La planta de la caña de azúcar procede de Nueva Guinea; los portugueses la introdujeron en Madeira hacia el año 1430 y, desde esta isla macaronésica, posteriormente llega a Canarias en torno a 1483, traída por orden del conquistador Pedro de Vera para cultivarla en Gran Canaria, isla que gobernaba en aquella época este individuo que se caracterizó por ser cruel con las personas más débiles.
Además del tráfico de esclavos, prácticas aberrantes e inhumanas que aún hoy desgraciadamente persisten, los conquistadores castellanos observaron el cultivo de cañaverales como un negocio de mucha rentabilidad para la exportación del azúcar, ante las demandas de la sociedad europea en su proceso cultural de refinamiento de los gustos y consumo alimenticio.
Recién ocupadas por la fuerza y dominadas las islas, la plantación de cañaverales y la exportación de azúcar, junto a la explotación de los montes, fueron de las primeras actividades económicas que introdujeron y aplicaron en las Islas Canarias los dirigentes e inversores del proceso colonizador.
Gran Canaria, La Gomera, La Palma y Tenerife han sido consideradas como las islas azucareras, lugares que facilitaban el desarrollo de las plantaciones dado que reunían condiciones naturales adecuadas para el cultivo. Esto es, lugares dónde existía buena climatología, fértil tierra, agua en abundancia y maderas y leñas de los montes cercanos. A su vez, también es relevante que esta actividad agrícola y comercial y la explotación de los recursos naturales influyeron en el repartimiento de tierras.
Por lo que concierne a los lugares dónde se realizaron plantaciones de caña y se construyeron “ingenios” (fuerza motriz hidráulica) y “trapiches” (movidos por tracción animal) en el complejo agroindustrial azucarero, existen referencias a que, hacia mediados del S. XVI, en Gran Canaria llegaron a funcionar 24 ingenios, los más antiguos emplazados en el Barranco de Guiniguada, y otros ubicados en Agaete, Agüimes, Ingenio, Moya, Telde, Arucas, Tirajana, Galdar, Firgas y Guía.
A su vez, en La Gomera existieron seis ingenios, localizados en Hermigua, Vallehermoso, Valle Gran Rey y Alojera; en La Palma existían cuatro ingenios, emplazados en San Andrés y Sauces, Argual y Tazacorte; y Tenerife contaba con ingenios en La Orotava, Los Realejos, Icod, Garachico, Taganana, Guimar y Adeje.
Estas actividades y complejos agroindustriales requerían de mucha cantidad de madera y leñas para su funcionamiento. En la construcción de los ingenios y trapiches se utilizaba madera de tea y “especies nobles” como el palo blanco y el barbuzano, y a su vez se necesitaba de mucha cantidad de leñas para alimentar el fuego de las calderas en el proceso de cocción y transformación de la caña en melaza y refinado del azúcar.
Tal era la cantidad de leñas que se requería, y los suculentos intereses económicos que estaban en juego para la clase dominante de aquellos tiempos, que en los aprovechamientos forestales se priorizaba la “conservación” del monte para el uso de la madera y leñas en los ingenios. En este sentido, un buen ejemplo se constata en “acuerdo” tomado en Concejo del Cabildo de Tenerife de fecha 4 de julio del año 1500, por el que el gobernador Alonso de Lugo ordena:
“Manda el señor Governador, con acuerdo de los señores del Cabildo, que mandan que todos los que fazen pez en Taoro, que se entiende de las syerra aguas vertientes hazia Taoro por el camino de las syerras que va a dar a Teyd(a) e por la misma lomada que va a Ycode fasta la mar, que ninguno sea osado de hacer pez, vecino ni morador estante ni abitantes desta isla, porque en perjuyzio de la tierra, porque aquello es para engaños de azúcar…” (Serra Rafols, 1996: 33).
Bien, llegados a este punto, se puede afirmar que el cultivo de la caña de azúcar y el uso de maderas y leñas en el proceso de obtención del azúcar, fueron actividades y factores muy influyentes para arrasar y acabar con las zonas de monte verde en Gran Canaria; y asimismo, para deteriorar y mermar la superficie de masa forestal en las islas de Gomera, Palma y Tenerife.
Por otra parte, con la llegada de los europeos a América la caña de azúcar fue allí introducida, dónde se expandió su cultivo y, posiblemente, su auge influyó en la decadencia del negocio y cultivo en Canarias; mientras, en épocas de crisis económicas y hambrunas en el archipiélago, las zafras de la caña fueron un ámbito atractivo para muchas personas de Canarias, que emigraron hacia aquellas tierras en busca de mejorar su vida y la de sus familiares.
A este respecto, se produjo una paradoja, o al menos dos situaciones hipotéticamente relacionadas, como otras tantas que pueden acontecer en la vida cotidiana; de una parte, con el decaimiento de los cultivos de la caña de azúcar y de los ingenios y trapiches en Canarias, se supone que debería haber mejorado la recuperación y expansión de los montes en las islas; pero, por otra, con el retorno de los “indianos” y sus ahorros ganados en las zafras de los cañaverales americanos, se roturaron nuevos terrenos afectando a zonas montuosas y a las masas forestales.
Fuentes:
– “Acuerdos del Cabildo de Tenerife, 1497-1507”; Serra Rafols; Instituto de Estudios Canarios, 1949, 1996.
– “Islas y Voces del Azúcar”; Viña Brito et al.; Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife, 2014.
– “Los montes de Tenerife a través de su historia”; Quirantes González et al.; Servicio de Publicaciones Universidad de La laguna, 2011.

