El «vapor Carmen» recibido a tiros en la Gomera.

A finales del año 1906, se extiende la incertidumbre y preocupación en Canarias por un supuesto brote de peste bubónica en Santa Cruz de Tenerife. Mientras la población muestra su preocupación y se propagan noticias sobre esta posible situación de epidemia, desde otros ámbitos que priorizaban intereses económicos defendían su inexistencia.
En este complejo contexto, el vapor Carmen, que realizaba rutas comerciales periódicas entre Santa Cruz y diversos “puertos” de La Gomera, en enero de 1907 fue recibido con rechazo (en algunos lugares con algunos tiros de revolver) en San Sebastián, Playa Santiago, Valle Gran Rey y Hermigua; mientras el cacique liberal Leoncio Bento le abrió las puertas en Agulo, para con ello priorizar el negocio de la exportación de frutos.
En Vallehermoso, el todopoderoso cacique conservador Domingo García, propietario del pescante viejo, había pretendido algo similar; sin embargo, el alcalde y otras personas del pueblo, portando revolver, hicieron levar anclas al Carmen y con ello prevenir y evitar la posibilidad de propagación de la peste bubónica en el Valle.
Veamos datos de la noticia publicada en el periódico “El Progreso” sobre este episodio:

En San Sebastián:
“Convencido el capitán del buque, de que no sería admitido, pues no era cosa fácil convencer á nuestros hermanos, los gomeros de San Sebastián, se retiró de aquel puerto, no sin antes enterarse, con toda certeza, que el correo interinsular no había tomado ni dejado correspondencia durante las tres semanas últimas”.

En Playa Santiago:
“(…), se repitió la misma escena que en aquel puerto, con la sola diferencia de que allí el pueblo, obraba en esa forma según por una comisión se dijo al capitán, obedeciendo órdenes terminantes de las autoridades de la villa de San Sebastián”.

En Valle Gran Rey:
“A las 7 de la mañana del día 1º llegó el Carmen á este puerto y al tocar la bocina para llamar al señor Consignatario, surgieron de aquellas riscosas playas más de doscientas personas armadas con carabinas, revólveres y palos, los que vociferaban como energúmenos que no se acercara la lancha del vapor al muelle de los Sres. La Roche y Crosa, hacia el que corría aquel abigarrado ejército. Al poco rato sonó un tiro de revólver y enseguida un sin número de cohetes voladores. ¡Parecía la fiesta del Cristo de la Laguna!”

En Vallehermoso:
Al llegar á este puerto, los atribulados pasajeros no encontraron en la playa á ningún vecino y antes de saltar, adoptaron el prudente, ¡y tan prudente! acuerdo de enviar al señor Alcalde D. Juan Ascanio y Trujillo, el oficio del Sr. Gobernador, con un mozo que se hallaba en aquella playa.

Mientras esperaban la contestación á dicho oficio, hablaron con el conocido y respetable comerciante de aquel Valle, D. Domingo García y González, quien les mostró su asombro ante las medidas adoptadas por el Alcalde de incomunicarse por completo con Tenerife, causando gran daño á los intereses de aquel Valle, cuya principal riqueza consiste en la exportación de frutos, pues como persona sensata, entiende, que aun existiendo en esta ciudad, la enfermedad que por dichas autoridades se supone, sólo debería prohibirse la importación de mercancías no desinfectadas, pero jamás la exportación.

Y cuando tan agradable plática sostenían con el amable Sr. García surge, de improviso, el alcalde, con su séquito correspondiente, enarbolando tanto él como sus acompañantes, en las respectivas diestras, un respetable revólver.

¡Para á bordo! Para á bordo fueron las frases que el atento alcalde dirigió á los tripulantes de la lancha, si no querían morir, atravesados por las balas de su revólver, frase que repitieron todos los acompañantes, enarbolando sus armas, de una manera tan simétrica, que hizo recordar al capitán y sobrecargo del Carmen, el célebre coro dé los puñales de Hugonotes, actuando de tenorino D. Ramón García Ascanio, con su revólver amartillado”.

En Hermigua:
En este pueblo tampoco atienden á razones. También quieren fiesta y lanzan sus cohetitos á saturar el ambiente. (…). En esto, el conocido propietario don Leoncio Bento les suplicó que fuesen al pueblo de Agulo, donde recibiría la correspondencia particular y oficial, y podían tomar y dejar la carga que quisiesen”.

En Agulo:
“En la playa de este pueblo esperaban á los viajeros de esta aventura, D. Leoncio y D. Ramón Bento, el médico, D. Domingo Casanova y el Juez municipal don Rosendo Carrillo, los cuales no solo cumplieron la promesa hecha por el Sr. Bento en Hermigua, sino que les atendieron con galantería, protestando de la conducta de sus paisanos y ofreciéndoles, que en aquel puerto podían siempre hacer operaciones, cualquiera que fuera la actitud en que se colocaran los demás”.

Imagen: Vallehermoso. Pescante de Los García o pescante viejo. Archivo General Insular de la Gomera.