
En algunos municipios de Canarias, por ejemplo Mazo y El Paso en La Palma, Agulo y Vallehermoso en La Gomera, La Esperanza en Tenerife, existen lugares denominados “Las Rosas”.
Admitiendo que los topónimos se forman a partir de una necesidad, y denominar algo de una manera es una necesidad de comunicación, en este sentido, como bien plantea Eladio Santana Martel en su tesis doctoral, “quizá la primera pregunta que surja sea por qué a un determinado lugar lo hemos llamado así, y no de otra manera; qué nos ha movido a darle tal denominación” (Santana Martel: “La toponimia de Gran Canaria. Estudio Morfosintáctico y Estadístico”, 1998: 32).
A su vez, el citado autor comparte en su tesis la hipótesis de trabajo de Morala (1992), quién señala: “…todo topónimo fue en sus orígenes un nombre común y, por consiguiente, aunque sincrónicamente hoy sólo sea una secuencia de sonidos cuya única función es la identificar una parte del espacio geográfico, desde una perspectiva diacrónica tiene también un significado que, en sus orígenes, estaría perfectamente claro para los hablantes que comenzaron a usarlo”.
En esta perspectiva, en cuanto a buscar respuestas a la cuestión del título de este post, ¿Las Rosas o Las Rozas?, dada la localización de estos lugares, situados en zonas de medianías, en el monte o en su cercanía, dónde también existen diversos parajes y fincas que en su denominación contienen la palabra “rosa” (por ejemplo: “la rosa”, “la rosa de…”, “…de la rosa”, “banda de las rosas”, “rosa de las piedras”, etc.), bien se podría pensar que la denominación del topónimo deriva de la palabra “roza”; esto es, acción y efecto de rozar, o bien zona de monte que después de la conquista fue rozada, limpiada de vegetación y roturada por colonos para poner en cultivo la tierra.
