El Camino de Los Guanches, se encuentra en Vallehermoso, La Gomera. Si se quiere disfrutar de una caminata agradable y deportiva, hay que tomarlo en las cercanías de la placita de S. Pedro, en El Vallebajo, concretamente en «La Palma Quemada».
Después de subir durante una media hora, pasito a pasito para ir calentando las piernas, llegamos a «Lomolviejo». Sabemos que estamos en ese lugar porque existen allí unas rocas en forma de asientos y se ve La Playa de Vallehermoso. Es un lugar donde existe un «descansadero» en el camino.
Lomolviejo, así lo pronuncian los vecinos, todo seguido y junto; vaya usted a saber los motivos para llamarlo así. Quizás, porque la estancia tranquila en ese lugar puede hacer a uno viejo, si se duerme en el gozo y no se retoma la marcha.
El caso es que Lomolviejo es un lugar especial y mágico. Si se llega allí después de subir el camino, se encuentra la brisa marina que refresca y ayuda a recuperar el aliento. Si se llega bajando, el impulso inmediato es sentarse a contemplar la magnífica visión que observamos.
Posiblemente, cuando se pase un ratito en ese ámbito mágico de la montaña, después de recorrer visualmente cada rincón de “El Valle”, la intención intuitiva será que miremos hacia el “Roque Cano”, enfrente, y con ello se desbocará la dialéctica de la imaginación.

Desde Lomolviejo tenemos una visión especial del “Roque Cano”.
A priori, la observación puede hacer surgir la especulación de que el nombre Roque Cano puede tener su fundamento en el color blanquecino de los líquenes que crecen en su cara norte, alimentada por la frescura de los vientos alisios. Por las tardes, observado desde determinados lugares, el reflejo del sol poniente hace brillar al roque y le produce esa característica blanquecina de las canas. A su vez, es probable otra interpretación especulativa relacionada con las “canas” del roque, ocasionadas por las nubes blancas del alisio que durante muchos días lo coronan.
Ahora bien, estudiosos de la historia de Canarias (Álvarez, en Serra Rafols, 1944) ofrecen su versión académica sobre la relación entre el vocablo «agán» y «roque», que a su vez conllevaría la denominación «Agana» nombre dado por los aborígenes a Vallehermoso.
Si se observa desde el fondo del valle, dependiendo del lugar que lo miremos, “El Roque” tiene imágenes diferentes. Jacinto Terry, en un artículo publicado en 1908 en el diario «El Progreso», lo describía de esta forma:
«Ya de tarde disponemos el regreso hacia el pueblo. Monto en una yegua, dócil y obediente como dicen los Santos Padres de la Iglesia que debiéramos ser todos los hombres, y desde la playa hasta el pueblo, unos cuatro kilómetros, no quito la mirada del Roque de Vallehermoso, fantástico guardián de estos barrancos, admirable porque no presenta siempre la misma forma, digno de observación porque su estructura varía á cada instante, sublime porque su poliforme configuración nos hace sentir distintas emociones, grandioso porque á cada cien pasos nos enseña faces diversas… Si al Roque se le pudiese dar vida y vestirlo con levita y sombrero de copa no tendría precio para desempeñar una cartera ministerial».
Jacinto Terry, al parecer, era el seudónimo con el que firmaba Joaquín Fernández Pajares, periodista que trabajo en varios periódicos de Tenerife a principios del siglo XX; por ejemplo, fue jefe de redacción de “La Prensa”, editada por Leoncio Rodríguez.
Para el Sr. Jacinto Terry, “El Roque” daba el prototipo de un ministro con cartera, entiendo que con las consecuencias de poder y dominación que acarreaba tal cargo por aquellos tiempos, y también actualmente. Ahora bien, desde Lomolviejo, la dialéctica visual con El Roque es de frente y el trato es de un respetuoso «tu a tu».
Si desde el fondo del valle se observa y siente que El Roque «es un buda» que irradia protección, benevolencia y sabiduría natural, cuando se está en «Lomolviejo» se siente confianza y se comparte con el rocoso y firme «buda», sueños, inquietudes, sensaciones, y sobre todo mucha paz, espiritualidad y tranquilidad que reconforta el alma. En ese lugar se puede uno pasar horas, sólo o bien acompañado.
Ahora bien, si se desea seguir hacia “Los Guanches”, hay que mover el culo y dejar de amolar los asientos para tomar la suave pendiente del camino hacia “Los Chiquerillos”, recodo en el camino, por el que entraremos en el territorio de Los Guanches, lugar de paz y tranquilidad, dónde no hace muchos años se producía uno de los mostos mejores de Canarias (variedad autóctona «forastera»), hoy abandonadas las vides dado el gran sacrificio que significaban las labores y mantenimiento de este cultivo en tan recóndito y alejado lugar de las zonas urbanas.
Transitando por el sendero de este valle de Los Guanches, llegado al «Risco de Los Guanches», se puede subir por el «Lomo de S. Juan», y arriba, o bien tomar a la izquierda por el sendero que lleva hacia «Santa Clara», desde dónde se puede regresar a Vallehermoso (por Teselinte), o seguir hacia «Arguamul», «Tazo» y «Epina»; o bien tomar a la derecha para seguir hacia Chijeré y bajar desde «La Punta de Alcalá» hacia «La Playa» de Vallehermoso.
