, piden que se les haga justicia en forma de modestos muelles que eviten los peligros y molestias actuales para embarque y desembarque. Háganse esos muelles en Los Abrigos, Los Cristianos, Adeje y San Juan, constrúyanse carreteras desde San Miguel, Arona, Adeje y Guia y se prestará un gran beneficio á esa parte del Sur de Tenerife.

Ya bien entrada la noche deja(ja)mos las costas de Tenerife. Desde el fondeadero de Guia percibíanse los destellos del faro que señala el puerto de San Sebastián en la Gomera, á donde llegamos á las 10 de la noche. Allí quedó nuestro agradable compañero de viaje, el Sr. de Ascanio, quien, como hombre práctico y conocedor de toda la costa Sur de Tenerife y de la Gomera, nos tenia el corriente de los nombres de las localidades que desde á bordo se divisaban, las condiciones de los puertos que visitábamos, los sucesos históricos culminantes é infinidad de curiosidades que á no ser por la afable conversación del Sr. De Ascanio, hubieran pasado inadvertidos.

Dejamos la capital de la Gomera á las 6 y media de la mañana del 7 y casi á un tiro de piedra de la costa navegamos con rumbo á Vallehermoso, contemplando los magníficos panoramas de Hermigua y Agulo, comprobándose cuanto antes nos habia contado el Sr. Ascanio. Al saludo que el Gongo hiciese con la sirena á su llegada á Vallehermoso, contestó la bandera española que flotaba en el edificio-almacén de empaque de frutos que situado en elevada roca, poseen alli los Sres. García.

Aunque desembarcamos no pudimos ver dicho «Hermoso valle» por no disponer del tiempo necesario para ello: el vapor nos llamaba con muchos pitazos cortos y más que de prisa nos reembarcamos trayéndonos al mayor cosechero de tomates y plátanos de la Gomera, al Sr. D. Domingo Garcia González. Cuando llegamos al costado del buque, nos explicó Mr. Bellamy, desde la toldilla, el por qué nos habia llamado con urgencia: eran las 10 y el almuerzo nos esperaba.

Observo que llevo ya escritas muchas cuartillas y que aún no he dicho nada del buque que nos conduce, del magnifico trato que se nos dá á bordo, de las comodidades de que disfrutamos los pasajeros y de las ventajas del servicio que inaugura el vapor Congo, puntos, todos ellos á cual más importante, pues sí las facilidades que al tráfico de pasajeros y carga reporta el vapor, son de utilidad pública, valga la frase, las confortables colaciones con que Mr. Bellamy nos ha atendido durante tres días, son también de utilidad privada, y el callarlas sería, cuando menos, muestra de ingratitud, fea condición que no poseía ninguno de los invitados á tan agradabilísima excursión. Hablo en cuanto á esta protesta, con plenos poderes de mis compañeros de viaje.

Fáltame, pues, mucho que decir; pero como todo lo que yo escriba no me lo han de publicar en un solo número, porque ya oigo que sobra material, interrumpo mi narración en el momento en que el Congo leva anclas en Vallehermoso con rumbo á Tenerife y se encuentra la cámara del buque convertida en espléndido comedor en donde se almuerza con voraz apetito.

¡Qué mejor oportunidad!

A. P. J.

Poesía Bohemia Pulido Salazar. Vallehermoso.

Vallehermoso. Gomera.

El siguiente poema fue escrito en Vallehermoso por esta poetisa con fecha 18 de mayo de 1922 y publicado el 1 de julio de 1922 en “La Voz de Junonia”.


FUE UNA TARDE.
En una tarde del Abril llorido
Quise versar y me faltaba un tema
Para dar curso a las ideas locas,
De que mi mente se encontraba llena.

Llamé a las Musas con ferviente anhelo,
Les ruego a todas que en mi ayuda vengan,
Pero las Musas a mis ruegos sordas
Me dejan sola en la fatal contienda.

Desesperada y renegando entonces
De las deidades que el Parnaso pueblan,
Solté la pluma con desdén rabioso
Cuando una voz a mis oídos llega.

Era un poeta que cantó a mi lado,
Era una lira que a torrentes suelta
Las bellas notas, conque al alto cielo
Un pajarillo su canción eleva.

Era un canario que en las verdes hojas
Ocultamente mi ademán contempla,
Y dándome un ejemplo de su númen
Me dió también una lección amena.

Y al escuchar su cántico divino
Que modulaba en celestial cadencia,
Vi que decía su lenguaje extraño:
¡No evoques las deidades de la tierra!

¡Has como yo, mujer! Así me dijo
El pajarillo, en su canción serena:
¡Has como yo, mujer! ¡Pídele al cielo
Cuando tú quieras que en tu ayuda venga!

¡Pídele inspiración! Pídele númen
Para alabar su sabia Omnipotencia
Y verás como a ti viene a raudales,
La santa inspiración que tanto anhelas!

Así dijo el poeta pajarillo
Y remontó su vuelo hacia la inmensa
Región del eter, y quédeme entonces,
Como aquél que de un sueño despierta.

Aquella tarde del Abril florido
En mi memoria para siempre queda,
Aquella tarde que del cielo vino
Un mensajero, y me prestó su idea.

¡Idea santa, magistral, sublime!
Que iluminando con su antorcha bella
Mi oscura mente, me mostró otro mundo
Con el que mi alma con delirio sueña.

¡Loor a ti poeta pajarillo
Mensajero de Dios y de su idea!
¡Eleva un canto y en mi nombre dile,
Que no me olvide su vondad inmensa!
¡Que no me deje en este mundo triste
Donde tan sólo se me ofrecen penas!
¡Que no desoiga cuando yo demande
Mis pobres ayes y mis pobres quejas!
¡Que no se olvide de llevar mi alma
A la mansión en que mi mente espera
Hallar la calma, de que aquí no goza
Porque es su Patria la Región eterna!

C. F. Leones. San Sebastián de la Gomera.

C.F. Leones.

En días festivos de verano, el C. F. Leones de San Sebastián era invitado a jugar partidos de fútbol en el campo «El Tarajal» de La Playa de Vallehermoso.
Por otra parte, recuerdo aquél partido que el Leones jugó en el campo del volcán de Arafo, a mediados de la década de los setenta, que ganó y le permitió subir a Primera Regional, en aquél entonces máxima categoría del fútbol de competición federada en las islas.
Recuerdo la tensión de las muchas personas de Gomera que vivíamos en Tenerife y fuimos a apoyar al Leones. Durante el primer tiempo hubo mucha incertidumbre, cuando el equipo de Arafo se adelantó en el marcador, hasta que el Leones remontó en el segundo tiempo para ganar el partido y con ello convertir aquél lugar en una fiesta gomera.
La siguiente temporada deportiva en Primera Regional, allí dónde el Leones iba a jugar, el campo se llenaba de personas de la Gomera, y el club local subía los precios de las entradas, hecho este que no amilanaba a la afición gomera, más bien era un estímulo de prestigio social al considerarse relevante la presencia identitaria gomera en esos ámbitos deportivos, a la vez que suponía un lugar de encuentro social y personal.

Equipo de fútbol del Vallehermoso, Gomera.

En el campo «El Tarajal» de La Playa de Vallehermoso, se vivieron partidos de fútbol con grandes pasiones y emociones desbordadas, siendo a su vez motivo de encuentros, ocio y disfrute personal y social.
Tenía mucha relevancia el partido que se celebraba el 15 de agosto, fiesta de la Candelaria, para el que se invitaba a otro equipo de la isla; especialmente al Leones o Junonia de San Sebastián, únicos equipos federados en La Gomera en aquellos tiempos.
En la imagen, el equipo de Vallehermoso, formado para una de aquellas fiestas de la segunda mitad de la década de los sesenta; los jugadores situados de izquierda derecha:
De pie: Lolo Raya (portero); Julio Goya; Pepito Raya; Miguel Angel Noda; Joseito Méndez; Juanito Hernández (portero).
Agachados: Manolín Hernández; Jorge Hernández; Goyo Ramos; José Enrique Arteaga; Román Padrón; Majín Medina.

La fiesta de Chipude. Gomera.

Chipude, la Gomera.

¡Vamos pa` la fiesta!
En Gomera, Chipude es un lugar muy emblemático e importante, con mucha historia, y pueblo de personas con mucha honestidad y compromiso social.
Hoy, 14 de agosto, lo normal es que se estuviera celebrando un tronco de fiesta en Chipude.
Recuerdo un año, creo fue en 1981, que terminada la fiesta de amanecida, metido en un saco de dormir me quedé a dormir un rato encima del escenario, hasta que llegado el medio día una orquesta comenzó a tocar, colocada en una parte del escenario, mientras yo y algunas otras personas estábamos en la otra; y allí estuve escuchando la música un rato, mas bien «escarapela» que machacaba mi cabeza a aquellas horas del mediodia (discúlpeme la orquesta), hasta que mi cerebro me exigió levantarme e ir a por un café,… para tomar ánimos y,…continuar con la fiesta.
Espero, pasada la pandemia, pronto volvamos a encontrarnos un 14 de agosto por la noche en la Fiesta de la Candelaria en Chipude.

Migración.

A finales del pasado mes de junio, viajaba en un barco desde Gomera a Tenerife y cerca de Los Cristianos el buque redujo marcha y giró para posicionarse cerca de un barquito cayuco, a la deriva, en el que viajaban varias personas.

En aquél momento, mientras el gran y moderno Ferry paraba y desviaba su rumbo para cumplir con la ética humanitaria y las normas de auxilio en navegación, yo me alegraba mucho por ello y también percibí solidaridad en otras personas a mi alrededor, a su vez, me acorde del “Campante”, aquél gran barco que no auxilió a las personas que viajaban en el Telémaco.

Un nueve de agosto del año 1950, ante la necesidad de migrar para América, 171 personas vecinas de estas islas se pusieron en marcha viajando en el Telémaco en busca de oportunidades de vida, hacia nuevos horizontes y siguiendo al sol a través del Atlántico.

El gran poeta popular Manuel Navarro Rolo expresó aquél sentir y compartió su memoria en las “Décimas del Telémaco”:

Pasó un vago pensamiento
por hijos de la gomera
cuál la nube pasajera
que va por los elementos
tras continuos sufrimientos
peripecias y tristuras
para lanzarse a la anchura
de tan penoso camino
a luchar con el destino
de sedientas aventuras.
(…).

Año 1922. Situación de los montes en la Gomera.

«Esto de los montes en la Gomera, es ya un algo perfectamente serio.
Quizá fuera, este nuevo aspecto de nuestros montes, el único fruto de .nuestra intensa campaña, y ello es bastante. Acaso hemos logrado para alguien, aunque en grado ínfimo, un sentimiento permanente del deber que es lo que constituye en un más alto grado, la verdadera perfección de un carácter como el que requiere un cargo de cierta altura.
De este modo, la buena intención del Ingeniero Jefe que querella en mano ha pretendido amedrentarnos y la actitud amenazante del señor Cabrera, fin y no principio de nuestros montes, no es más que un verdadero triunfo de nuestra causa.
Ahora, que los funcionarios de montes han de saber muy bien, que sus hechos son conocidos aquí y allí; y que para llevar la opinión hacia un convencí miento un tanto pasajero, precísanse hechos una bien marcada limpidez, pues las maneras empleadas hasta hoy nada justifican de lo que debieran justificar.
Téngase mucho cuidado por que como alguien ha dicho, «las maneras de un hombre indican, en cierto, modo su carácter. Son, por decirlo así, la exposición exterior de su naturaleza interna. Demuestran sus gestos, sus sentimientos y su índole. Hay maneras convencionales que no prueban gran cosa; pero las maneras naturales, el producto de los dones que hay en nosotros y que han sido cultivados con esmero, poseen una gran justificación.
En la interpretación fiel de estas lineas, se halla toda la clave de una actitud.
Queda dicho lo que precede, y por decir muchas cosas, entre ella la que sigue:
En Arure, Señor Ingeniero Jefe del Distrito forestal, se hallan depositadas en una casa de don Manuel García, 350 sacos de carbón que según se nos dice han de embarcarse por Taguluche; lacrados, sellados y con el visto bueno del imprescindible Cabrera.
Creemos que esto es de todo punto insubsistente y nada más justo que S. S. procediera en consecuencia con la rectitud que ya conocemos en esta casa y que está patente en hechos no muy lejanos.
Este carbón según hemos podido saber, anda en juego con el Señor Alcalde de Vallehermoso que como ya hemos dicho en otra ocasión ¡es tan hombre! Ha sido llevado a Alojera con la intención de embarcarlo por allí, pero las circunstancias no fueron favorables y fué trasladado al lugar en que se halla.
Si no hay en este asunto una marcada intención en violar, la ley ¿a que este depósito de carbón?
El señor Alcalde de Vallehermoso con su bien ponderada actividad debe aclarar este asunto que de puro turbio parece que lleva fango.
Y el señor Cabrera, que ponga en lo sucesivo el visto, pero no el bueno, porque en estos tiempos que corremos viene el rojo a la cara muy sin novedad. Podríamos decirle algo también, señor Ingeniero Jefe, de sus subordinados que prestan sus imprescindibles servicios en nuestros montes; pero ello no tiene una importancia capital ¿No es lo mismo, que el principal de ellos comercie o no comercie con los montes de nuestra isla. ¿Importa algo acaso, que uno de los peones guardas de Agujo, tenga como ocupación constante el comercio de víveres.
No da igual que S. S. ordene y no se cumpla o que no ordene y se cumpla? Claro, como si se le diera importancia a estas cosillas es como si se le diera importancia a los montes de la Gomera.
¡Y no haber un Dios que venga y lo vea!
Podrían decirse otras cosas de menos importancia aún, como es la de que mediante la entrega de 5 pesetas se da autorización para destrozar el monte; pero como bien se ve, no merece esto ni mencionarse.
Nada, que se han empeñado en destruir lo mejor que tiene nuestra humilde peña, y nosotros nos empeñamos en emborronar cuartillas».


FUENTE: texto publicado en “La Voz de Junonia”, 16 de julio de 1922.