Hernán Peraza, era un “hombre sin conciencia, soberbio y brutal” (Wölfel, en Revista del Museo Canario, nº 1, 1933).
Por lo tanto, no es de extrañar que, ante las situaciones de tiranía y abusos de poder de este individuo, se produjera en la isla una primera rebelión en 1484. En ayuda de Peraza acudió el conquistador y gobernador de Gran Canaria, Pedro de Vera, quién después de cometer atrocidades masacrando con crueldad, se llevó esclavizadas para Canaria más de doscientas personas aborígenes de la isla.
Pasado un tiempo, dado que el señor feudal continuó con su despotismo, en 1488 gomeros promovieron hacer justicia y, aunque el objetivo era prender al señor, mataron a Hernán Peraza. Y para allá volvió Pedro de Vera, esta vez en ayuda de la señora viuda Beatriz de Bobadilla y su camarilla servil encerrada en la Torre del Conde; y el conquistador se empleó de nuevo con su ya demostrada crueldad. Comportamiento inhumano que también practicó contra los gomeros esclavos cuando regresó a Gran Canaria.
Sobre este contexto y hechos históricos, Gómez Escudero relata el caso milagroso de Pedro Aguachiche; personaje este al que presenta con ingenuidad y honestos deseos de demostrar su inocencia una y otra vez; posiblemente, la razón de ser de un humano virtuoso socializado de esa forma en su cultura aborigen y, quizás, también confiando en las ideas que le habrían inculcado los mensajeros de las nuevas creencias religiosas del cristianismo, aún sin observar que, una cosa era la teoría religiosa y otras su puesta en práctica.
Veamos el texto de Escudero:
“Fueron diversos los géneros de muerte, porque ahorcó, empaló, arrastró, mandó echar a la mar vivos con pesas a los pescuezos, a otros cortó pies y manos vivos, y era gran compación ver tal género de crueldad en Pedro de Vera.
A los niños y niñas repartió el Gobernador a su voluntad, dándolos de regalo pr. esclavos a quién él quería, también llenó un navío de estos muchachos y envió a vender p.ª gastos de la gente de guerra. Y como el proceso o información que hizo hacía cómplices a todos los gomeros que estaban en Canaria que habían ido a la Conquista con su Señor, y a otros después, que serían todos mas de trescientos, en q. habían avisado que se alzasen con la tierra. Callóselo por entonces, y echas estas justicias, despidióse de la Gomera y pasó a Canaria, onde dio aviso a los Conquistadores de Guía, Telde, Arúcas y otras partes, que a estos prendiesen, y aquí hizo lo mismo; ocupando muchas jorcas y empalizadas de cuerpos de hombres, hechó muchos vivos a la mar atados y llevados en barcos, para que fuesen bien lejos.
Caso milagroso de un gomero que es digno de tenerlo muy en memoria y sucedió así; este se llamaba Pedro de Aguachiche y estaba en Canaria, sacáronlo de la cárcel con otros para ajorcar, y estando todos colgados se cayó la horca y este quedó aun vivo y mandó Pedro de Vera que lo volviesen a la cárcel y el dia siguiente lo sacaron atado y llevaron embarcado a echar con la pezga (¿) bien a lo largo echáronlo y vínose el barco y de allí a rato, también Aguachiche desatado y muy alegre y fuese en casa de Pedro de Vera y díjole: Señor vesme aquí, no me hagas mal por amor de Dios y de Santa Catalina, que yo no tengo culpa, enojado Pedro de Vera lo mandó llevar a la carcel, y el otro día mandó llamar a Juan de San Juan de Aráis de un barco que llevase a aquel gomero y se lo echase a la mar muy fuera a lo largo atado de pies y manos y mirase como lo ataba.
El Araez lo cumpió mejor de lo que se lo mandaron la primera vez, y ahora a la ley de Bayona junto a los Roques de las Isletas: Venido el Araez y dio certificación de ello: A el día siguiente viene otra vez Aguachiche, y entrase en casa de Pedro de Vera, vezme Señor como no tengo yo culpa, quedó absorto Pedro de Vera y preguntóle que era lo que tenía o como se libraba y él estando ante mucha jente dijo: Señor, yo antes que echar a mi a la mar llamar a Santa Catalina y estando ya en el mar viene a mi una mujer vestida de blanco y me desata y pone delante de mi dos hombres y el agua se me aparta y vengo andando y salgo fuera como hasta aquí. Oído esto se aturdió el Gobr. y los circunstantes tomaron mucha devoción a Santa Catalina de Alexandría y que muchos años había en su tierra esta devoción: Pedro de Vera le hizo vestir y despues murió muchos años y hallóse en la Conquista de Tenerife y la Palma después”.
FUENTE: “Historia de la conquistas de la Gran Canaria”, por el capellán y Licenciado Pedro Gomez Escudero. Prólogo de Dacio V Darias y Padrón, mayo de 1936. Gómez Escudero escribió su obra en la segunda mitad del S. XVI (A. Vizcaya Carpenter, en Revista de Historia nº 101-104, 1953).
IMAGEN: vista parcial de escultura en La Puntilla, Valle de Gran Rey.