
Equipo de fútbol de Vallehermoso.
Aquí, ¿no somos once pa` once?, dijo Pablo en aquél cuarto dónde los jugadores se vestían con su uniforme deportivo antes de comenzar el partido de fútbol de aquella tarde de domingo de un año de principios de la década de los sesenta.
Cuando Pablo llegó aquella tarde al «vestuario», ya por la mañana había estado realizando una dura tarea de mucho esfuerzo físico como era la de cargar y «jarriar» cestos de uvas por un sinuoso y vertiginoso camino que transcurría por la empinada montaña de «El Valle», en el desempeño de sus obligaciones y labores agrícolas de la sociedad tradicional en la que vivía.
Después de los «acarretos» con las uvas, pasada la hora del almuerzo, Pablo junto a otros jóvenes, ilusionados en cumplir sus sueños para emular a sus ídolos deportivos del momento, se dispuso a ir caminando hasta «La Playa»; lugar dónde estaba situado el campo de fútbol «El Tarajal».
En La Playa, además de un ambiente festivo, Pablo esperaba encontrar un recinto deportivo a rebosar de espectadores; cuatrocientas o quinientas personas, no comparable con las decenas de miles que se reunían en un gran estadio, aunque, si emocionalmente similar en cuanto al divertimento que se disfrutaba con la práctica y el espectáculo del juego.
Junto a otras personas de diversas edades, en alegre paseo y algarabía, Pablo había caminado unos dos kilómetros por la carretera (de tierra) y había ido jugando y haciendo malabarismos con una pelota; incluso, en su afán de emular al rápido jugador del R. Madrid Amancio, calculó mal un cambio de ritmo y se había trastabillado, aterrizando con su cuerpo sobre la tierra pedregosa de la carretera, en un tremendo pencazo que le dejó las rodillas y los brazos como «el rosario de la aurora», de arañazos sangrantes.
Después, en aquél cuarto pequeño utilizado como vestuario, aún condicionado por las situaciones y hechos vividos durante el día, «contra viento y marea», allí estaba Pablo junto a sus compañeros de equipo, y al observar y escuchar el miedo y temor que algunos de los jugadores expresaban ante el supuesto potencial de equipo contrario, dijo aquella frase que tanto impactó y quedó prendida en la memoria de muchos jóvenes deportistas de generaciones futuras: aquí ¿no somos once pa` once?.
Animando de esta forma a sus compañeros y llamando la atención sobre ¿quién dijo miedo?, mientras apelaba a la valentía para afrontar con honor y buen desempeño deportivo aquél partido que se preveía tan difícil de jugar.
